Por: Adriana Carrillo Silva

Entre el 23 y el 27 de septiembre, Barranquilla tuvo su fiesta de las palabras. Con su segunda versión, Poemarío dejó claras dos cosas: su decisión rotunda de permanecer, pese a la indeferencia y la falta de apoyo de las instituciones de la ciudad, y su intención abarcadora y visionaria. Si bien hablamos de un festival joven, no es posible decir que no hay detrás la dosis justa de experiencia y sensibilidad. Es cierto que la falta de presupuesto ha provocado fallas lamentables en la celebración, como el hecho de tener que prescindir de algunos invitados internacionales ya programados, por la falta de compromiso de algunas entidades; pero Poemarío tiene la buena suerte de haber sido concebido desde las ideas y, como lo dijo Aníbal Tobón, uno de sus organizadores junto al poeta, ensayista y gestor cultural, Miguel Iriarte, con la certeza de que la poesía responde a los derechos humanos del corazón (el año pasado el lema era «a más poesía, menos policía»). Hay, sobre todo, convicción por el arte y el oficio.

Poemarío nace como necesidad. Su existencia era inminente, a sabiendas de que esta ciudad ha mantenido, por largo tiempo, una íntima relación con la poesía: en el sentido del público que aunque no muy numeroso, ha permanecido fiel y ha sido abierto, receptivo y creciente. El festival ha sido cercano, y hace que se sienta un ambiente de caras conocidas. Y la cercanía es también de los poetas. Entre ellos y con el público, que al escucharlos varias veces pudo acercarse a sus terrenos más íntimos. Porque la poesía, honesta como es, crea lazos. Con el pasar de los días, la gente iba reconociendo a sus favoritos y se permitía escucharlos en otros escenarios.

Si bien hacer un festival de poesía es ya un acto revolucionario (con todas las pretensiones con las que ha venido Poemarío), no lo es menos el hecho de buscar la identidad Caribe a través de él. Con los invitados, es un concepto que se viene clarificando. No somos sólo nosotros, la costa caribe colombiana, sino que compartimos el apelativo con una extendida región geográfica, con la que además compartimos infinidad de rasgos comunes. Sin embargo, el festival ha abierto las puertas a otras poesías, de otros mares y ríos, siempre con un criterio arriesgado. En esta ocasión, el invitado a nivel internacional fue Jean Dany Joachim, de Haití, que encantó por su nobleza y por sus célebres poemas, de gran acogida, como «La camisa blanca» o «El negrito del batey», una clara evidencia de la alegría que causa encontrar hermanos de otros límites y descubrirse marcas de familia. Y así, Magdalena, Córdoba, Meta, Valle del Cauca, Guajira, Bolívar, Sucre, Santander, Cesar y el Atlántico, integraron la única región de la poesía. En total, más de 40 poetas en más de 10 espacios diferentes ofreciendo recitales a públicos, para los que, en ciertas ocasiones, un recital de poesía les era completamente desconocido.

Esta vez, el homenaje obligado fue a Meira Delmar, a la que Miguel Iriarte dedicó un hermoso escrito durante el evento inaugural en la plaza de la Aduana. Texto que tendría que hacerse circular a viva voz, por ser, al igual que con la dedicación del festival pasado a Jorge Artel, una reivindicación a los íconos de la poesía del Caribe y su valor real, así como una punzada crítica, pero estimulante, hacia un compromiso mayúsculo con la vida y la poesía.

Poemarío queda con algunas deudas: más poesía cerca del río y del mar, más riesgos (aunque los que ha corrido no han sido pocos) y el afianzamiento del compromiso continuo con la ciudad, que está y que no puede descuidarse. La suerte es saber que la organización tiene plena conciencia de ello. Tal vez uno de los referentes más determinantes es el Festival Internacional de Poesía de Medellín, que tiene un claro compromiso con el arte y la realidad, que Poemarío comparte. Es una fortuna para Barranquilla contar con un festival como éste, valiente y humanista, que buscará siempre revisarse, pues son los festivales culturales la vitamina progresista de las ciudades. Larga vida a nuestro festival internacional de poesía.

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