No creo haya mejor definición del tema que en Hebreos 11... Hace 35 años tuve una experiencia muy positiva, en ese respecto, aunque no supe interpretarla para los que fuimos testigos. Éramos varios niños que deseábamos entrar a un parque de atracciones mecánicas y no teníamos dinero. Se me ocurrió la idea de decirles: “¡Pidámosle a Dios! Quizá nos dé dinero para poder gastarlo”.

En efecto, camino al parque, unas pocas cuadras, nos fuimos encontrando unas monedas y las mismas alcanzaron para que todos participáramos en esa diversión… Lo que lamento, muchas veces, es que no dí crédito a Dios en ese momento pues, al encontrar el primer par de monedas, de inmediato me atacó una clase de amnesia y les dije: “Debe ser que se le cayeron a un borracho”.  ¡Torpe de mí! ¿a qué hombre se le cae el dinero de forma tan sistemática? Encontrábamos un poco aquí, y un poco allá, como si fueran hogazas de pan en el camino, y las mismas se repitieron en un trayecto de 100 metros. Para explicármelo, porque al parecer esperaba un billete o un cheque con la firma del emisor,  dije tamaña mentira. En todo caso, lo peor pudo haber sido que alguno oyera nuestra oración de ese día y, a fin de cuentas, quiso gastarnos una broma (pero resulto hacer la voluntad de Dios para bendecirnos).

Esa oración fue respondida, muy positivamente. Sin embargo, no comprendiendo los principios que hacen que la fe sea palpable; hace unos 30 años tuve un caso de fe, pero aplicado en lo negativo. Mi hno Abraham me había convencido de ir con él de campamento al parque nacional “El Ávila”. Era la primera vez y, durante el viaje comencé a tener muy males ideas respecto a su persona. Eran prejuicios que ignoro de dónde saltaron, pero los creía, los consideraba y, cuando se dañó el primer bus, lo asumí como “confirmación”, como una “señal”; así que seguí creyendo cosas muy malas y negativas que pensaba de mi hermano, a lo largo de una hora de viaje automotor.

-¡Increíble! No entiendo cómo se reventó el cardán de este bus.

Me hizo la pregunta, pero no respondí y, si lo hice no le confesé nada, sino que seguía con mis raras ideas y prejuicios.

Nos cambiamos de bus al momento en que llegara otro, para auxiliarnos.

-¡Pow!

-¡Carajo! –gritaron varios.

-¡Damas y caballeros! Me tendrán que disculpar y bajar del autobús. El caucho que se reventó no lo puedo reparar, así que esperaremos otro transporte para que sigan su viaje.

Introspectivamente meditaba en esa segunda “señal”. Algunas cosas que había dicho mi hermano las exageraba y se hicieron una avalancha de ideas equivocadas y funestas.

-¿Qué te pasa que ya no hablas? –me preguntó.

Como no soy hermético, comencé a decirle y contarle…

-¡Coño! ¡Con razón esto nos está pasando! Eso no es cierto…

Arreglamos las diferencias, aclaré mis malinterpretaciones (hubo perdón) y el viaje comenzó bien, a partir de ese momento (aunque hubo cosas que, al final, me mostraron que mi error era de un 10% y nunca más salimos juntos de campamento). ¿Cómo es que uno se polariza con “verdades” que no lo son y mueve el cosmos en otra dirección?

Cito esos dos casos de “milagros”, de ejercicios de la fe: Una en el ámbito positivo y otro en el margen negativo. ¿Cómo me explico que la certeza, la convicción, de alguna manera funcionen?

No puedo llegar a verbalizar ese concepto mejor que el autor de HEBREOS, pero sé que es cierto: De mí depende lo que creo y se crea (la fe es creativa, es activa. De mí depende lo que haga, para bien o para mal).

Invito a la gente a canalizar esas energías. La idea es que se ejerciten en esa forma de entrenamiento espiritual que puede volverse un arte y, para cada uno de Uds, deseo el mejor resultado positivo. Creer genera un poder, en todo ámbito, a cualquier lado vertical / horizontal. ¡Sáquele provecho!

 

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