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El Espeluznante Pueblo donde todos usan Máscaras de Gas


El viejo adagio que reza el hogar está donde está el corazón encuentra su verdadero significado en Miyakejima, una pequeña isla situada en el sureste de Japón. A pesar del alto nivel de actividad volcánica que provoca el gas venenoso que escapa de la tierra y que obligó a los 3.600 residentes de la isla para evacuar en el año 2000, los ciudadanos no se alejaron por mucho tiempo. Así, el auto-proclamado “pueblo de las máscaras de gas” se levantó de las cenizas, literalmente hablando.

Miyakejima es un centro de actividad volcánica. Durante el siglo pasado, los volcanes han entrado en erupción en 6 ocasiones. El peor caso ocurrió en junio de 2000 cuando, después de un intervalo de reposo de 17 años, el Monte Oyama entró en erupción. Esta erupción fue precedida por 17.500 terremotos que azotaron la isla entre el 26 de junio y 21 de julio.

Dichas erupciones y terremotos envolvieron a Miyakejima en columnas de ceniza que alcanzaron 16 kilómetros de altura, flujo piroclástico y enorme caída de cenizas. El desastre también liberó altos niveles de dióxido de azufre tóxico que contaminaron el suelo, haciendo inhabitable el 20% de la isla. Después de tres meses, el gobierno forzó una evacuación masiva en septiembre.

Durante cinco años, Miyakejima fue declarado zona de desastre, y la isla quedó como un paisaje post-apocalíptico con todos los árboles muertos, coches oxidados, y edificios abandonados. Dos años luego de la erupción, el Monte Oyama continuaba emitiendo 10.000 a 20.000 toneladas de dióxido sulfúrico diarios desde su cima. Sin embargo, la orden de evacuación se levantó en 2005 y se les permitió a los ciudadanos regresar a sus hogares.

Aunque algunos optaron por permanecer en Tokio donde habían sido reubicados, cerca de 2.800 optaron por regresar, llevando máscaras de gas y carteles de advertencias sobre el gas nocivo que todavía se filtraba a través de la tierra. A pesar de la repoblación de la isla, cerca de un tercio de Miyakejima permanece inhabitable y el gobierno realiza controles periódicos de salud y hace cumplir las restricciones de edad en ciertas áreas.

Independientemente de los peligros que supone vivir en un pueblo empapado de gas tóxico, el “turismo al espeluznante pueblo donde todos usan máscaras de gas” es una enorme atracción para la región, ya que se venden mascarillas desechables en las estaciones de ferry y tiendas locales. Además de visitas turísticas a casas abandonadas, coches aplastados y al gimnasio de una escuela que fue medio destruido por la lava, así como a los baños de aguas termales.

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