El HOMBRE es el factor fundamental para una vida en sociedad, la condiciona y a su vez la origina. De ahí que resultaría imposible la existencia y desarrollo de una sociedad, si en ella no está presente la mano del hombre. El ser humano en sus diversas y controvertidas variantes, que se resumen en dos elementos esenciales, que al mismo tiempo determinan la realidad del mundo en el que vivimos y desarrollamos: construir y destruir, términos que se convierten en la máxima del género humano.

A lo largo de nuestra existencia en la tierra, el hombre ha sido el encargado de las decisiones más contradictorias y nunca antes vistas, debe ser por su capacidad probada de razonamiento lógico e ilógico, que en definitiva hacen de él un elemento útil, extremadamente contradictorio e insospechadamente cuestionable. En sentido general, está capacitado para crear vida y a través de ella desarrollarse sin límites, al mismo tiempo que es el ser con la mayor capacidad para destruir.

Al final se establece una dicotomía creación/destrucción, dueto tan contrario como la máxima filosófica entre el ser y el pensar, la razón y la fe.

De tal manera que al mismo tiempo que encuentra la cura para la enfermedad más terrible que pueda azotar a nuestra raza, genera un estado de crisis, caos y destrucción a través de las guerras, por sólo citar un ejemplo.

En tal sentido, analizaremos de forma crítica uno de los períodos más controversiales por los que ha pasado la humanidad: la etapa fascista y sus consecuencias para el mundo. El fascismo ha sido definido como una ideología y movimiento político que surgió en la Europa de entreguerras (1918-1939), entre sus principales representantes aparecen Benito Mussolini y Adolfo Hitler. Para nadie es un secreto que la primera y segundas guerras mundiales pusieron al mundo al borde del abismo, una vez más la raza humana se degradaba a tal punto que provocaba aversión e impotencia, todo por un objetivo: las enormes ansias de poder. Las naciones del mundo se involucraban en un conflicto extremadamente cuestionado y vergonzoso a lo largo de todos estos años. Se tomaron decisiones arbitrarias que afectaron a los pueblos de diversas maneras, todas sustentadas sobre la base de una ideología absurda, incoherente, que, a pesar de eso, fue aplicada sin vacilaciones. Fue la lucha del hombre contra sí mismo, la destrucción de una especie por el poder, arma absurda que esgrime el ser humano y con ello, todos los caminos más oscuros e inimaginables de nuestra raza. Tal situación guerrerista y de división del mundo entre aquellos, política y económicamente más fuertes, por demostrar la primacía de unos sobre otros, permitió el origen de una tendencia que actualmente causa estremecimiento y rubor ante sus ya grandes consecuencias: el fascismo. Fundamentado como un proyecto de unidad monolítica, denominado corporativismo, que exaltaba la idea de nación frente a la de individuo y clase, con otras características como la existencia de un partido único suprimiendo así las discrepancias políticas y los localismos en beneficio del centralismo. Analizando desde este punto de vista, propugnaba la aparición de una sociedad única y perfecta, además de utópica. En primer lugar como tendencia elimina la individualidad del ser humano en busca de la pertenencia a un grupo. Cuestión esta que resulta extremadamente ilógica, debido a que en toda sociedad sus individuos tienen el derecho a existir como seres independientes y capaces de generar nuevos cambios, permitiendo además la evolución individual y social. Entonces la defensa de esta supuesta pertenencia convertiría al hombre en un ser sin identidad propia, completamente manipulado y sin capacidad de razonamiento lógico. Por otro lado es un movimiento sustentado sobre bases demasiado débiles, aunque en su momento le permitieron tener el control de la situación: surge en una situación favorable, por qué, una guerra terminaba y otra comenzaba, la situación era de caos, miedo y desinformación y esto lo usa en su favor.

