En el siglo XVIII, con la REVOLUCIÓN INDUSTRIAL se produce una de las grandes vergüenzas de la Humanidad, la explotación brutal y sin consideraciones del hombre por el hombre, fruto de un pacto liberal teóricamente libre entre patrón y obrero. Las condiciones laborales son extremadamente penosas: jornadas laborales diarias de 16 horas, explotación infantil, salarios míseros, condiciones de TRABAJO infrahumanas, etc.

A pesar de algunas acciones puntuales de carácter proteccionista y de auxilio a los trabajadores, hasta bien entrado el siglo XIX seguía imperando la mentalidad de explotación salvaje en las relaciones laborales y que todas las acciones empresariales quedaban supeditadas y justificadas por el único principio de obtención de beneficios.

En 1840 el doctor VILLERNÉ lleva a cabo una encuesta entre las industrias textiles de la región de Rouen. Este informe decía que estaban trabajando niños de 4 y 5 años que tenían que estar de pie 16 horas en un mismo lugar.

Es durante la mitad del siglo XIX cuando se empieza a luchar por el derecho de asociación de los trabajadores y por la mejora de las condiciones de trabajo. En España la primera ley tutelar en materia de higiene aparece en 1878 dedicada a regular el trabajo de mujeres y niños. En el 1900 aparece la primera ley de accidentes laborales.

A partir del siglo XX los estados han incorporado en sus legislaciones acciones para proteger la salud y las condiciones de vida de los trabajadores. El conjunto de estas acciones configura la política social en el trabajo. Esta labor está en continua expansión y no permite una marcha atrás. Cada día son más importantes las medidas para dar protección a los trabajadores.

Actualmente, se tiende a crear y mantener un clima de entendimiento mutuo entre asociaciones empresariales y sindicatos para favorecer y fortalecer la colaboración recíproca y solucionar las controversias en el trabajo.

Evolución de la Historia del Trabajo

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