A comienzos del siglo XX no se podía entender el deporte del “foot-ball” en Barcelona sin la presencia de un equipo de jóvenes deportistas llamado FC Escocés. Sólo existió durante el año 1900 pero sus hazañas fueron ampliamente glosadas por la prensa del momento. Aquel equipo contaba con destacados talentos como Geordie Girvan, John Hamilton o David Mauchan que poco tiempo después se iban a convertir en jugadores del Fútbol Club Barcelona. El club se fundó como FC Sant Andreu pero rápidamente cambió su nombre por el origen de sus integrantes. Como FC Escocés disputaron su primer encuentro un 2 de febrero de 1900 ante el Fútbol Club Barcelona. El equipo azulgrana ganó por 2-0 y terminó integrando entre sus socios a los tres jugadores anteriormente referidos.

Geordie Girvan fue el primer goleador en encuentro oficial con el Fútbol Club Barcelona en el encuentro de la Copa Macaya el 20 de enero de 1901. Durante su estancia en Barcelona jugó en el FC Escocés, el Hispania y en el Fútbol Club Barcelona. Jugó durante sus partidos como blaugrana de interior izquierdo y como defensa tanto izquierdo como derecho. Se situaba en la posición que consideraba más necesaria para el equipo al ser uno de los pocos jugadores que dominaban los conceptos del juego. Disputó 8 partidos en el Barcelona en los que marcó 2 goles. Vivió en España porque trabajaba en la Industria textil. Con el tiempo, Girvan fue ascendiendo económica y socialemente hasta llegar a ser Alcalde de Newmilns, su localidad natal y Secretario del sindicato escocés de la industria textil. Se refería con cariño al incipiente fútbol de la Barcelona de principios de siglo. Hablaba de la inocencia y de lo naive de un deporte casi desconocido para muchos de los que lo practicaban. En 1957, Geordie estaba en Hampden Park viendo un encuentro entre Escocia y España que vencieron los españoles por 2-4. Al finalizar el partido, el antiguo jugador del Barça espetó la siguiente sentencia “supongo que yo contribuí a enseñarles a jugar y a hacer faltas”.

John Hamilton era la referencia y jugador fundamental del FC Escocés. En ese equipo era el portero, capitán y además árbitro de muchos encuentros. Jugó 4 partidos de la temporada 1904-05 con el Barça, dos de ellos de la Copa de Catalunya. Sin embargo, jugó como defensa derecho ya que el equipo ya contaba con un portero en buena forma como era Josep Soler. Logró la Copa de Catalunya aquel año como barcelonista. Fue un hombre importante para el deporte de la ciudad, convirtiéndose en el primer presidente del Colegio de Arbitros de Barcelona. También jugó con el Hispania con el que ganó una Copa Macaya.

El tercer escocés en discordia era David Mauchan. Se trataba de uno de los jugadores más importantes del FC Escocés y posteriormente del Fútbol Club Barcelona. Con el equipo azulgrana llegó a jugar como defensa y como extremo izquierdo. Tenía gran fuerza y destreza con el balón sobre todo si se compara con los jóvenes aprendices barceloneses de la época. En esa temporada jugó 7 partidos en los que marcó 2 goles. Su afición por el fútbol era enorme y además de jugador fue árbitro y posteriormente junto a su hermano fundó el Júpiter en 1909. Ambos hermanos trabajaban en una fábrica del Poble Nou y fundaron un nuevo equipo a partir de la fusión de otros dos preexistentes en ese barrio: el Anglo-Español y el Stadium Nacional. El nombre del club lo eligieron usando el nombre del globo ganador de un concurso que se hizo en la Playa de la Mar Bella.

A este trío escocés se añadió una un terceto de hermanos que se habían hecho famosos en los partidos no reglados que se jugaban a finales del siglo XIX en el Velódromo de la Bonanova. Eran los Morris, una dinastía comparable con la de los Gonzalvo en los años cincuenta. El mayor de los tres era Samuel, un magnífico guardameta. Destacaba por su tranquilidad bajo los palos y sus grandes reflejos. Conocido popularmente como Sam, a finales del siglo XIX era un destacado jugador en los partidos que se jugaban en la Bonanova y gran goleador en los amistosos jugados entre 1895 y 1898.  Con los años fue cambiando su rol sobre el terreno de juego para terminar como cancerbero, llamados en aquel tiempo “goalkeepers”, anglicismo derivado del origen del deporte. Jugó en el Hispania y en el Fútbol Club Barcelona con el que tan sólo jugó 3 partidos ya que dejó el juego en 1903 al contar ya con 35 años. Él y sus hermanos vivieron en Barcelona ya que su padre Samuel James Morris era el director gerente de la Compañía anónima de Tranvías de Barcelona. El mediano de los hermanos era Henry y probablemente el más dotado para el fútbol. Solía jugar como delantero, especialmente como extremo derecho o interior izquierdo y que destacó por su velocidad y manejo del balón en los albores del fútbol catalán. Antes de jugar en el Fútbol Club Barcelona jugó a finales del siglo XIX y principios del XX en el Hispania hasta que llegó al equipo azulgrana en 1901. Disputó 29 partidos como jugador barcelonista en los que consiguió 2 goles. El menor de la dinastía era James, un enérgico “half”. Tenía una gran polivalencia y mo sus hermanos comenzó jugando en el Hispania y posteriormente en el Fútbol Club Barcelona. Como mediocentro demostraba su gran manejo del esférico y según cuentan los críticos de la época hacía un juego admirable. Como barcelonista llegó a jugar 32 partidos en los que jugó 34 partidos en los que no logró marcar.

