¿Podemos confiar en las informaciones que obtenemos en internet?

Me da por escribir un goo sobre la diabetes. Necesito información, así que recurro a internet, en español, alemán e inglés, que son los idiomas que entiendo. Empiezo a abrir páginas, a leer y tomar notas.

Unos minutos después, caigo en la cuenta de que estoy escribiendo cosas contradictorias. Una página (que parece fiable) dice una cosa, otra (que parece fiable) casi la contraria. Y así sucesivamente.

Busco más. Encuentro páginas donde se asegura que un diabético, sea del tipo que sea, y aunque lo diga el médico, jamás debe pincharse insulina. Otras en las que dicen que sí. Y otras que también, y que aquellos diabéticos de tipo II a los que sólo se les ha recetado dieta y pastillas, deberían pincharse también.

Más adelante, aparecen páginas que, simplemente, niegan la existencia de la enfermedad. Otras, niegan la eficacia de los tratamientos convencionales, y lo atribuyen todo a una conspiración de las empresas farmacéuticas, empeñadas en forrarse con los enfermos crónicos. Una nueva página asegura que la diabetes debe controlarse, exclusivamente con ejercicio y dieta, y pobre del que actúe de manera diferente. Hay quien pretende venderme online productos milagrosos basados en hierbas del monte que atajarán de raíz el mal. En el colmo de los disparates, llego a dar con quien recomienda tomar azúcar, cuanto más, mejor.

Cada una de estas páginas contiene elaboradas descalificaciones hacia las teorías oficiales, o simplemente, contrarias a su tesis concreta. En prácticamente todas se reflejan opiniones de médicos (imposible saber si reales o inventados, pero algunos con foto, currículo premiado  y todo).

Incluso en las páginas que parecen serias y que defienden el conocimiento convencional sobre esta enfermedad, advierto pequeñas o mrdianas discrepancias en lo que hace a posibles etiologías y tratamientos.

Y, al final, surge la reflexión: internet es libre y gratis y está al alcance de todos... incluso de los timadores y de los insensatos. Alguna de las informaciones incluso, y muy a pesar mío, ha conseguido plantar en mi mente el inicio de una duda. No puedo hacer comprobaciones, no está a mi alcance; tal vez sería diferente si la información buscara fuera sobre recetas de cocina; con probar a hacerlas sabría si valen la pena o no. En cualquier caso, es evidente que la sobreabundacia de información acaba anulando la utilidad de la información.  Es triste, pero es así.

He renunciado a escribir mi artículo sobre la diabetes.

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