España se encuentra en plena crisis económica, cada vez más grave. Los recortes aplicados por el gobierno, principalmente en Sanidad y Educación, no van acompañados de medidas para impulsar una economía cada vez más debilitada. Y la crisis no cesa. Y disminuye el consumo.

Las ventas de viviendas han disminuido de forma importante, así como las de automóviles. Estos dos sectores suelen actuar de barómetro para seguir la evolución de la economía. Pero el consumo, en general, ha caído en picado, y el poder adquisitivo de los españoles es cada vez más bajo.

Comercios importantes, empresas de servicios hasta hace poco rentables, como las agencias de viajes, cierran sus puertas definitivamente porque la crisis les ha arrebatado aquella clientela fija cuyo poder adquisitivo ha quedado bajo mínimos.

En las calles de las principales ciudades españolas se reflejan las consecuencias de una crisis económica que no cesa: comercios cerrados, indigentes durmiendo en las calles, contenedores de basura revueltos por quienes no tienen nada para comer...

Jóvenes haciendo la maleta en busca de un futuro en otro país, y mayores que ven cómo sus pensiones no les alcanzan para vivir. 

Y el verano, muy cruel este año, aliándose con la crisis para devastar juntos un país que agoniza día a día: España ha sufrido tres olas de calor consecutivas, que mantienen, en algunos municipios del interior, temperaturas de más de 40 grados. 

Con la alerta por alto riesgo de calor y de incendios, media España ha visto cómo sus bosques ardían y quedaban reducidos a cenizas, ofreciendo el paisaje un aspecto desolador. La falta de lluvias ha dejado secos los bosques, en un país víctima de un cambio climático que nadie menciona.

El otoño se presenta negro, y, nunca mejor dicho, caliente. Porque ya casi no hay otoño, sino una prolongación de un verano con sus temperaturas inusualmente elevadas y su escasez de lluvias. 

Y, mientras tanto, el gobierno anuncia nuevos recortes, la subida de algunos impuestos, el copago farmacéutico, y otras medidas que debilitarán todavía más, si cabe, la maltrecha economía de unas familias que deben afrontar la vuelta al colegio en septiembre, adquirir libros de texto, ropa y calzado, con las cuentas bancarias en números rojos.

Y, mientas tanto, las playas siguen llenas de gente que no quiere pensar en el otoño.

Y España sigue en plena crisis económica.

 

 

 

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