A finales de la primera década del siglo XX llegó al equipo azulgrana un gran delantero que fue el precursor del gran Pattullo. Se trataba de William White, un futbolista que había comenzado su trayectoria futbolística en el FC Catalá en el que actuaba como interior y destacaba por su disparo y su facilidad goleadora. Formó parte del equipo del Fútbol Club Barcelona durante la temporada 1908-09 en la que disputó 12 partidos y marcó 3 goles. Pero como comentábamos anteriormente, el primer gran delantero de la historia del club llegó de casualidad al club azulgrana. Se trataba de un espigado muchacho apasionado por el tenis llamado John Pattullo. El misterio sobre este jugador es tan grande como su calidad como futbolista. Hasta su nombre genera debate en la historiografía relativa al club blaugrana. Mientras los libros de historia del club lo llaman John, la prensa de la época se refieren a él como George, Georges e incluso como Jorge. Fue un formidable jugador de gran corpulencia, en torno al 1,86, y un goleador magnífico tanto con los pies como con la cabeza. Eran famosas sus corajudas entradas al área con enorme determinación que terminaban en tremendos potentísimos a portería. Es uno de los jugadores con mejor promedio goleador en la historia del Barça ya que consiguió 42 goles en 23 partidos, algo inusual incluso en aquella época. Sin embargo, no era un deportista excesivamente interesado en el fútbol ya que su pasión era el tenis. De hecho se perdía partidos importantes porque le coincidían con partidos de tenis que no quería dejar de jugar. Fue el gran goleador de la temporada 1910-11 pero apenas jugó tres partidos más el curso siguiente y finalizó el su período como gran goleador del equipo. Sin duda un paso fugaz el de este ariete escocés tan desconocido para el gran público como mítico para los historiadores barcelonistas. Posteriormente se asentó en Newcastle y volvió a  Barcelona en 1928 para ver a sus antiguos compañeros. Su presencia en Les Corts para ver un encuentro del Barça fue vitoreada por los seguidores que recordaban las hazañas de aquel joven escocés. Sin duda y a pesar de que es demasiado aventurado comparar épocas, me atrevería a decir que es el jugador británico que mejor rendimiento ha ofrecido al club barcelonista a lo largo de la historia.

Tras el gran Pattullo sólo han jugado en el Barça dos futbolistas provenientes de las islas que no fueran ingleses. Su fama y curriculum eran igual de buenos pero su rendimiento en el equipo blaugrana fue muy dispar. Nos estamos refiriendo al cazagoles escocés Steve Archibald y al potente delantero gales Mark Hughes. Ambos eran arietes clásicos, trabajadores y con buen juego de espaldas, dos de los más destacados de la Liga Inglesa de los años ochenta, pero mientras el primero fue un gran ídolo culé al segundo le fue imposible aclimatarse al estilo de fútbol azulgrana. Archibald no regateaba, no tenía visión de juego, no hacía casi nada demasiado bien pero era un auténtico killer del área y de ahí su valor indiscutible. Fue un trotamundos del fútbol. Tras un primer período en equipos menores llegó a la elite futbolística en el Aberdeen. Posteriormente jugó en el Tottenham, Barça, Blackburn, Espanyol, St. Mirren, Clyde y Fulham. En el Barça jugó 95 partidos y logró 42 goles entre 1984 y 1988. Entró directamente en el corazón del barcelonismo debido a su entrega total pero la llegada de Mark Hughes y Gary Lineker hicieron que Steve saliera por la puerta de atrás, algo injusto por su trayectoria y entrega. Ganó la Liga 1984-85 siendo el máximo goleador del equipo con 15 goles. Disputó con la selección escocesa los Mundiales de España 1982 y México 1986 con la selección escocesa siendo un jugador residual en ambos torneos en los que tuvo que lidiar con estrellas del momento por la titularidad como eran Kenny Dalglish o Joe Jordan. Posteriormente se hizo con las riendas del club escocés Airdrie, cuyo éxito ha sido una de sus mayores motivaciones. En 1986, como se señalaba anteriormente la llegada de Hughes junto a la de Lineker dejó fuera del equipo al rubio ariete escocés. En sus dos temporadas en el club catalán, Mark Hughes no consiguió adaptarse al fútbol español, muy diferente en su concepción y filosofía al inglés. En la segunda de las temporadas como jugador azulgrana fue cedido al Bayern de Munich. Completó como blaugrana 56 partidos en los que marcó 16 goles. Posteriormente completó una enorme carrera en el fútbol inglés en el que por sus condiciones futbolísticas se sentía mucho más cómodo y en el que actualmente es un prestigioso técnico. El bueno de Mark ha sido el primer y único galés en llegar hasta el momento a Can Barça.

Si hay algo que pueda englobar el comportamiento a lo largo de un siglo de estos jugadores británicos ha sido su nobleza dentro y fuera del campo, su compromiso con el club y su entusiasmo por el deporte que amaron, conceptos todos ellos que están muy por encima del simple análisis de sus virtudes futbolísticas.

 

 

 

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