La historia comienza describiendo el Imperio Persa del siglo V a.C., cuya capital en aquel entonces era Susa. Allí vivía Asuero, rey de Persia, con su esposa Vasti, la cual era muy hermosa.
Cuando Asuero apenas tenía tres años reinando, hizo un banquete para impresionar a toda su corte con las riquezas de la gloria de su reino. Enmedio de todo este lujo, la reina Vasti se negó a comparecer cuando fue llamada por el rey.
El rey Asuero se indignó tanto por la negativa de la reina, que la destronó en un santiamén.
Duró sin reina algunos años, hasta que un día seguramente le pesó la soledad, por lo que sus consejeros decidieron traer a Susa a todas las doncellas de buen parecer que fueran encontradas en el Imperio, para que el rey escogiera como reina a la que más le gustara.
Ester era una doncella judía, criada por Mardoqueo su tío. Pertenecían al pueblo judío que vivía cautivo en Persia.
Ester fue una de las elegidas.
Ella no reveló su origen, por recomendación de Mardoqueo. En la casa de las mujeres, Ester simpatizó a Hegai eunuco, el cual la tomó bajo su protección, revelándole incluso secretos del rey.
Por supuesto que Hegai no conocía el origen judío y esclavo de Ester, por lo que siempre queda la posibilidad de que, de estar en conocimiento, tal vez no hubiera sido tan solícito con la doncella.
Mientras, Mardoqueo se la pasaba frente a la puerta de la casa de las mujeres, asegurándose del trato que Ester recibía.
La costumbre era que al cumplirse el año de preparación, la doncella pasaba una noche con el rey, y al día siguiente era llevada a otra casa, en espera de ser llamada por el rey.
Cuando le tocó el turno a Ester, ella puso en práctica todos los consejos de Hegai, y halló gracia delante de los ojos del rey, lo cual quiere decir que al rey le agradó sobremanera esta doncella. Y la amó más que a cualquiera, y la eligió como su reina, colocando sobre su cabeza la corona real.
El rey se puso tan feliz, que convocó banquete, hizo misericordias, y le bajó a los impuestos. Hasta ese momento, nadie en Susa conocía el origen judío de Ester.
Mientras Mardoqueo estaba a las puertas del rey, se enteró de un complot contra el rey, y al denunciarlo, se castigó a los culpables, y el hecho se consignó en las crónicas del reino.
Entre los cortesanos, Amán parecía ser el favorito del rey, por lo que él esperaba ser honrado y reverenciado por todos; pero Mardoqueo no lo hacía, por lo que fue denunciado a Amán.
Amán se enojó tanto contra Mardoqueo, que planeó no sólo su destrucción, sino también la de todo el pueblo judío.
Según la Biblia, Amán echó Pur (suerte) para elegir el día de la destrucción del pueblo judío que habitaba en todo el Imperio Persa.
Luego Amán convenció al rey de permitirle emitir un decreto para destruir a ese pueblo que no le servía para nada al rey (según argumentos de Amán), e incluso ofreció pagar para ello.
Al fin, el rey le entregó su anillo real a Amán para que firmara el decreto por medio del cual se permitía, en tal fecha, a que todo el pueblo persa se echara encima del pueblo judío y sus bienes, sin que nadie se los impidiera.
Cuando Mardoqueo se enteró, entró en pánico, al igual que el resto de los judíos de Persia. Rápidamente se fue a ver a la reina Ester para comunicarle la terrible noticia; fue a pedirle que intercediera por el pueblo judío ante el rey.
Sin embargo, la primera reacción de Ester fue negarse, temerosa de lo que le pudiera pasar (perder la corona, o hasta la vida), dado que no había sido requerida por el rey en los últimos treinta días, y la ley decía que no podía presentarse en los aposentos del rey sin ser llamada, so pena de ser ejecutada.
Al ver la reacción de Ester, Mardoqueo le dijo: "Mira, si te niegas, no creas que estarás a salvo; eres judía, por lo tanto, en cuanto se sepa esto, también serás destruida. Tú no sabes si Dios te puso ahí con este propósito, de ser el instrumento de salvación del pueblo judío; pero una cosa sí te digo: la salvación vendrá de cualquier manera, ya sea por medio de ti, o por otra forma".
Al escuchar esto, Ester reconsideró, y salió a relucir toda la formación judía que había recibido de Mardoqueo. Le contestó que convocara a los judíos a ayunar por tres días, comprometiéndose a hacer lo mismo ella y sus doncellas. Y aquí fue cuando pronuncia su famosísima frase. Dijo que pasados los tres días, ella se atrevería a entrar a ver al rey sin ser llamada, "y si perezco, que perezca". ¡Cuánta fe! ¡Cuánto valor! Literalmente cerraba los ojos y se tiraba al precipicio, confiando en que Dios no permitiría que muriera despeñada, ¡qué ejemplo!
Pasados los tres días, se vistió y arregló muy guapa y se atrevió a entrar a los aposentos del rey, quien, al verla tan hermosa (y seguramente recordando que la amaba por encima de todas), extendió su centro hacia ella, lo cual significaba que le daba permiso de entrar.
Con un plan preparado, Ester no dijo nada más que invitó al rey y a Amán a un banquete que había preparado.
Por supuesto que Amán se sentía en las nubes; el haber sido honrado de aquella forma no sólo por el rey, sino también por la reina, hizo que su soberbia creciera de una forma desproporcionada, por lo que al ver a Mardoqueo, y su insistencia en no arrodillarse frente a él, lo hizo enfurecerse; tanto se enojó que cuando llegó a su casa, le platicó a su familia su frustración por no haber podido someter a Mardoqueo. Entonces su mujer y sus amigos, le recomendaron pedir al rey la vida de Mardoqueo, incluso prepararon una horca, seguros ya de su triunfo.
Pero........
Esa noche el rey recordó aquel complot denunciado por Mardoqueo, y al darse cuenta que no había sido recompensado, se levantó dispuesto a corregir esto.
Al encontrarse a Amán, le pidió consejo sobre la forma de honrar a un hombre, y éste, creyendo que se refería a él mismo, le dio una serie de ideas.
Ok, dijo Asuero a Amán, entonces todo eso hazlo con Mardoqueo. ¡Imagínense a Amán! Para su máxima humillación, tuvo que obedecer al rey, honrando al hombre por el cual iba a pedir fuera ahorcado.
Avergonzado, llegó a lamentarse con su esposa, cuando en eso fue requerido para el segundo banquete de Ester.
En este banquete al fin Ester le dijo al rey Asuero que Amán había decretado la destrucción de su pueblo; impresionado, el rey se levantó a caminar.
Esto lo aprovechó Amán, que estaba muy asustado por como se le presentaban las cosas, y fue a arrodillarse ante Ester, suplicándole clemencia. Pero parece que fue demasiado efusivo, ya que tiró a la reina Ester sobre el diván, en el preciso instante en que el rey regresaba.
Al ver esto, el rey se indignó todavía más, acusando a Amán de querer violar a la reina, y lo mandó ahorcar en ese mismo instante, y precisamente en la horca que Amán había preparado para Mardoqueo.
El rey, ya en conocimiento del parentesco entre Ester y Mardoqueo, y de su origen judío, permitió que Mardoqueo emitiera un edicto por medio del cual se permitía al pueblo judío defenderse de los que los atacaran; y así fue..
Después de todo esto, el pueblo judío hizo fiesta, y esos días los instituyó como fiesta oficial del Purim (por el Pur que echó Amán para elegir la fecha exacta de la destrucción de los judíos), comprometiéndose a celebrarlo año tras año, hasta el día de hoy. 

 

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