FAZ SURCADA


Su cabellera, ella tiene nevada

y sus ojos, han tomado ocaso.

Su gallarda juventud, paso a paso

fue absorbida, por la vejez llegada

 

Hoy su mocedad, es clausurada

fuerza pierde, su cansado brazo.

Ella camina, con indeciso paso

y su faz, por arrugas es surcada.

 

Solo en ella, la ternura sigue

y por ende, su afecto maternal

el cual, primaveral prosigue,

 

Adornando, con maternal esmero

la existencia de sus hijos, y al igual

el recuerdo, de su amor primero.

 

NEVADA YA

 

Nevada tiene ya su cabellera

también su visión, cae en ocaso.

Ella altiva, así cual cordillera

da cariño, en maternal abrazo.

 

Ayer en su florida primavera

aromas maternales, ofreció.

Fue luz, de mi alborear primero

y brazo, que por igual me guío.

 

El fuego, en su interior apaga

y la llama, existencial eclipsa

la luz, que silenciosa acaba.

 

La vida, de un volcán activo

Donde queda maternal ceniza

y lava, de un recuerdo vivo.

 

ESA

 

Que noble mujer fue aquélla

que por mí lloró, silentemente

Fue tan sincera y amorosa ella

que me amo, incansablemente

 

Ella, me amamantó de niño

mi llanto escucho, sin refutar.

Me dio sin reserva, su cariño

Y nunca ella, me dejo de amar

 

Mi sueño veló, y al abrazarme

me dio amor, e igual ternura.

Feliz ella, reía al despertarme

ella mi mamita noble y pura

 

Gozó mis chiquilladas, y lloro

mi adolescencia caprichosa

Por mi felicidad, a Dios oro

mí madre, mujer maravillosa

 

Ella fue ayer mi consejera pía

Oriento mi niñez y adolescencia

De mis pasos, fue verdadera guía

y de éste, mi vivir única esencia.

 

Fue ella, quien mi niñez cuido

siendo desde luego, irremplazable

El amor, que nunca me negó

esa mujer, mi Santa Madre

 

MI MADRE

 

Nació mujer, en un ayer lejano,

fue niña, entonces inocente

De su infancia, queda lo arcano

y el sueño, de su madurez silente

 

Al entrar, en adolescencia plena

adornada, de ilusiones una tarde;

Fue gestada, y entre goce y pena

apareció al parir, ella, mi madre.

 

Madre inmaculada, en su ternura;

en quien solo, la sinceridad anida

siendo único, tesoro que se alcanza.

 

Ella es, del mundo la hermosura.

ella y Dios; son esencia de mi vida

e igual, que Dios es mi esperanza

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