ESCÉPTICO

 

Hace ya muchos años que conocí mi arrogante escepticismo hacia todo aquello que la gente implora cuando agoniza.

Caminaba cerca de unos lagos, rodeados de áridas montañas desde las que se podía divisar los rojos módulos de la prisión de Fontcalent cuando a lo lejos vi una gran casa abandonada. Las paredes de piedra dejaban ver a través de ellas un oscuro abismo, inciertamente alumbrado por los escasos rayos de sol que atravesaban los gruesos tablones de madera que formaban el tejado.

Mi ansia por descubrir me iba acercando a aquella macabra masía, la que muy pronto me mostraría un aterrador páramo. El acceso era difícil pero mi inquietud era mayor que cualquier obstáculo y tras varios intentos en vano me vi obligado a descolgarme desde uno de esos gruesos y ásperos tableros del tejado.

Al caer en aquel diáfano lugar me envolvieron cientos de sensaciones que jamás había tenido. La luz era escasa pero aún así se podía ver lo sucedido. Giraba la cabeza de uno a otro lado sin querer creer lo que veía. En las viejas paredes que no estaban negras por las llamas se podían leer escritos con color rojo sangre y en alguna lengua extraña que no conseguía entender pero me parecía satánica. En el suelo había restos de una gran hoguera alrededor de la cual se veían cabezas biseccionadas de palomas y gallinas. Las cruces estaban pintadas al revés y cerca de la hoguera había un dibujo en blanco, era la famosa estrella del Demonio. Ya lo entendía todo, algunos dementes se habían reunido en aquel remoto lugar para invocar a Satanás, Lucifer, Belcebú o como coño lo llamen.

Entonces en mi cabeza retumbó fuertemente una curiosa duda. Si esa gente pretendía invocar a dicho ser, ¿también creerán que existe un Dios?.

Fue curioso imaginarse a un hombre barbudo y desarrapado luchando cuerpo a cuerpo contra una malvada cabra de dos patas. Salí de aquel lugar algo confuso ya que pensaba que debía haberme asustado o, por lo menos, no haberme reído, pero era inevitable debido a mi escepticismo hacia todo aquello no sostenible.

La finalidad de este relato no es más que asumir mi error, ya que la vida me ha demostrado que existe el Demonio, el cual ha poseído durante toda la historia a despreciables almas ansiosas de poder que han conseguido hacer de la vida un puto infierno.

Relato extraído del libro "Mis Travesuras - un grito a lo inmoral pero más cotidiano" de Manu Travesuras.

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