La fascinación. El mentalismo tiene truco

La fascinación. Vale, el mentalismo tiene truco, pero es mucho más que magia. Sin embargo, un mentalista puede hacer que elijamos una palabra de entre las 80.000 que tiene un libro. Él sabe que hay rendijas que nos hacen vulnerables, además de que siempre hay gestos que nos delatan. Tener la capacidad para leerlos puede ser tomado por clarividencia, pero no se trata de un don divino, sino de una habilidad adquirida, un truco, aunque ellos detesten esa palabra porque les hace parecer embaucadores.

Desde el principio, magia y mentalismo fueron las dos caras de una misma moneda: si a veces un mago espía la esquina de una carta para saber cuál es, el mentalista necesita captar leves gesticulaciones del otro para adivinar respuestas. Luis Pardo, Premio Nacional de Mentalismo 2004, reconoce que «cada noche al salir al escenario le digo al público que todo lo que van a ver se basa en la psicología, la sugestión y las técnicas del ilusionismo, pero cuando salgo del teatro siempre alguien me pregunta si puedo contactar con los muertos o ayudarlo con una enfermedad o un problema económico». Esa desesperada necesidad de fe en lo mágico contrasta con otra actitud, igualmente visceral: la del espectador que trata al mentalista como si fuera un timador y está obsesionado con desvelar la técnica que se oculta detrás del “truco”.

mentalismo

La hipnosis no es más que un estado alterado de conciencia donde trabajas con el subconsciente

En Estados Unidos, donde la magia es la tercera afición por detrás de la pesca y los sellos, el éxito de la serie El mentalista ha vuelto a poner de moda esta rama del ilusionismo. En la ficción, Patrick Jane es un médium televisivo caído en desgracia y consiguiente drama familiar­ tras quedar en evidencia que sus poderes son un fraude. Sin embargo, su carisma y sus habilidades para observar, deducir y manipular son auténticas y le resultan especialmente útiles para resolver casos de asesinato.

El mago español Manolo Talman considera exageradas «las pseudo facultades del protagonista», pero en realidad son las habilidades que todo buen mentalista ha de cultivar para seducir a su público. Además, la formación de un buen mentalista necesita pasar por la psicología.

Luis Pardo estudió un máster especializado en hipnosis clínica para introducirlo con seriedad en su espectáculo, pero hay mucha gente para la que este tipo de efectos sigue sin tener credibilidad. La razón, según el mentalista, es que «desgraciadamente se ha maltratado la técnica haciendo hipnosis con ganchos en espectáculos y ridiculizando a la gente con cosas como “haz de gallina”, pero en realidad la hipnosis no es más que un estado alterado de conciencia donde trabajas con el subconsciente.

Pardo no cree que existan los “poderes paranormales”. Al fin y al cabo, el mentalista es un manipulador y cualquiera, con un estudio profundo y una práctica obsesiva, puede tener “poderes”. A la ciencia le interesa tanto o más que a los ilusionistas llegar a “leer la mente”. De momento, los recientes avances científicos que usan tal expresión son, en puridad, sofisticados escaneos que permiten saber cómo se mueve nuestro cerebro.

Hace unos años, un grupo de científicos del instituto alemán de neurología Max Planck y de la Universidad de Oxford anunciaron que eran capaces de predecir los pensamientos de las personas a través de un complejo sistema de escaneo de sus cerebros. Identificaron en el escáner determinados patrones de actividad cerebral previos a la aparición de los pensamientos. Poco después, investigadores de la Universidad de Berkeley (EE.UU.) informaban de sus avances en este campo y aseguraron que algún día será posible que veamos lo que otras personas están viendo a través de un dispositivo que descodifique sus señales cerebrales, que hoy ya pueden registrarse con la llamada resonancia magnética funcional (FMRI, en sus siglas en inglés) y las transforme en una imagen real.

Hay tantas investigaciones en marcha en esta línea que hay quienes reclaman ya una regulación de neuroética para evitar el llamado “efecto Minority report”, aludiendo a la película de Tom Cruise en la que los crímenes se detienen antes de que ocurran basándose en “visiones” psicológicas. Mientras la ciencia avanza, seguimos fascinados por los fenómenos del poder mental, la telepatía y el espiritismo.

HÁGALO USTED MISMO

1. Doblar metales a lo Uri Geller.

El efecto se basa en una ilusión óptica, pero sólo se puede lograr ante una sola persona o ante una única cámara porque la diferencia de alturas entre dos espectadores delata el truco. Primero hay que doblar un poco la varilla cuando nadie esté mirando. En el instante del engaño se mantiene la varilla doblada paralelamente al suelo, a la misma altura de los ojos del observador. Esta rotación hace que la mitad doblada de la varilla comience a bajar y dé la impresión al espectador de que la varilla se va doblando ante sus propios ojos.

2. En qué mano está la moneda.

El clásico juego de esconder una moneda en la mano se resuelve con observación.

Fuente Historia/Isabel Navarro/xlsemanal/abc.es

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