A veces, las circunstancias resultan proponiendo definiciones contundentes, para aquello que ha permanecido en suspenso. Por algún tiempo Flora, esperó aclarar decisiones frente a la encrucijada, en la que se encontró. Ella caminando en medio de sus días, se sumergió, por asuntos del caos, en ese tipo de dilemas en el que hay más de un camino, por el cual se puede continuar.

Pocas veces sucede esta suerte; una cosa es pensar posibles caminos, que se anhelan; otra, es su presencia real y múltiple, delante nuestro.

Uno de esos caminos, le llenaban de gran expectativa, pues nunca lo había andado. En realidad al pensarlo bien, Flora supo que aún cuando en las encrucijadas, todos los caminos son nuevos; en su caso, había uno, que era no solo nuevo, sino diferente, a lo que ella había andado antes.

El segundo CAMINO, aunque había sido su inicial apuesta; ahora después de todo, redundaba solo, en ser una posibilidad vaga, incierta, curiosa, contingente y tal vez, hasta útil.

Finalmente el tercero; éste implicaba de alguna manera volver atrás, pero con una maleta de certezas ganadas, en los peñascos que había andado, durante el tiempo que llevaba dándole vueltas y vueltas, a la encrucijada; como quien anda, en ese hermoso desierto, dándo vueltas al Gran Cañón del Colorado

Con análisis de ataque de torero, antes de envestir al toro, Flora encontraba aristas y aristas, que no le permitían dar pasos resolutorios.

¿Qué haría, FLORA? Pasaban los días, y las situaciones de la vida no se estabilizaban. Lo que parecía no ser, de repente soprendía, como algo que podría ser; lo que siempre era, de repente se esfumaba; lo que decidía un día, a los pocos días, lo dudaba. Lo que dudaba; una mañana se le presentaba como una motivación vigente.

Era realmente un caos; su única certeza, era el inconfundible descanso, de saberse incapaz de conocer todo; el no saber qué hacer, le impedía, al mirar al cielo, saber qué pedir; por lo que descansó en no saber, y esperó.

Sabía que ella no era la guionista de su vida, que gracias al cielo, había algo más allá que su propio gobierno existencial, en lo que ella definitivamente creía; esa presencia que ordena todo, fuerza vital que circula en medio de los avatares, que acompaña cada paso; se le puede entregar a esta maravillosa Vida Divina, el ruego de rescatar la soberanía, sobre las letras de la historia.

Por lo tanto Flora, no creía en eso, de que cada quien se labra su destino; saltaba a la vista que muchos eran esclavos, de las decisiones de otros, que los determinaron. Creía que en cuanto a las posibilidades humanas, pocas veces había elección; pero en cuanto a Dios, qué maravilla!!, un campo infinito de posibilidades.

Flora entendió por esos días, que los presupuestos desde dónde pretendía tomar sus decisiones, estaban invadidos de ciertos temores, rencores encubiertos de nuevos amores, anhelos inconcientes de dominar las definiciones de su vida, expectativas vacías en medio de poetas cobardes… con el perdón de los poetas, claro!!; sombras que no le permitían dilucidar su inocente arrogancia, de intentar ver más allá. Como si la hormiga pretendiera, creer conocer su camino, sin alcanzar a ver todo el mapa del terreno por el que se mueve, ni siquiera lo ve parcialmente, solo ve un punto; aun así, inocentemente cree dominarlo, aun cuando tan solo el movimiento de un dedo humano, le puede alterar todo su pretendido saber.

Para Flora, las variables, las sombras, eran el punto que la hormiga conoce, creyendo que es todo.

No había mucho qué pensar, pues en la última circunstancia extrema; ella notó que su interior eligió, a costa de su razonamiento.

El primer CAMINO, el de lo diferente; parecía ya consumado, no siempre lo que se anhela, es lo que concierne al cielo. El segundo camino, el de aquello que era solo posible; quedaría guardado para la inspiración de sus escritos; o tal vez para el otoño... si llegaba el otoño. Tendría que dejar de ser solo útil, para alguien que con cierta inocencia, la utilizaba, más no la necesitaba.

Queda al parecer, entonces, solo un camino.

En esos días, se reconoció frente al espejo, como quien despierta del letargo; con lágrimas, supo que necesitaba perdonar a Samuel. Requería no esperar ya de él un cambio de armadura, o mejor aún, la renuncia a resguardarse en ella. Finalmente quería pensar, que los refugios de Samuel, no dependían ya de sus esfuerzos amorosos; tal vez ahora, anhelaba más de lo presupuestado, intentar volver a amarlo, sabiendo que nunca dejó de hacerlo; sabiendo esta vez que en vez, de intentar empoderarse en el control, como respuesta al temor, trataría de negociar la única posibilidad al amar: la de no recibir nada a cambio. Negociación que tendría que esgrimir, más que con alguien, con ella misma.

¿Cómo sería esto, cuando el amar, está tan amarrado a lo que esperamos, como ingredientes añadidos para ser feliz?.. Pues, tal vez hasta ahora, aprendería por fin, lo que es amar. Flora ahora, volvía a encontrarse con la felicidad, de no tenerlo todo; tenía que elegir.

Sentía, la profunda convicción de entender, que cuidar a alguien, es una manera legítima de amar. La extraña necesidad de abrazarse al de siempre, volviendo a desbalancear toda su economía vital; ahora reconciliada, con el permiso propio, de que está bien hacerlo. La confusa certidumbre, de que el tiempo de espera, para que lo nuevo decida amar, terminó.

A veces, llegan circunstancias, que se imponen con tal claridad; que el ser interior, considera todas las dudas, como un juego de fantasías, sin sentido. Hay un sentido que se impone, dar la vida por los que se ama; ahora Flora sabía, que si iba a dar la suya por Samuel, tendría que ser de manera feliz, es la única que vale.

Sin reproches, sin cuestionamientos, sin exigencias, sin el desgaste de intentar inspirar, una y otra vez, que él abandone sus propias zancadillas. Sin deudas, sin mediciones, sin resentimientos; más bien, con algo que ella sabía muy bien, sonreir al intentar, y saberse juntos. Eso era lo importante.

FLORA inició el camino de perdonar a SAMUEL, al perdonarlo su mirada volvió a ver las cosas claras; para su sorpresa, también ella debía ser perdonada.

Gran Cañón

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