No hay nada mejor para que un negocio levante cabeza que encontrar la filosofía de la administración de empresas ideal, cosa que no se suele conseguir en un primer intento. Mi amigo Alejandro necesitó varios intentos para acertar. No era fácil. La suya es una empresa que hace pequeños préstamos a gente necesitada.

Alejandro no le presta su dinero a cualquiera. Busca clientes pobres, pero solventes. Por eso la filosofía de la administración de su negocio tenía que primar la eficiencia. No valía ser caritativo, como fue en un principio. Apiadarse del personal lo llevó a unos números rojos de los que le costó salir.

Por eso optó por mirar los balances de los pequeños negocios que les financia a sus clientes. Alejandro presta dinero para abrir una pequeña tienda de ropa, una frutería o pagar el traspaso de un puesto en un mercado de abastos en el que alguna mujer con el marido en paro quiere ganarse la vida. Suele prestar dinero a mujeres. Dice que son más pagadoras.

Mi amigo es un experto en administración de empresas desde niño. Recuerdo cuando regentaba un puesto de quita y pon en la acera de nuestra calle los domingos, justo delante de la iglesia del barrio. Los padres y madres que iban a la misa del domingo con sus hijos le compraban a Alejandro chuches para sus críos. Alejandro compraba los caramelos en el supermercado y los vendía con más del 50% de beneficio.

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