La situación creada es demasiado tensa, demagógicamente usa los sentimientos de miedo y frustración colectiva hasta exacerbarlos con la violencia, la represión y la propaganda. A tal punto que este movimiento consiguió convertir mentiras en verdades únicas e inamovibles. Como tendencia refuta y critica la Revolución de 1917 con Lenin a la cabeza y sus principales principios teóricos y prácticos, con el pueblo como principal benefactor. En este sentido, para el fascismo el pueblo es sólo eso, una marioneta de trapo, que debe ser dirigida, controlada, e incluso exterminada en la búsqueda de la mayor “pureza de las razas”, es decir, como movimiento atenta directamente contra un bien preciado: la vida, por lo que la exterminación y los experimentos humanos, eran cosas sin importancia, dentro de este nuevo orden mundial (en el caso de Alemania).

El movimiento fascista se opone radicalmente a la democracia liberal en crisis, representada por los vencedores de la Primera Guerra Mundial, dígase, Inglaterra, Francia y Estados Unidos, a los que considera decadentes y al movimiento obrero tradicional en ascenso (anarquista o marxista). El concepto de «régimen fascista» puede aplicarse a algunos regímenes políticos totalitarios o autoritarios de la Europa de entreguerras y a prácticamente todos los que se impusieron por las potencias del Eje durante su ocupación del continente durante la Segunda Guerra Mundial.

El proyecto político del fascismo es instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista, mientras su base intelectual plantea una sumisión de la razón a la voluntad y la acción, un nacionalismo fuertemente identitario con componentes victimistas que conduce a la violencia contra los que se definen como enemigos por un eficaz aparato de propaganda, un componente social interclasista, y una negación a ubicarse en el espectro político (izquierdas o derechas), lo que no impide que habitualmente la historiografía y la ciencia política sitúen al fascismo en la extrema derecha y le relacionen con la plutocracia, identificándolo algunas veces como un capitalismo de Estado, o bien lo identifique como una variante chovinista del socialismo de Estado.

De un modo destacado y en primer lugar a la Italia fascista de Benito Mussolini (1922) que inaugura el modelo y acuña el término; seguida por la Alemania del III Reich de Adolf Hitler (1933) que lo lleva a sus últimas consecuencias; y, cerrando el ciclo, la España Nacional de Francisco Franco que se prolonga mucho más tiempo y evoluciona fuera del periodo (desde 1936 hasta 1975). Las diferencias de planteamientos ideológicos y trayectorias históricas entre cada uno de estos regímenes son notables. Por ejemplo, el fascismo en la Alemania nazi o nacional-socialismo añade un importante componente racista, que sólo es adoptado en un segundo momento y con mucho menor fundamento por el fascismo italiano y el resto de los movimientos fascistas. En el caso de Italia, el fascismo se concentra fundamentalmente en el Estado. El pueblo es el cuerpo del estado, y el Estado es el espíritu del pueblo. Según la doctrina fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado.

Partiendo de este precepto fascista se puede definir como un movimiento político que pretendía alcanzar la unilateralidad, con amplias y demostradas aspiraciones expansionistas y de carácter militarista, debido a que aunque fuera a través de la fuerza impondría su criterio hegemónico, de ahí que como tendencia, propone un nuevo orden mundial. De aplicarse tal orden las consecuencias serían funestas, tal y como lo fueron en los países, seguidores de la doctrina fascista.

Por otro lado, el fascismo esgrime la bandera del superhombre y del líder dogmático al que hay que seguir, sin vacilaciones ni dudas, todo lo que este hombre diga es lo más importante, no da cabida a cuestionamientos ni a otro tipo de pensamiento que no sea aquel plenamente validado, por este sistema. Para su aplicación se sirvió mucho de los medios televisivos y la propaganda constante, creando así un estado de ansiedad, miedo, desinformación y una profunda vergüenza por la derrota sufrida durante la guerra, a tal punto, que como movimiento político, parecía enviado por la “providencia” para solucionar los errores supuestamente cometidos.

