Esclavitud social

Con este término tan sugestivo denominó una amiga a esos compromisos sociales constantes que te llevan de corre corre por la vida. Y realmente es ESCLAVITUD, pues piénselo bien, es difícil zafarse de los compromisos con amigos y familiares sin que se ofendan o molesten por ello. Recién terminó diciembre, lleno de eventos festivos, y bien cerca tiene las referencias para ilustrar lo que digo.

Al menos para los cubanos que celebran cualquier fecha, no importa si es religiosa o patriótica, si es de la cultura hispana o anglosajona, los compromisos sociales constituyen todo un reto. Lo mismo esperan a Santa Claus que a los Reyes Magos y celebran Thanksgiving con carne de cerdo y yuca, y Noche Buena, Noche Vieja y Año nuevo a ritmo de conga aliñado con mojitos. Si su temperamento y disposición es siempre festiva no tendrá problemas, pues oportunidades no le faltarán, lo malo es cuando es amigo del recogimiento y también disfruta de la paz de leer un buen libro, una caminata a solas o escuchar música no bailable. Sin mencionar tus responsabilidades de trabajo o estudio que te dejan poco tiempo para quedar bien con todos.

En esta nueva Era de las Redes Sociales, eludir una invitación sin ofender es casi una heroicidad. Pues aunque nos seas amigo de publicar tu vida privada, siempre hay quien sube una foto del evento al que asististe y ya lo sabrá media humanidad. Sobrarán los dolidos de no haber ido a su cumpleaños o porque su casa quedaba más cerca y elegiste ir a la otra fiesta, quizás porque era más refinada o porque son más amigos tuyos que yo. En fin, esclavitud social que te lleva a vivir buscando eternas justificaciones o echarte el mundo a la espalda y quedar bien contigo mismo e ir donde te dé la gana, cuando te dé la gana y como te dé la gana y los demás que se acostumbren a tu libertad de elección.

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