El erotismo de Lolita no es para gente gay

Antes de escribir cualquier comentario hacia el título o sobre la universalidad de la literatura y, por consiguiente, lo absurdo del encabezado, lean el Goo completo así esa energía que iba a utilizarse en el enojo será canalizada para otra cosa.

Siempre he tenido la costumbre de andar acompañado por alguien, en el verano de 1995 andaba conmigo Navokov. Leí Lolita por primera vez en la universidad, en ese entonces estaba en una etapa de consumidor de literatura erótica, y varias personas me recomendaron la novela como necesaria para ese género. El libro ciertamente ofrece una narración extraordinaria y tiene unas descripciones que estoy seguro provocan dureza en muchos y humedad en otras, pero no en mí.

Había escuchado muchas veces lolita, pero como adjetivo, y más por asociación de ideas que por saberlo de cierto, fui dando forma a mi definición personal de lo que era; esa palabra convierte algo ilegal y políticamente incorrecto, en algo socialmente aceptado y deja ver que esa filia es muy común, demasiado. El calificativo logra que ese deseo pierda su prohibición al ser confesado públicamente, incluso resulta muy sensual el invocar esas tres sílabas, como lo narra magistralmente Vladimir Navokov al inicio de la novela:

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.

Unos meses después vi Muerte en Venecia, la adaptación cinematográfica que hiciera Luchino Visconti de la obra de Thomas Mann; lo que la imagen de Tadzio hizo con mis emociones fue inhumana. No pasó desapercibida la presencia de ese hermoso ser, era el ideal de la belleza hecho humano, pero un adolescente menor de edad a fin de cuentas; cuando ese mancebo juega en la playa seduciéndonos a todos, se volvió el deseo encarnado no solo para Von Aschenbach. Esa escena provocó una descarga eléctrica en mi ser, agradecí infinitamente que los residuos de aquel sentimiento sin consumar no me delataran; durante la proyección era fácil pasar de incógnito, pero las luces ya encendidas me obligaron a permanecer en mi asiento varios minutos después de leerse los créditos en la pantalla, eso o hacer evidente lo que un niño me había causado, y tras esa obviedad soportar las miradas moralinas acusatorias de los demás en el recinto.

Varios años pasaron y por algún inexplicable motivo retornó ese libro de Navokov a mis manos, con ello recordé los comentarios de muchos amigos sobre la voluptuosidad de esa obra y volví a leerla. Esta vez apliqué una libertad de lector, la cual consistía en sustituir algunas veces a Lolita por Tadzio, con esto se redimensionó la novela y he de decir que en ocasiones cumplió una promesa hasta entonces no saldada conmigo.

Literariamente contiene lo mismo, aunque no es igual para todo mundo. Aseguro categóricamente que el valor agregado de ese libro es nulo en un homosexual hombre, por ello reitero que Lolita no es para gente gay, ahora seguro se entenderá a lo que me refiero.

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