PERDER a alguien que quieres es un tema con el que todos tenemos que lidiar en algún momento, así que hoy me apetece hablaros de esto.

Vamos a hacer un experimento.

Pensad en la persona que más queráis en la vida... ... ... no vale pensar en el chico o chica que os gusta, ¡eh! Pensad en serio en la persona que más queráis... ... ... ... Venga, hacedlo...

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¿Ya? ¿Sí? Vale. Ahora tenéis que imaginar que esa persona, la que más queréis en la vida, se muere. Pero haced un esfuerzo, intentad meteros en el papel, pensad de verdad en eso, si no, no vale.

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Pensad, pero siendo conscientes de lo que estáis pensando...

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Pensad que esa persona a la que tanto queréis se muere y ya nunca más la volvéis a ver. Desde ahora, hasta el final de vuestra vida (calculad la cantidad de años que pueden pasar), no la volveréis a ver. La persona más importante de vuestra vida. NUNCA MÁS.

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Nunca más podréis escuchar su voz, escuchar cómo pronuncia vuestro nombre, su timbre.

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Nunca más podréis agarrarle la mano, sentir su piel.

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Nunca más podréis darle un beso... o recibirlo de su parte.

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Nunca más podréis escuchar su risa... cuando era feliz.

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Nunca más podréis contarle lo que habéis hecho a lo largo del día, o escuchar lo que tiene que deciros.

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Ya no os volverá a acompañar a la compra, o a echar gasolina.

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Ya no os contará sus aventuras.

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Ya no sentiréis lo que sentíais estando en su compañía.

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Ya no va a estar ahí, a vuestro lado, NUNCA MÁS.

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¿Lo habéis pensado en serio? Pues hasta que no paséis por la muerte de la persona que más queréis en el mundo (y espero que para eso falte mucho tiempo), por mucho que imaginéis, jamás seréis capaces de entenderlo, de sentirlo. De todas formas, gracias por el esfuerzo.

Cuando la persona que más queréis, e insisto, la que más queréis de todas, se muere, el resto no importa. No importa si has suspendido un examen, no importa si el ordenador se te ha estropeado, no importan los celos, ni los miedos, ni los días rabiosos, no importa si engordas o adelgazas... no importa nada: todo eso, creedme, queda relegado a un segundo, tercer o incluso cuarto plano. ¿Qué más da todo? Lo único que sientes es que te has quedado solo. Una sensación inmensa de soledad... y sabes que un trocito de esa soledad te acompañará siempre porque, por mucho que llores, esa persona no va a volver.

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