Una familia

Las familias son o deberían ser el núcleo donde podemos refugiarnos y acudir siempre que lo necesitemos, independientemente de la edad de sus componentes. Cuando somos niños jugamos, bromeamos, nos divertimos y hacemos trastadas que, aunque merezcan una riña de nuestros progenitores, después recordamos con agrado y con una sonrisa.

Las familias suelen entrar en conflicto cuando alguien ajeno a ellas, que no comparte los mismos principios que los primeros componentes, comienza una relación con los más jóvenes. Los padres observan y callan al ver la alegría que supone para sus hijos y, a veces con mucho tacto, intentan advertirles de los problemas que pueden derivarse de esa relación. La falsa convicción de que este ajeno cambiará, anula cualquier razonamiento que intente persuadirles de la errónea elección.

Las familias continúan unidas al principio; sin embargo, con el paso del tiempo las premoniciones de los padres se cumplen. La sólida unión de los hijos empieza a verse dañada y, aunque el cariño entre ellos se mantenga, si el nuevo componente desea que esos lazos se rompan lo conseguirá.

Las familias deben seguir estando firmes para acoger con amor y comprensión a los hijos decepcionados, sin reproches y sin recordar sus advertencias. Deben seguir siendo el núcleo que era en un principio.

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