familia

Escribo sobre la navidad

Cuantas cosas se pueden escribir en la navidad o de la navidad. Tantas y tantas y más. Son doce meses, doce meses donde han ocurrido demasiadas cosas que tienen que ver con nuestras vidas y con las vidas de los demás sean cercanos o no. Cuáles han sido las más importantes y cuales las baladís, bueno; no sabemos, porque a veces las que creemos sumamente importantes a la larga resulta que no lo son tanto y esas que hemos etiquetado intrascendentes llegan a tener un hondo significado.

Pasearse con mirada clara y pensamiento justo, es; cuando menos complicado a lo dilatado de 365 días, cada uno de ellos ha tenido por lo menos sus particularidades y, transitando a lo largo de ellos se nos revuelven los recuerdos, las circunstancias, lo malo, lo bello y, lo feo, haciendo el remedo del nombre de una vieja película western.

Se recuerdan con una sonrisa de satisfacción, nostalgia o conmiseración los proyectos programados para asumirlos con entusiasmo el año anterior, que es lo mismo que podríamos asumir en el preámbulo del año nuevo próximo. Los éxitos, los fracasos, los motivos neutrales que no culminamos y, así continuaríamos con las marchas y contramarchas respectivas, persiguiendo lo que en el pasado han sido nuestra inclinación primaria de alcanzar nuestro sueño; tal vez.

navidad

La familia, nuestro mundo nuclear, ese mundo abigarrado de amores, compromisos, y obligaciones que; se asemeja a una paleta de colores multicromada, brillos, y matices donde estamos sumergidos por afectos, cercanías, y lazos filiales. Es lógico pensar ineludiblemente que la familia lo es todo en la vida, porque si no seríamos una isla inorgánica, disfuncional, huérfanos a todas luces. Sabemos que la familia, por momentos resulta una suerte de cepo en nuestros pies que no nos permite andar en busca de ese sentido de la vida que debería conducirnos a la felicidad soñada, según nuestro sentido particular de percibirla.

Los amores, los afectos, la amistad y hasta las incomodidades, más las diferentes pruebas a que nos somete el devenir de la vida, las incongruencias que nos depara son; una parte esencial de nuestra existencia. Cuantas veces nos sentimos abandonados por la Divina Providencia y, nos revelamos con dureza, con amargura y decepción, renegamos, llenamos de denuestos a la presumida actitud de abandono del favor divino.

Luego, cuando la calma y el buen juicio se imponen, llega el arrepentimiento humilde de nuestra parte, e imploramos perdón, volviendo a la preciada normalidad que habíamos abandonado de forma casi blasfema. En fin, mientras la savia vital alimente nuestra humanidad, estemos vivos en pocas palabras, seremos seres amantes de la bendición de la vida y por supuesto de la navidad acogida glamorosamente por todos los cristianos y por aquellos que no lo son. 

mancha1

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