Hace algún tiempo, un par de mis tíos maternos me contaron haber visto luces de colores que se movían de un lado a otro sobre el cerro El Limón, en el Estado Aragua (Venezuela). Esas señales danzantes se presentaron una semana antes de que ocurriera un gran deslave cerca del Parque Nacional Henry Pittier, cerca de Maracay. No doy crédito absoluto al asunto, puesto que ellos han sido bromistas y, aunque reformados, uno no tiene credibilidad cuando se es mal testigo. Mónica y yo, sin embargo, tuvimos una experiencia menos colorida y, aunque una parte de lo que vimos puede ubicarse en lo fortuito del azar –como es mirar de noche en el cielo- la otra, haber pedido una respuesta a Dios con una señal que nos orientara en el cielo, sigue siendo un misterio, aunque hayamos obedecido en parte, a lo que yo asumí era la respuesta (el desencanto está en que espero un resultado más copioso, como quien olvida que los frutos van creciendo en su tiempo).

Desperté a las 6:45 am. Soñé con mi tía paterna, mi hijo mayor y su hermana, cuyo cariño me ha adoptado en sus atenciones. Un desconocido hablaba contando el resultado de una propiedad que mi tía había vendido a unas personas relacionadas con su trabajo y, parece ser, que hasta el jefe interrumpía el descanso de sus empleados en ese sito de esparcimiento que mi tía ya no poseía. Josh estaba silencioso a mi izquierda, en el puesto atrás de mi tía. Alexangerla –de pie y en el medio- me acompañaba, asida a mi pierna. Por la ventanilla derecha, saliendo de un grupo de nube, ví salir el grupo de naves en formación delta (?) invertida. A decir verdad, no sé porqué las naves tendrían esta forma (¥) (ni sé qué significa) y me indicaban seguir un movimiento hacia la derecha ¿Tiene que ver con un giro político?. De momento y en silencio, me sentí estremecer como cuando ví –por primera vez- la película “El Día de la Independencia”, aquella del 4 de julio.

Seguí sus movimientos con la mirada, no hicieron un movimiento rápido o fuera de lo que pueda hacer una nave convencional y, al salirse del radio de mi campo de visión, le pedí a mi tía girar el auto, pues, quería saber qué es lo que harían.

Ignoro las emociones de los que estaban conmigo. En realidad, al despertar, comprendí qué le dio alas a mi mente para soñar y sé que no es una revelación de lo que llamo “el más allá”. Si embargo, estoy convencido de que no estamos solos, que nunca lo estuvimos y que muchas culturas han tenido sus acercamientos o encuentros con esos seres que les llamamos “divinos” y, algunos, ciertamente le rinden culto idolátrico y tendrán sus razones. ¿Qué pudo mover a esas personas a dejar un registro de tales cosas?

Podría especular sobre las pirámides de Egipto, las pirámides en América y decir cosas raras por las coincidencias culturales en el mismo patrón arquitectural ¿Cómo se explica esa coincidencia, si ambos mundos no habían tenido un encuentro transculturizador, puesto que –geográficamente- estaba aisladas por la distancia? Aunque hay diferencias, no absolutas en el uso, no se dice que en Egipto hubiesen los sacrificios públicos como los debió haber en América, pero –en ambos- los hubo. ¿De dónde sacaron esas ideas de que Dios se agradaba con la muerte? De hecho, cuentan que las vírgenes sacrificadas -en América- se sentían honradas por incluirlas en tales celebraciones ¿Quién cree eso? Sin embargo, se nos dice que hubo culturas que honraron la fealdad como hoy honramos “la belleza” ¿Hemos cambiado tanto, si millones de personas se niegan a morir muriendo?

En el desierto de Nazca se hicieron “dibujos” en la tierra, que sólo podrían ser vistos desde el cielo y otras cosas parecidas, también, se crearon y dispersaron por el mundo, como para agradar a seres extraterrenos. Es probable que ellos, como algunos de nosotros, hayan levantaron sus ojos al cielo como esperando la solución “desde arriba” en lugar de nosotros, los que no podemos volar sin colocarnos alas. ¿Existen o no?

La fuente de información no es concluyente ni exhaustiva. Nos cuesta creer a escritores o a “cineastas” porque es tan fácil corromper –cualquier verdad- con una mentira. Incluso, cuando vemos algo, solemos interpretarla, modificarla o alterarla, y termina siendo algo muy distinto de lo que debió ser en su forma original. En cuanto a mí, el testimonio que creo, ví dos luces en el cielo, muy parecidas a un par de estrellas y la una brillaba más que la otra. Se movieron raro, luego desaparecieron y, lo que no pude ver por mi miopía, lo narró mi compañía; así, lo que dejé de ver, tuvo un testimonio completo que debo tener como creíble, porque no hay modo de que ambos –elle y yo- podamos ver los mismos objetos y movimientos en el cielo y, mi deficiencia en ese monitoreo nocturno sólo se desfasa por unos segundos, hasta que no pudimos verles más desde aquella noche. ¿Vimos a un satélite o una nave espacial? ¡No lo sé! Pero tal cosa coincidió cuando pedíamos una “señal” del cielo, y no quiero desvirtuar más las respuestas que llegar en una oportunidad poco casual: Dos personas vimos lo mismo.

Los científicos, para probar la controvertida teoría de la evolución, siguen buscando en los fósiles su eslabón perdido. Por lo general, terminan descubriendo miles de seres que ya no están por la extinción o por destrucción, pero la teoría sigue siendo eso y ni los creacionistas pueden probarle lo contrario porque –tampoco- es un principio de su ciencia. ¿En qué cambiaría el mundo si se descubre que venimos del mono o del burro?

Vengamos de dónde vengamos, lo importante NO ES NUESTRO PASADO, sino el presente al que nos dirigimos. Si somos una modificación experimental de una raza superior (al menos en lo tecnológico y su tiempo) lo trascendente sería lo que hacemos y haremos con este presente que nos catapulta al futuro y, ¿quien iba a pensar en la escasez de ciertos recursos hace 20 años?

No puedo negar que resiento este molesto calor, la dificultad para tener un espacio físico propio y de bajo coste económico ante la creciente demanda de viviendas o terrenos ¿Habrá problemas de superpoblación cuando pueda habitar la luna o algún planeta?

Sé que hay problema con la credibilidad. Es difícil distinguir la verdad en medio de tantas voces proclamando sus verdades y soy quien menos cuenta con autoridad o credibilidad. Mi consejo, si alguien quiere poder ver hacia arriba y hallar su camino estelar, más allá de la astronomía (porque reniego del poder de aquellos que pretenden orientarnos con la adivinación de los astros) recomiendo lea una biblia.

El libro de Ezequiel es rico en imágenes y visiones extraterrestres (poco común, salvo por el libro de Apocalipsis). Pienso que él fue alguien que debió buscar respuestas en su cielo, y se notan raras experiencias que -sabe Dios- quizás habrán retocado con la pluma o mutilado con alguna tijera… ¡Tiene más de 2000 años! Y, si en algo la humanidad ha cambiado, ese libro nos deja ver que sólo ha cambiado el paisaje económico, el político y seguimos siendo los mismos…

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