Como fiel admiradora de Alejandro Magno, siempre sueño aspirar a grandes cosas aunque parezcan imposibles. Uno de mis máximos deseos en esta vida es seguir sus pasos, incluso aquellos que marcaron lo que fue uno de los Imperios más grandes y ricos culturalmente en la Historia de la Humanidad.

Por esto, es que siempre quise visitar Estambul (o para los griegos Konstantinoúpoli), y en general Turquía. Cruzar el Bósforo era uno de mis sueños, al igual que fue el de Alejandro cuando se embarcó a la expedición hacia Oriente en busca de la conquista del gran Imperio Persa (aunque él lo cruzó a la altura del Helesponto).

Fue un viaje que venía pensando hacia mucho tiempo, pero que por el momento se veía complicado de concretar. Cuando surgió la posibilidad de ir, no lo dudé. Creo que tuvo un gusto especial, por el hecho de que literalmente fue planeado de un día para el otro. Ya mi espíritu necesitaba aventura hace mucho tiempo.

 

Día 1

La aventura comenzó en la estación de trenes de Thessaloníki. El viaje fue largo, aproximadamente de 7 horas. Finalmente llegamos a Alexandroúpoli. Luego de recorrer la ciudad, tomamos el bus que nos llevaba desde allí hacia Estambul. Este viaje duró algo así como 6 horas. El viaje se hizo más placentero al haber conocido a un alemán con el que hablamos casi todo el camino. Al llegar a la estación de buses "Otogar" en las afueras de la ciudad, tomamos el subte y el tram, que nos llevaban al Hostel donde iríamos a estar alojadas durante 5 días. En el camino descubrí una Istanbul más europeizada de lo que me imaginé. Teníamos un poco de temor con el tema del Hostel, porque al costar €5 la noche, era un tanto dudoso. Pero finalmente lo encontramos en perfectas condiciones, era más de lo que esperaba. El día terminó con una cena a pocas cuadras del Hostel, donde probamos algunas pequeñas cosas de la cocina turca, en un restaurante llamado "El Torito". Sólo restaba descansar, y esperar el comienzo del nuevo día, para finalmente conocer a la tan esperada "ciudad de la inspiración".

 

Día 2

El día comenzó con un paseo por el Gran Bazaar de la ciudad. Es un lugar inmenso, lleno de tiendas pequeñas que ofrecen toda gama de productos de origen turco y no turco. Se puede encontrar ropa, zapatos, perfumes, productos alimentarios típicos (como el "Lukum" o diversas variedades de té), joyas, artesanías típicas, etc. Hay que luchar bastante para regatear los precios, porque lógicamente al turista siempre le cobran todo más caro. Pero igualmente, ellos ya saben como es el juego y están dispuestos a jugarlo, siempre de manera muy amable y divertida. Uno queda completamente deslumbrado por la cantidad de cosas bellas que tienen para ofrecer, y es imposible no irse con varias cosas en la mano. Luego de recorrer las tiendas, nos dimos a los dulces turcos por primera vez, en una muy linda cafetería dentro del Bazaar.

Luego, salimos a una plaza que estaba rodeada por la mezquita de Beyazit y la Universidad de Istanbul. Fue mi primera vez en una Mezquita. Nunca me imaginé que eran tan lujosas y con una arquitectura tan rica. También, sentí como es llevar el hiyab (pañuelo que usan las mujeres musulmanas para cubrirse la cabeza) en carne propia.

Conocí la famosa plaza de Sultanahmet, donde se encuentra una hermosa fuente de aguas danzantes, con la vista a cada lado de la Mezquita Azul y la Iglesia de Agía Sofía (Santa Sofía).

Después de leer y escuchar tanto sobre esta última, al fin pude verla con mis propios ojos. Es una Iglesia increíble, muy antigua y bien conservada. Pasó de ser Iglesia durante 916 años, a Mezquita por 481, y hoy por suerte solamente es un Museo desde el año 1935. Me impactó mucho ver en la decoración y en la arquitectura, el paso del tiempo en una combinación tan exquisita. Fue construida por Constantino I, y finalizada por su sucesor Constantino II. En sus comienzos el nombre fue "Megáli Ekklisía" (Gran Iglesia). En el Siglo V fue cuando su nombre pasó a ser "Agía Sofía" (Santa Sofía), nombre que conserva hasta la actualidad. Lamentablemente, la primer Iglesia fue destruida por un grave incendio, no dejando huellas en nuestros días. Pero finalmente fue reconstruida en el año 415 por Teodosio II.