A fin de cuentas, tuvo muchos seguidores, establecía un régimen dogmático y absoluto, a pesar de que su modelo de aplicación varió teniendo en cuenta el país en el que se aplicó, pero en definitiva, mantuvo sus preceptos o principios básicos de ejecución. Vale mencionar que en países como Alemania(Adolfo Hitler), Italia(Benito Mussolini) y España , acarreó grandes consecuencias, en el caso de este último, con Francisco Franco a la cabeza, llevó a cabo una Guerra Civil contra un “enemigo X”, tanto así, que sólo provocó destrozos, miedo y muerte, no por la guerra sino por lo que vendría después de ésta, un completo desorden y estado de caos, Franco fue sin lugar a dudas un ferviente seguidor del fascismo, y sus acciones lo demostraron fehacientemente, una vez más. En el caso de Alemania e Italia, la persecución y la opresión no tienen paradigmas, son huellas inolvidables. Dejaron una estela de sangre, odio y discriminación racial, latentes aún. Oscurecieron de maldad y fanatismo el corazón de la gente y se cometieron los crímenes más despreciables, abominables e inimaginables, tal es el caso, de los horrorosos campos de concentración nazi y la absurda idea hitleriana de la raza aria. La enumeración de hechos y actitudes asumidas, escudadas en el fascismo, sería enorme, pero necesaria. Solo es una mirada a través de los años y del espejo de la memoria sobre lo que no puede suceder nunca más. Probablemente su base conceptual, resultaría ideal en un mundo de maqueta, pero la aplicación de estos conceptos tiene un trasfondo de irreversibilidad que provoca el rechazo y la desconfianza, porque en definitiva el fin no justifica los medios.

Se convirtió en un peligro y en una amenaza en todos los sentidos, ha dejado innumerables secuelas para el ámbito mundial e históricamente demuestra cada día, que debemos estar completamente seguros en la no permisión de su regreso. Doctrina por demás impuesta, controladora, capaz de realizar cualquier cosa en la búsqueda de un sueño irrealizable, sobre todo por la abismal diferencia de conceptos y formas de vida que regulan la existencia ordenada y coherente de todos y cada uno de nuestros países. No podemos decir con certeza, que actualmente ha desaparecido, pero en definitiva no podemos permitir su regreso. Sería entonces una especie de dejavú, solo trajo desorientación, muerte, frialdad, conceptos errados e inaplicables en la mayoría de los casos. Como movimiento promovía la movilización de masas, pero la pregunta es hacia dónde, con qué objetivo o fin, para qué. Siempre en la búsqueda de un futuro incierto y utópico. Me parece además que el objetivo no es precisamente pensar por el pueblo, decidir a la ligera por la vida de tantas personas, se necesita orientación no imposición, uno de sus puntos más débiles. ¿Por qué buscar un enemigo que en realidad no existe?, ¿por qué enfrentar al hombre contra sí mismo?

Las interrogantes serían muchas y las respuestas diversas. Creo que como tendencia proponía un camino escabroso, uno donde las oportunidades eran pocas y solo para algunos. Un mundo de invenciones y mentiras, que frenaba el desarrollo social e individual del ser humano, limitaba además la posibilidad de cambiar y evolucionar, tratando así de no cometer los mismos errores. Estaba cerrando las puertas al futuro de los pueblos, era el momento de apoyar las causas nobles no de iniciar una nueva contienda, o de buscar enemigos imaginarios o reales, y mucho menos de decidir quién tiene derecho a qué y por qué, o quiénes se consideran lo suficientemente superiores para vivir y desarrollarse en nuestro mundo. D e ahí que frena el desarrollo político, social y cultural, colocando una serie de restricciones que limitan el adecuado desenvolvimiento de la humanidad y la coexistencia armónica entre los pueblos. En definitiva si se trata de unidad, ya tenemos una que nos define y diferencia de los demás, y creo que es excesivamente superior, somos el género humano, decidimos sin lugar a dudas nuestro destino, sin miramientos o privilegios para una raza en específico, porque no tenemos raza, somos sólo una: el hombre.

Concentración fascista en Génova, Italia

Hitler

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