Eugenia de Montijo

Eugenia de Montijo, cuyo nombre completo fue María Eugenia Ignacia Agustina Palafox de Guzmán Portocarrero y Kirkpatrick, condesa de Mora y Teba, vino al mundo el 5 de Mayo de 1826 en la ciudad de Granada. Sus padres eran María Manuela Kirkpatrick y Grivegnée, que tenía ascendencia nobiliaria escocesa, y de Cipriano Guzmán Portocarrero y Palafox, conde de Teba y de Montijo, descendiente de Guzmán El Bueno y Grande de España. Ya su nacimiento fue algo estrepitoso, pues su madre se puso de parto cuando se encontraba debajo de una tienda de lona morisca, ya que se estaba protegiendo de un terremoto que se produjo en ese momento.

Eugenia tenía una hermana que era un año mayor, de nombre María Francisca, y quien gracias a su matrimonio con Jaime Fitz James Stuart Veintemiglia Huéscar Olivares, se convirtió en la decimosegunda duquesa de Peñaranda y duquesa de Alba. Por tanto, María Francisca es la bisabuela por parte de padre de la actual duquesa de Alba.

A pesar de poseer diversas propiedades y de su linaje, la familia estaba a la espera de poder heredar la fortuna de los Montijo que estaba en manos del tío Miguel, hermano mayor de su padre. Mientras tanto, Eugenia tenía que vivir en un palacio destartalado de alfombras raídas, con goteras, y con muebles medio carcomidos. Las relaciones con su familia no eran mucho mejores, pues su madre tenía preferencia hacia su hija mayor, así que Eugenia se tenía que conformar con un segundo plano.

Eugenia de Montijo infancia

En la imagen, María Manuela junto a sus dos hijas

Dado que se sentía rechazada por su madre en cierta medida, a Eugenia le encantaba pasar las tardes con su padre para oír sus hazañas en el campo de batalla, o para ir a ver a los gitanos en sus campamentos itinerantes donde cantaban y bailaban hasta que amanecía. Fue precisamente una gitana la que leyó su futuro en la palma de su mano cuando Eugenia contaba con 13 años. Le dijo, que en un futuro llegaría a ser algo más que una reina, ya que acertaba a divisar una corona en la lejanía, y también que sería longeva pero que moriría en la más profunda oscuridad. Saber que algún día llegaría a ser alguien importante contentó mucho a Eugenia, ya que odiaba vivir en condiciones económicas mucho más austeras que el resto de la nobleza española, y también odiaba las burlas hacia su padre por defender a los Bonaparte.

Tras su mudanza a Madrid, la madre decidió educar a sus hijas fuera de territorio español, así que se trasladaron a París, donde se instalaron en un apartamento de los Campos Elíseos. Por aquella época, los Campos Elíseos eran una extensión a las afueras de la ciudad por donde paseaban los carruajes más elegantes. La institución elegida para la educación de las dos hermanas fue el convento Sacré Coeur, donde permaneció tres largos años, pues pronto se corrió la voz entre sus compañeras de la verdadera situación económica de las dos jovencitas, por lo que empezaron a tratarlas con desprecio. Y aunque dicho centro era el más adecuado para recibir una educación de señoritas, Eugenia se escapaba para hacer alguna travesura que otra, como fumarse los puros del cura, beberse el vino de la misa, o colarse en las habitaciones de niños con escrófula, una infección en los ganglios linfáticos.

Eugenia de Montijo joven

En París se la empezó a conocer como 'la bella española' y, para alegría de su madre, era pretendida por muchos millonarios

Pasaban los años, y Eugenia seguía sin encontrar al hombre perfecto. Se enamoraba una y otra vez, y al verse rechazada pensaba incluso en la idea del suicidio. Sin embargo, entre sus pretendientes se encontraba el sobrino de Napoleón I, Luis Napoleón Bonaparte, presidente de la República Francesa en ese momento. Se quedó prendado de su belleza y solemnidad cuando la conoció en un baile en 1850. Algunos anecdotarios históricos dicen que cuando el príncipe imperial le preguntó qué camino debía tomar para llegar a su dormitorio, ella le contestó ingeniosamente que por la iglesia, lo que acabó por enamorar aún más al mandatario y a seguir cortejándola durante tres años más.

Finalmente, Luis Napoleón fue proclamado emperador de los franceses el 2 de Diciembre de 1852, bajo el nombre de Napoléon III, y el 1 de Enero de 1853 pidió la mano de Eugenia de manera formal. Todo esto sucedió después de haber sido rechazado por la sobrina de la reina Victoria de Inglaterra, la princesa Adelaida, un hecho que se convirtió en la comidilla de Europa ya que por norma general, los soberanos no se casaban por amor, sino por razones de Estado. Y debido a esto, Prospero Mérimée, autor de la famosa novela "Carmen" y amigo de Eugenia, escribiría que la boda del emperador había sido por erección, más que por elección, como así lo cuenta la periodista Pilar Eyre en el libro "Pasión Imperial", sobre la figura de Eugenia de Montijo.