 

Día 3

Al comenzar el día, conocimos la mezquita Sultanahmet (o mezquita Azul). Es la más famosa de Estambul, y dicen que la más bella de todas. Por fuera, parece un castillo que podemos comparar con el que se encuentra en Magic Kingdom (Disney). Por dentro la decoración esta sobrecargada, pero es de un lujo y un buen gusto increíble. Los colores azules predominantes, junto con los dorados y plateados, hacen que uno quede terriblemente impactado y le sea muy difícil abandonar el lugar. Cada recóndito rincón tiene algo para ser observado detenidamente.

Continuamos con una visita extensa al Museo Arqueológico de la ciudad, que en realidad es un complejo de 3 museos. Primero, vimos todas las piezas que guarda el Museo central, donde se observan piezas de un gran valor histórico, desde el siglo VI a.C., pasando por Persia, Grecia, Roma y Anatolia. Tuve la suerte de observar con mis propios ojos, estatuas y bustos muy conocidos de Alejandro Magno, así como el sarcófago que supuestamente iba a destinarse a su cuerpo luego de su muerte en Babilonia. El otro Museo, contaba con piezas de cerámicas de pared de estilo árabe, muy exquisitas. Y finalmente el último, contaba con una colección riquísima de piezas de las civilizaciones de Medio Oriente, tales como el Tratado de Kadesh (el primero en la Historia, entre el Reino de Egipto y el Reino de Hatti), los leones de la calle de la procesión de Babilonia (esos famosos leones hechos en ladrillo esmaltado), y otras obras de mucha importancia para la Historia de la Mesopotámia. Quedé fascinada de poder observar tamañas obras de arte de tiempos tan antiguos, de los que sólo he tenido un contacto por medio de apuntes de la Facultad.

Luego de 3 horas de recorrido por los Museos, dimos un paseo por la Plaza Sultanahmet, pasando por las 3 columnas. Una de ellas, es un obelisco que pertenece al reinado de Tutmosis III, Rey de Egipto, traída a Estambul desde Heliópolis por orden de Teodosio II, Emperador romano. La otra es una columna llamada "Columna ensortijada", traída a Estambul por orden de Constantino I, Emperador de Roma. Esta columna se encontraba en Delfos, y conmemoraba la victoria griega en las batallas de Salamina y Platea contra los persas. A la otra la llaman "Columna tejida", aunque lleva el nombre de "Constantininus Porphyrogenes" (pero a ciencia cierta no se sabe quien fue su constructor, aunque lleve el nombre del Emperador). Las 3 columnas están ubicadas en línea, en lo que fue alguna vez un Hipódromo.

Al bajar el sol descendimos a la costanera, donde muchos hombres se encontraban reunidos pescando sobre el Mar de Mármara. Fue un descanso obligado, luego de tanta caminata.

De camino al Hostel, un chico nos detuvo hablando en español, lo cual nos sorprendió mucho porque no nos había escuchado hablar. Cuando me di cuenta, ya me había convencido para comer en su restaurante. Es increíble la cantidad de turcos que hablan español, y como detectan enseguida de que lugar es cada persona, para comenzarles a hablar en su idioma. Este chico resultó ser simpatiquísimo, nos atendió excelentemente, y la comida fue muy rica. Compartimos la cena con un matrimonio hispano-venezolano de unos 50-60 años, que estaban en una mesa al lado nuestro y que también fueron convencidos por Hijad, el encargado del restaurante. Muy buena gente, fue una cena muy divertida.

Para concluir el día, nos dimos una pasada por una Patisserie, donde nos dimos el gusto de probar diferentes tipos de dulces turcos. Fue una manera muy linda de terminar el día.

 

Día 4

Desayunamos algunas pequeñeces turcas con un café, en una pequeña callecita del centro, como para empezar el día con energías.

