¡Estimulación magnética trancraneal y…!

La Estimulación Magnética Transcraneal contempla entre sus aplicaciones el tratamiento de enfermedades como el párkinson o la depresión resistente.

Cómo recablear tu cerebro

Alzhéimer, autismo, dolor crónico, párkinson y depresión resistente son algunas de las dolencias que trata la Estimulación Magnética Transcraneal (EMT), una técnica segura y no invasiva que orquesta la plasticidad de las redes neuronales mediante pulsos eléctricos surgidos de un campo imantado. Además es eficaz como método de diagnóstico y herramienta para la investigación sobre el encéfalo.

La EMT actúa sobre el tejido nervioso sin necesidad de cirugía. Es una terapia ambulante, de fácil aplicación; además “es una buena alternativa a los fármacos”, apunta la psiquiatra María Inés López-Ibor, profesora en la Universidad Complutense de Madrid y presidenta de la Fundación Juan José López-Ibor.

Más allá de la depresión, se emplea, por ejemplo, para la migraña, las adicciones o algunos síntomas de esquizofrenia, caso de las alucinaciones auditivas. Y varias versiones se han comercializado en Europa para tratar el alzhéimer, el autismo, el trastorno bipolar, la epilepsia, el dolor crónico, el párkinson y el síndrome de estrés postraumático. Pero no solo eso, también sirve como método diagnóstico y herramienta para la investigación sobre el funcionamiento del encéfalo.

cerebro

¿Dónde está el secreto de su éxito?

La clave radica en que “el cerebro es, sobre todo, un órgano eléctrico y un gran conductor”, como lo describe Álvaro Pascual-Leone, neurólogo de la Universidad de Harvard y experto en el uso de la EMT para comprender mejor el funcionamiento neuronal. La estimulación magnética, que penetra en la piel y el hueso, induce en el cerebro una corriente que activa o inhibe ciertas neuronas para regular las señales nerviosas responsables del estado de ánimo, el dolor, las facultades cognitivas, la resistencia física, problemas motores...

“Lo que se pretende es estimular puntos muy concretos, mediante bobinas de geometría adecuada, para generar campos eléctricos muy focales”, señala el experto. “Todo impulso eléctrico genera un campo magnético, según las leyes de Faraday de inducción electromagnética. Ese campo magnético hace de puente entre la corriente que se aplica en la bobina fuera del cráneo y la que se induce en el encéfalo y que alcanza las zonas más profundas de este, adonde los fármacos no llegan”, explica Pascual-Leone.

Las neuronas se comunican mediante impulsos eléctricos, y la EMT utiliza el mismo lenguaje. “Se trata de regular el funcionamiento de los neurotransmisores. Potencia su liberación o potencia los receptores de las neuronas, con un efecto a largo plazo —puntualiza la doctora López-Ibor. Y añade—: “Aunque también hay casos en los que de lo que se trata es de bloquear y no estimular ciertas áreas, como ocurre con el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), por ejemplo.

Al aplicarlo en un hemisferio, lo activa e inhibe el otro. Por otra parte, cuando la frecuencia de la onda magnética es más intensa, activa, y cuando está por debajo del umbral, inhibe”. Y es que, cuando hay un trastorno mental, ciertos circuitos o áreas en el encéfalo aparecen alterados. Con la EMT se pretende hacer que recuperen su funcionalidad.

En el caso de la depresión, uno de los más abordados con estas técnicas, “hay fallos en los circuitos relacionados con las emociones, con la capacidad de control y planificación...”, señala la doctora López-Ibor. Por lo pronto, esta técnica se utiliza ya como tratamiento en psiquiatría y en neurología, sobre todo, en países como Estados Unidos.

Fuente/Laura G. de Rivera/muyinteresante.es

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