Con la gran victoria cosechada por la selección española en la pasada Eurocopa, con un fútbol infinitamente superior al resto de equipos (excepto Holanda y Rusia), no era de extrañar que en nuestro país eleváramos al combinado nacional al cielo, acostumbrados como estamos a hacerlo (y mandarlos al infierno por una sola derrota).

Así, tras caer contra EEUU en la pasada Copa Confederaciones en semifinales, cuando los medios de comunicación daban por hecha la final soñada contra Brasil, las dudas, instigadas por éstos, brotaron de nuevo, como estábamos acostumbrados antes de la victoria en la Eurocopa.

Han tenido que llegar las contundentes victorias contra Bélgica (5-0) y Estonia (3-0) para disipar dudas y, aún así, queda alguna. Y es que las comparaciones son odiosas, y no era lo ideal que Luis Aragonés se marchase tras proclamarse campeón de Europa.

Una vez conseguida la clasificación matemática para el mundial de Sudáfrica, queda saber cómo nos enfrentaremos a él; y todo dependerá de los partidos de preparación. Aunque Iker Casillas se ha apresurado a asegurar que irán con los pies en el suelo, la fuerza de la prensa deportiva española es tal, que sólo ella dictaminará lo que la afición espere del equipo. Así de triste es.

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