El estrés viene dado por una condición física bajo presión. Pero muchas veces se utiliza de una forma demasiado simple o demasiado ambigua, en su mayoría como sinónimo de ansiedad, conflicto, frustración, miedo o intranquilidad. Desde luego no tiene una definición aceptada por todos los profesionales porque puede basarse en la muerte de un familiar, un desequilibrio, o una consecuencia nociva.

Los efectos del estrés dependerán de nuestras características individuales, nuestro estado físico y nuestro nivel de vida. Es difícil de creer pero no siempre el estrés es nocivo, también contribuye a la supervivencia, un adecuado rendimiento y un desarrollo eficaz en todas y cada una de las esferas que nos ofrece la vida.

Aprender a gestionarlo no es una destreza aislada que hemos de dominar sino un aspecto central de nuestra experiencia vital. Cambiar la valoración negativa de las situaciones para valorarlas positivamente es una poderosa arma que nos ayudará a gestionar nuestro estrés. En esta sociedad formada por el estrecho y complejo entramado de interacciones sociales, las amenazas que percibimos están relacionadas con nuestra autoestima y afectan a la seguridad de nuestras relaciones profesionales. Si los estados de estrés se llegan a controlar adecuadamente no suponen ninguna amenaza para el bienestar a largo plazo.

El problema no se encuentra en los desafíos, sino en las dosis, duración y repetición en la que se soportan. El estrés no controlado puede producir un gran número de enfermedades. Durante mucho tiempo se consideró que sus síntomas únicamente se podían tratar con fármacos. Pero actualmente se sabe que podemos ejercer un control sobre nuestras reacciones emocionales y eliminar las enfermedades que lo provocan.

El estrés forma parte del cambio, y el cambio es el que nos permite avanzar en la vida. Nos proporciona emoción, elemento indispensable para hacernos sentir vivos. Aunque no podemos olvidar que nos lleva a enfrentarnos a determinados retos, a situaciones desconocidas y a posibles amenazas.

La planificación del tiempo es un buen recurso para hacer frente a épocas de estrés. Hemos de prever cómo controlar bien el tiempo para poder llevar a cabo todos los objetivos. Se ha de sabe elegir un periodo de tiempo, objetivos, asignar las prioridades, ordenar las actividades y por último, pasar a la acción.

De todas formas, está demostrado que una cierta tensión es saludable y necesaria en la vida. Es una continua oportunidad para desenvolverse ante situaciones que se nos presentan y argumentar nuestro nivel de tolerancia.

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