Cuando presentimos el final, antes de partir al combate, el soldado besa la foto de sus seres queridos, y un profundo temor lo acecha, el hielo toma prisioneros sus huesos y la posible muerte libera la soledad de su alma.

Cuando presentimos el final, una misteriosa energía se apodera de nosotros, llevándonos por tiempos y espacios indeterminados de no sentir nada.

Cuando presentimos el final, el pasado cobra vigencia como una película que se nos repite a diario, el presente se duerme y el futuro no existe.

Cuando presentimos el final, el afán por terminar lo interminable acorta el calendario de vida, marchamos en silencio por el camino que no conduce a ninguna parte.

Cuando presentimos el final nuestros padres muertos cobran vida, con sus tiernas sonrisas arropan nuestra soledad y el sol brilla de nuevo.

Cuando presentimos el final, los momentos felices son demasiado cortos y las tristezas eternas, un limbo silencioso nos atrae con arrasadora fuerza.

Cuando presentimos el final, los sueños desaparecen y la realidad amenaza con lanzarnos al precipicio de la desconcertante nada, la lluvia llena el estanque, pero nadie bebe su agua.

Cuando presentimos el final, el otro lado se presiente y la resignación se vuelve compañera fiel, la inaplazable despedida se niega al discurso celebre, porque ya nada tiene importancia.

Cuando presentimos el final, los balances de la vida están a disposición de nuestro revisor fiscal interno, a la espera de su juzgamiento con rigor, para emisión del sello de aprobación o desaprobación, que aminore nuestro temor.

Cuando presentimos el final, somos sombra errante que vaga sin espacio y tiempo, quizás ya no estamos, pero no lo sabemos, dormidos permanecemos y ninguna alma caritativa se atreve a despertarnos.

Cuando presentimos el final, nuestro pasaje de ida sin regreso está próximo a emitirse, el vehículo de lo indeterminado ya está construido y el viaje a la inmensidad es un hecho.

Cuando presentimos el final, nuestra alma se apacigua y todo a nuestro alrededor se inmaterializa, el llanto y la risa no tienen cabida, sólo el silencio es permitido.

Cuando presentimos el final, el niño aparece con su cometa muy alta, el joven al otro lado la espera, y el mayor no participa, sólo observa.

Cuando presentimos el final, nuestros oídos no escuchan, nuestros ojos no ven, nuestro corazón no late, la imagen del médico firmando nuestro certificado de defunción, se hace presente en toda su majestuosidad.

Cuando presentimos el final, el inicio y el final de nuestra comedia teatral ya no tienen importancia, los aplausos del público ya no se perciben, estamos ya muy lejos.

Cuando presentimos el final, el jardín marchito está, el ambiente brumoso adorna el paisaje, pasajeros lúgubres caminan sin andar, el silencio eterno lo invade todo.

Cuando presentimos el final, esperamos la presencia de dios y una leve sonrisa libera el alma de la cárcel del temor, ya estamos preparados, la graduación final nos espera y la tranquilidad nos acompaña.

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