Su fama de ladrón de arte ya queda atrás. Actualmente tiene 75 años, ha tenido siete parejas y cinco hijos. René-Alphonse Vander Bergle, más conocido como Erik el Belga se hizo famoso por los robos de arte que protagonizó y confiesa que casi siempre robó las obras por encargo de coleccionistas caprichosos. "Por amor al arte" es una interesante biografía de este intrépito ladrón que ha tenido una vida novelesca. Actualmente pinta vírgenes y santos y su firma es muy cotizada.

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En 1975 se escapó de la cárcel en Alemania y llegó a España donde aprovechando la poca seguridad que tenían en aquel tiempo las Iglesias, protagonizó robos de todo tipo. También utilizó bandas de ladrones a los que les compraba sus robos de obras de arte. Confiesa también en su biografía haber negociado con curas y obispos la compra de objetos que luego figuraban como robados.

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Desde 1982, su vida ya es legal en España. Se dejó detener en Barcelona y tras negociar con el fiscal quedó limpio de causas. Para ello colaboró en la recuperación de valiosas obras al conocer donde localizarlas. Su amor por el arte lo aprendió de la mano de su abuelo, y la pintura por su madre, por lo que se inclinó por las antigüedades desde muy joven, después los caprichos de adinerados clientes hicieron nacer en él la carrera de ladrón de arte.

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En una ocasión, siendo perseguido por la policía, una bala no le llegó a matar por tropezar esta con una virgen gótica que tenía escondida en el pecho. Las memorias de Erik el Belga son escritas con la colaboración de la abogada española Nuria de Madariaga, que es la pareja actual de Erik, y en uno de sus capítulos cuenta como en los años sesenta viajó a España para tomar contacto con el obispo de Calahorra, Obilio del Campo y la Bárcena, y este obispo por cien millones de pesetas le proporcionó tallas policromadas, retablos, pilas bautismales, altares completos, piezas únicas acrílicas, custodias, candelabros góticos y una gran cantidad de piezas valiósas que fue un gran expólio de la Diósesis de Calahorra.

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Con un testimonio detallado y directo, Erik cuenta en sus memorias los tejemanejes del clero español con la venta de arte sacro de forma fraudulenta , haciendo luego constar como robo.  También relata como los grandes robos de arte son siempre por encargo y que seguramente el cuadro robado "El grito" de Munch nunca aparecerá pues seguro que está en poder de algún coleccionista caprichoso.

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