Esperando su regreso el tic del reloj es lo único que se escucha. Hoy no hay ni un ruido en la casa, ni música, ni televisión, sólo un calor insoportable, y aromas de las casas vecinas, preparando algún acontecimiento. Recuerdo que cuando estabas aquí te ponías a bailar en estos días, y sacabas esa especie de robot oxidado en que me convertía cuando intentaba seguirte. ¡Qué risa! Este año es silencio, y va oscureciéndose la noche, mientras paso estos dolorosos minutos solo, con una copa de champagne que no me gusta. ¡Lo graciosa que eras! ni te das una idea lo que te extraño, ¿no? Y mientras hacías tus morisquetas, mi seriedad fría, se mantenía y con unas cosquillas lograbas derretirme y luego encenderme en tu fuego. Solamente vos podías lograrlo. ¿Qué estarás haciendo? ¡Qué ganas de verte! Hace dos meses que no se nada de vos, te esfumaste, derrumbaste aquello que con esfuerzo construimos. Pero sé que no es tu culpa, vos no querías irte, sólo te evaporaste, como en mis sueños, donde te estoy amando con mis manos entrelazando las tuyas y un humo gris se funde con tu cuerpo, desaparecen tus dedos de entre los míos, llevándote, alejándote de mí. Cierro mis ojos, quiero soñarte. Cuando logro recrear tu rostro y estoy por besarlo, se oye, como un castigo, la alegría, los gritos, ese “feliz navidad”. Feliz: palabra que desde que partiste saqué de mi diccionario. Las horas de gritos y música, pasaron como dos segundos para mí, manteniéndome en la misma posición, la copa ya caliente, más horrenda aún, mirando la puerta, esperando que entres por ella. Amanece, pasan los días, uno igual a otro, idénticos, calcados. Otra vez, como si fuera requisito, la gente se obliga a festejar. Esta mañana visité tu tumba, derramé mis lágrimas, las pocas que quedaban, ya no puedo llorarte más. Te pedí sólo una cosa: esta noche te quiero ver. Estuve planeando todo el día, como cada vez que salíamos. Recuerdo que siempre te sorprendía con algo, y que aunque no fuera gran cosa, sonreías y festejabas como si te regalara la luna. Te amo, creo que te lo dije pocas veces o quizá necesitaba decírtelo más. Hoy esas palabras rebotan como un eco, como sabiendo que ya no estás. Se acerca la hora, me pongo esa camisa que te gustaba tanto, y de fondo tu canción favorita. Te espero, mirando el marco de cristal donde puse tu foto. Me pongo perfume, me paro frente a la puerta y puedo percibir tu aroma. Sabía que no me fallarías. Allí estas, ya no aguantaba mi corazón lleno de lágrimas de tanto extrañarte. Tus pies son más ligeros, la luz que brota de tu ser es tan brillante, pero llena de paz. Se oye la gente festejando el fin de diciembre, los colores en el Cielo, como bienvenida, estoy empezando mi enero, con vos. Me elevás, te vuelvo a sentir. Bailamos, con mis pasos torpes, pero juntos nuevamente, mientras me veo, a mi mismo , en el piso del living, con una flor en la mano, y en la otra una daga de vidrio, más allá el marco de tu foto, quebrado.

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