¿Es la filosofía un saber inútil?

Bertrand Russel, en su libro Los problemas de la filosofía, escribió: «El hombre que no tiene ningún barniz de filosofía, va por la vida prisionero de los prejuicios que derivan del sentido común, de las creencias habituales en su tiempo y en su país, y de las que se han desarrollado en su espíritu sin la cooperación ni el consentimiento deliberado de su razón. Para este hombre el mundo tiende a hacerse preciso, definido, obvio». En este sentido, más que indagar en su utilidad, podríamos decir que la filosofía libera, y conduce al individuo a una visión del mundo no tergiversada, tambaleante quizá, e insegura. Un filósofo nunca está seguro de lo que ve, de lo que cree o lo que le dicen; y probablemente esta es la razón por la que se ha perdido el interés de enseñar filosofía en las instituciones educativas. Aunque, si diseccionamos una respuesta desde el sentido utilitario de la sociedad industrializada y práctica en la que vivimos, el acto de filosofar sería entonces una acción no productiva, y por lo tanto, inútil.

El filósofo en la sociedad.

Hoy en día se puede hacer esbozo de algún gran pensador del pasado, y cualquiera estaría de acuerdo en que han sido grandes genios. Sin embargo, la mayoría de estos filósofos eran sometidos a prejuicios y rechazos por parte de sus contemporáneos, y aunque tal vez no nos demos cuenta, el filósofo de hoy es igualmente víctima de verdugos de la sociedad como aquellos lo fueron.

¿Por qué?

Aquí entramos en aguas profundas. Como bien dice Russel, quien no filosofa "...va por la vida prisionero (...) de las creencias habituales en su tiempo y en su país"; el filósofo es visto, con frecuencia, con ojos de extrañeza, se le escucha con una sensación de propia cordura, porque sólo un loco se atreve a entrar en conflicto con todo lo que se le plantea. Y eso es un filósofo. El filósofo nunca da por absoluta una respuesta; no se conforma, quiere llegar al fondo, y por lo tanto, siempre lo escucharás preguntando: "¿por qué?" No puede recibir una enseñanza o una indicación sin inmutarse, necesita razones, busca el sentido de todo, y por esta razón, entra en conflicto con cualquier proposición; no puede creerle a un profesor nada más por serlo, siempre intentará cuestionar y entrar en diálogo con el divulgador de la idea. Imagínate que eres un estudiante de secundaria, moléstate en recuperar esa ingenuidad y maldad de la edad adolescente; entonces, en el primer día de clases, te entregan un reglamento y te indican qué normas debes seguir. Entonces, tu compañero de la derecha levanta la mano, y pregunta muy tranquilamente: "¿por qué no puedo salir al baño sin el permiso del profesor?" ¿Qué pensarías? Entonces el divulgador le indica que el maestro es la autoridad y debe poner cierto orden. Tu compañerito, aún inconforme, le suelta otra pregunta descarada: "¿por qué debe haber cierto orden?" Y así, el muchachito va soltando pregunta tras pregunta, no por maleducado, sino por el simple deseo de comprender. Y sin duda, esta persona puede llegar a ser molesta, ¿o no? Este ejemplo puede ser un poco burdo, pero imagínate esa misma persona en cualquier ámbito, a la hora de hablarle de tus creencias, de un valor que te enseñó tu papá, cualquiera; de este modo, el filósofo es mal visto por su naturaleza. Una persona que se desenvuelve comúnmente en la sociedad busca la seguridad y la tranquilidad, un pilar actitudinal, pero el filósofo siempre toma esos pilares y los desmenuza, ladrillo tras ladrillo, buscando comprensión y razón.

¿Para qué sirve la filosofía?

Pablo Neruda tiene un libro llamado El libro de las preguntas, de donde extraigo y te propongo la siguiente: «¿La verdad verde o el decoro?» ¿Tú qué prefieres? ¿Saber la verdad, aunque llegue a ser angustiante, o ir por ahí con ideas amables pero falaces? La filosofía va siempre en busca de la verdad, y aunque hay pensadores y doctrinas que aseguran que no se puede llegar a la verdad total de las cosas, este acto indagador prefiere vivir en la no-certeza, en el absurdo a veces, que en doctrinas totalitarias sin sentido, pues ese absurdo tiende más a la verdad. La filosofía es, pues, apta sólo para aquellos que no se conforman con interpretaciones bonitas, intencionadas para el orden y la paz interior; que se abruman y maravillan por el hecho de existir. Si no te surge un sentimiento intuitivo de saber lo que hay detrás del telón, si sólo ves en la existencia la necesidad de vivir plenamente y feliz, si sientes aversión a la preocupación, quizás no sea para tí, y esto no tiene por qué ser malo.

Conclusión.

Las matemáticas, las ciencias y el conocimiento en general tienen origen en la filosofía. Ésta ha sido siempre útil, para conocer el mundo y al hombre. La psicología, la literatura, la política, e incluso las ingenierías existen gracias a esta doctrina. En nuestro afán por conocer lo que nos rodea, por saber las razones por las cuales las cosas funcionan como lo hacen, hemos aprendido a manipular y favorecernos de lo que conocemos, y la filosofía es la máxima representación de este deseo humano, ese deseo de ver las cosas objetivamente, aunque sea por medio de la subjetividad.

Entonces, concluyo, desde la subjetividad: la filosofía no tiene por qué ser útil, pero es esencial para aquellos que tienen el deber, o el deseo, de hablar en nombre de la verdad. Pero de este modo, pretendamos no simular que tenemos la razón, seamos filósofos o no, y si nos conformamos con la existencia placentera, actuando con aversión a todo lo angustiante y/o planteamientos contrarios a los propios, por el simple hecho de serlo, seamos conscientes del error.

Si te interesa.

Si este tema te interesa, extraje un fragmento de un libro muy conocido llamado El mundo de Sofía, con la intención de recalcar la postura del filósofo. Dice así:

«Imagínate que un día estás de paseo por el bosque. De pronto
descubres una pequeña nave espacial en el sendero delante de ti.
De la nave espacial sale un pequeño marciano que se queda
parado, mirándote fríamente.
¿Qué habrías pensado tú en un caso así? Bueno, eso no importa,
¿pero se te ha ocurrido alguna vez pensar que tu misma eres una
marciana?
Es cierto que no es muy probable que te vayas a topar con un ser
de otro planeta. Ni siquiera sabemos si hay vida en otros
planetas. Pero puede ocurrir que te topes contigo misma. Puede
que de pronto un día te detengas, y te veas de una manera
completamente nueva. Quizás ocurra precisamente durante un
paseo por el bosque.
Soy un ser extraño, pensarás. Soy un animal misterioso.
Es como si te despertaras de un larguísimo sueño, como la Bella
Durmiente. ¿Quién soy?, te preguntarás. Sabes que gateas por un
planeta en el universo. ¿Pero qué es el universo?
Si llegas a descubrirte a ti misma de ese modo, habrás
descubierto algo igual de misterioso que aquel marciano que
mencionamos hace un momento. No sólo has visto un ser del
espacio, sino que sientes desde dentro que tú misma eres un ser
tan misterioso como aquél.» El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder.

Obra realizada por el pintor simbolista Gustav Klimt. Titulada «Filosofía», y destruida en 1945

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