Catwoman

PASIÓN SIN LÍMITES...

La bella frontera del erotismo.

 

Ya no había marcha atrás. Una tarde gris, un hotel y un misterioso encuentro entre dos inquietos e intrépidos amantes. Todo estaba dispuesto para que fuese una aventura mágica, una noche erótica para dos. No era una cita convencional. Una hora señalada en una habitación perdida en medio de la nada. Una serie de pistas que conducían al Templo del Hedonismo. Cada detalle estaba medido a la perfección: la temperatura de la sala, el aroma, la música… conformando un momento de sano y pícaro equilibrio entre dos mentes alocadas con anhelos de profunda intensidad. Las puertas del intrincado mundo de la pasión estaban a punto de abrirse...

Todo transcurría de manera natural. Habían llegado muy cansados del largo viaje y necesitaban reponer fuerzas. Mónica no parecía estar dispuesta a perder el tiempo soñando cuando podía cumplir sus más anheladas fantasías. En el momento más inesperado, le mostró a nuestro hombre una sorpresa que tenía preparada. La reacción de él fue todo un vendaval de sensaciones que ascendió súbitamente por todo su cuerpo. La situación cambió por completo. Él y Mónica ya habían roto el hielo y se encontraban pletóricos contemplándose mutuamente, con miradas profundas, empáticas y cómplices. Ella le hizo un pequeño guiño con su ojo izquierdo, acompañado de una tierna pero juguetona sonrisa, a la vez que le mostraba pausadamente su ropa interior negra de encaje. Esta visualización fue más de lo que nuestro hombre estaba preparado para admitir en tales circunstancias, así que decidió abalanzarse sobre Mónica, ante lo que ésta respondió con un leve arañazo en la espalda. El galán no paraba de besar con fervor partes fundamentales de la estructura anatómica de Mónica, accediendo con gran maestría a sus zonas erógenas y haciendo que ella empezase a lubricar de una forma escandalosa. Su instinto animal se apoderó de cada partícula... la jaló fuertemente por el moño y la arrastró con poder hacia la cabecera de la lujosa cama. La hizo sentar a horcajadas de él... y se dispuso a lamerle el ombligo con exhausta pasión... a lo que esta respondió con un discreto pero potente suspiro, que fue increscendo por momentos. Él bajó su nariz por los muslos de Mónica y los lameteó como si no existiese el mañana...

 

La temperatura de la habitación ya no daba más de sí. El erotismo que desprendía cada instante de su encuentro erizaba cada vello de sus tórridos cuerpos. Mónica estaba recibiendo un intenso masaje a manos de nuestro hombre. Los poros de su piel se abrían cada vez más, a la par que su vello corporal se erizaba hasta tal punto que su imaginación desconocía. Las delicadas pero sabias manos de él actuaban profundamente y abarcaban cada centímetro del ser de Laura, induciendo en ésta un inmenso estado de bienestar. El poderoso macho se dispuso a quitarle violentamente la blusa, y con una tierna mirada de descaro la tiró encima de la cama, a la vez que pasaba su mano izquierda por el trasero. Ambos se besaron apasionadamente durante varios minutos; sus lenguas se humedecieron casi al instante, y el vaivén hizo que la excitación superase cualquier límite imaginable. Sin perder un solo segundo, hizo un completo recorrido por la suave anatomía de Mónica, palpando con delicadeza pero con decisión, y olfateando profundamente cada poro de su piel. Ella, llegado a este punto, tenía bien claro lo que quería hacer…

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