Nuestro objetivo del día, era visitar profundamente el Palacio Topkapi, ubicado en lo alto de una colina, con la vista del Golden Horn, el Bósforo y el Mar de Mármara, y por supuesto con una vista muy buena hacia la Estambul asiática. El recorrido total del Palacio nos llevó 5 horas, pero valió la pena cada minuto. Este palacio fue el centro de la administración del Imperio Otomano. Fue construido en los años 1460-1478 por el Sultán Mehmet el Conquistador. Posee varias construcciones dentro tales como el Harén, una biblioteca, salas de audiencia, cocina, dormitorios, etc. Se puede observar una arquitectura impecable, y una decoración extremadamente colorida y lujosa, llena de oro, aunque un tanto recargada. De un buen gusto impresionante que deja boquiabierto a cualquiera. Las vistas de ese Palacio son increíbles, y es completamente comprensible que hayan elegido ese lugar para su construcción, no sólo por la belleza natural que lo rodea, si no porque se encuentra en una posición estratégica. El tesoro que contiene el museo del Palacio es extremadamente lujoso. Son piezas elaboradas con los materiales más finos del mundo, tales como oro, diamantes, rubíes, esmeraldas, ébano, marfil, etc. Estos sultanes no se han privado de absolutamente nada. Pero nuevamente, de un gusto increíble. Claramente este lugar, merecía ser coronado con un excelente y hermoso atardecer en tonos naranjas.

La cena tenía que ser digna de lo que vimos, así que terminamos comiendo en el corazón de otro Imperio, el Imperio Estadounidense de Mc Donalds.

 

Día 5

El último día en la ciudad de la inspiración, constó de un viaje en barco a lo largo del Bósforo. Salimos desde el Puerto de Eminönü pasando por debajo del Puente Galata, para tocar el Mar de Mármara y continuar viaje por el lado occidental de Estambul. Atravesamos el Puente del Bósforo hasta el Puente Fatih Sultan Mehmet, donde viramos hacia el lado oriental de Estambul. En el camino nos deleitamos con preciosos edificios, mezquitas muy hermosas, el Castillo de Rumeli y una belleza natural y paisajística digna de admirar. Aunque no sé exactamente en que lugar fue el cruce de Alejandro Magno con su ejército en su expedición a Oriente, pude entender allí, en el medio del Bósforo, lo grande de su proeza, lo que hace que lo admire aun más. Puedo entender lo que él sintió dejando Europa atrás para embarcarse a una aventura a lo desconocido. Todo lo que yo pueda considerar como aventura, al lado de lo que él hizo es ínfimo. Ahora sé lo que sintió Julio César en Hispania, al lamentarse de que a su edad no había logrado ni la mitad de lo que Alejandro hizo.

Para culminar el día, sólo recorrimos la ciudad de noche por última vez, cenando, y tomando un café con baklava (un dulce turco) con la vista de Agía Sofía y la Mezquita Azul, en un restaurante muy bien ambientado, con una combinación de estilos árabes, indios y turcos (ideal para relajarse y disfrutar).

 

Como anécdota final: nos quedamos dormidas, y llegamos 15 minutos más tarde y el bus hacia Alexandroúpoli se había ido. Por suerte, la empresa por la que viajamos llamó al conductor del bus, que se detuvo al costado de la ruta, llegando hacia allá en una van de la empresa.

 

Conclusiones

Estambul me ha dejado una excelente impresión. La ciudad es muy hermosa y está en continua remodelación y modernización, completamente adaptada para el turismo. Es muy segura y puede caminarse por la calle sin ningún problema. La gente es muy amable, siempre dispuesta a ayudar y a entablar conversación. Saben muchísimos idiomas con lo cual lo hacen sentir a uno muy cómodo y en un ambiente muy familiar. En general son muy cálidos y abiertos y siempre lo reciben a uno con una sonrisa enorme y la mejor buena predisposición. Definitivamente no es de esas ciudades que uno visita y se conforma con una vez, si no que es de esas que uno extraña y necesita volver en lo inmediato.

Más que nunca necesito recorrer el Mundo. Estoy buscando algo que todavía no sé que es. Pensé que Grecia era eso que tanto necesitaba cuando estaba todavía en Argentina, pero lo único que hizo este país fue acrecentar aun más mi apetito por viajar y seguir descubriendo (lo cual es increíble para mi).

Estoy segura, que ese viaje de descubrimiento de nuevas experiencias y gente, y sobre todo de autodescubrimiento, está preparado sólo para mi mochila y yo. Necesito aventura en mi vida, porque me di cuenta que la chatez en la que estoy sumergida, no sólo me genera más sedentarismo (el cual odio), sino que me deja vacía de creatividad, esperanzas, sueños nuevos, expectativas, espíritu aventurero. Necesito mediante estos viajes, generar la inspiración que necesito para cumplir todas mis metas.

 

 

Aclaración: todas las notas aquí publicadas, son de mi entera autoria. Nada de lo que se publique esta copiado de otros sitios web.

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