Eugenia de Montijo boda

El 30 de Enero de 1853 se celebró la boda entre Eugenia y Napoleón III

Antes de la boda, el emperador afirmó ante el público lo siguiente:

"Prefiero casarme con una mujer a la que respeto y amo, antes que con una desconocida con la que podría tener ventajas mezcladas con sacrificios por medio de una alianza."

Muchas cosas empezaron a cambiar desde que Eugenia entró a la corte, empezando por la manera de vestir, pues su estilo neoclásico, que era producto de la admiración que sentía la emperatriz por la reina María Antonieta, empezó a imitarse por toda Europa. El régimen imperial fue una clara muestra de lujo y estilo, y sus bailes grandilocuentes eran comentados por todos los súbditos. Y aunque hay muchos historiadores que describen a Eugenia como una persona calculadora, altanera, fría, intrigante, y preocupada únicamente por joyas y moda, también hay otros que opinan que en realidad era una mujer apasionada, impulsiva, idealista, e incluso algo débil. Por otro lado, había españoles que la consideraban una traidora por haberles abandonado, y había franceses que pensaban en ella como una oportunista por querer hacer sombra a sus antepasados.

El 16 de Marzo de 1856 dio a luz a su único hijo, Eugène Bonaparte, que tuvo el título de príncipe imperial. Una vez recuperada del parto, decidió poner en práctica su sabiduría y cultura para participar de forma activa en política. En esta época, el país francés vivió una gran etapa de expansión industrial con la red ferroviaria, y París quedó embellecida hasta el punto de convertirla en una de las ciudades referenciales a nivel europeo.

Eugenia de Montijo familia

En la imagen, Eugenia y Napoleón III siendo ya emperadores junto a su hijo Eugène

La emperatriz asumió la regencia del Imperio en al menos tres ocasiones: la primera de ellas durante las campañas de Italia en el año 1859, la segunda cuando Napoleón III visitó Argelia en 1865, y la tercera fue en los últimos tiempos del Imperio, en 1870. Otra de las acciones destacadas que llevó a cabo la emperatriz fue respaldar las investigaciones de Louis Pasteur, el descubridor de la vacuna contra la rabia. Además de esto, también apoyó guerras fuera de su país que resultaron ser bastante nefastas, como la invasión de Francia a México que le costó la vida al emperador Maximiliano I, o la guerra contra Prusia que supuso la derrota de la ciudad francesa de Sedán. También cabe señalar, que la emperatriz fue una de las impulsoras para la construcción del Canal de Suez, un proyecto que llevó a cabo un primo suyo, Ferdinand de Leseps, y que además tambien inauguró.

Sin embargo, el declive del Segundo Imperio comenzó a partir de 1860 debido a contradicciones en la política del emperador, y a las sucesivas derrotas militares. Finalmente, Napoleón III cayó prisionero en Sedán tras establecer un gobierno provisional, y en 1870 la familia imperial huyó al exilio en Inglaterra al proclamarse la Tercera República Francesa. Napoleón III murió tres años más tarde, y Eugenia se fue a vivir a una villa en Biarritz, un centro de referencia de la aristocracia.

A pesar de que no era mayor, la ex emperatriz se sentía agotada de la vida que había llevado y decidió alejarse de la vorágine que suponía la política francesa. Pero el momento más duro de su vida llegó con la muerte de su hijo a los 23 años de edad, cuando este hizo carrera en el ejército y se unió a las tropas británicas que estaban destinadas a Sudáfrica, donde sufrió una emboscada de los zulúes. A pesar del dolor, Eugenia sacó fuerzas de flaqueza para, unos años más tarde, ser la madrina de boda de la princesa Victoria Eugenia de Battenberg, la que sería esposa del rey Alfonso XIII de España.

 

Eugenia de Montijo y Victoria

En la imagen, la princesa Victoria con Eugenia de Montijo, ya en su vejez

Sin muchas ganas de relacionarse con la gente, Eugenia visitó a sus parientes en el palacio de Liria, que era la residencia oficial de los duques de Alba en la ciudad de Madrid, donde finalmente murió el 11 de Julio de 1920, a causa de un ataque de uremia. Tenía 94 años. Fue enterrada en Inglaterra junto a su esposo, cerrándose así uno de los capítulos más importantes de la historia hispano-francesa.

Eugenia de Montijo retrato

Programa de radio "La rosa de los vientos" sobre Eugenia de Montijo

Fragmento de la película "Violetas imperiales"

Canción "Eugenia de Montijo", de Concha Piquer

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