Sentado en mi cama con el portátil sobre mis piernas, me invade la inquietud, ¿para qué escribir artículos?, ¿es acaso la fantasiosa y presuntuosa idea de creerme un escritor?, ¿será que tengo la imperiosa necesidad de comunicación bilateral de lo que pienso, para no sentirme tan solo en mi universo imaginario?, ¿será que espero retribución económica que alivie mis maltratadas finanzas? , ¿Será que es mi ego que busca algo de reconocimiento universal?

Minutos después de mis delirios, trato por un momento de ponerme en los zapatos de los verdaderos escritores, cuyo proyecto de vida debe girar entorno a todo este embrujo de tratar de tener un canal directo de conversación con millones de lectores, que físicamente no se individualizan sino que se toman como un sólo ser, una sola vida al otro lado que los espera impacientemente para saciar sus ganas de enterarse del suceso de primera mano.

Siguiendo con mis delirios, trato de entender que es lo que buscan los lectores realmente en los escritores, ¿una buena redacción?, ¿el atrevimiento de divulgar el suceso de una manera amena?, ¿un momento de atención a sus intereses?

Por un momento en mis divagaciones, llega a mi mente las palabras de mis profesores de administración, en el sentido que siempre hay un productor y un consumidor, y el primero es el que debe tener la capacidad de identificar las necesidades del segundo, bien sea sentidas o creadas, de igual forma debe tener la capacidad de satisfacerlas adecuadamente, ¿Cómo conjuga esto con los escritores?

Por más que pienso una respuesta adecuada a mi inquietud inicial, son más los interrogantes que produzco, la verdad no sometida a examen, y de una manera algo diplomática es esperar retribución económica al intento de realizar un buen trabajo que sirva para algo, un rato de esparcimiento, algo de conocimiento, una manera agradable de decir las cosas.

El reconocimiento a mis trabajos como profesional o no, es la mayor motivación que me empuja a seguir perseverando en el intento, pero de hecho siempre con la idea de que sea un buen producto, consciente que el camino es largo y de paciencia debo llenarme, sin importar si alcanzo realmente en esta vida la realización del sueño trazado.

Tal vez como en aquella bella canción poema: “escribo para mi, escribo para mi corazón dolido, que tantas veces has feriado”, es posible que no haya guardado la fidelidad de la letra, pero la esencia de su mensaje si, también trato de escribir en primera instancia para mi, con la intención de ampliar la argumentación de hallar una respuesta adecuada a mi interrogante.

Por mi capacitación académica trato de elaborar un producto de opinión económica sin pretensiones de experto, buscando la sencillez como materia prima de entendimiento y comprensión, con la intención que el amigo en el otro lado, con el solo título del artículo, no lo deseche por considerarlo complicado y aburridor, guardo la esperanza con que lo pueda incluir en su menú.

Busco llegar a todos los que se interesen en estos temas sin importar su nivel de escolaridad, por que como lo cite en el artículo de sentido común, nadie tiene conocimiento cero, por eso contrariando los estrechos conocimientos poseídos en investigación, no tengo horizonte de análisis focalizado.

Un poco más calmado y aterrizado, después de horas de vuelo imaginario, como colofón con ayuda de las musas consoladoras, opino que es fascinante escribir, con un bichito en el estómago cuando veo publicado lo que escribo, y un enorme salto cuando se me es reseñado que el amigo del otro lado por lo menos leyó el título, algún día menos pensado con el artículo mejor elaborado, de pronto lo pueda atrapar en el embrujo de comunicación bilateral desmaterializada, sin ninguna pretensión de escritor, sólo el agradecimiento de poder conversar.

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