Usted dice: –Yo no pedí nacer, entonces ¿por qué debo vivir? Eso lo pregunta porque usted es infeliz. Su vida le parece insoportable. Seguramente las causas de ello son numerosas: falta de amor, incomprensión, abandono, duelo, enfermedad, fracasos sucesivos, temor al porvenir… No puede aceptarse como es. Se siente atormentado, asfixiado, ¡solo!… y cree que nadie puede amarlo. Hasta dice a veces que preferiría morir antes que vivir.

En medio de su angustia, quiero darle un mensaje de esperanza: –¡Usted es amado! ¿Quiere dejarse amar –tal como está usted ahora– por alguien que dio su vida por usted? Su nombre es Jesús.

Quizás me contestará: ¡Jesús murió! Sí, Jesús estuvo muerto. Pero resucitó y ahora vive. Hoy usted le puede hablar, porque Él le escucha. No es difícil: vuélvase hacia él desde lo más profundo de su corazón, háblele de su angustia, de su cansancio de la vida, de todo lo que experimenta. Ore, pídale su ayuda… Su petición alcanzará su corazón, porque él lo comprende. Él está muy cerca de usted; quiere y puede consolarlo.

Lea sencillamente los evangelios y así aprenderá a conocer a Jesús y él le conducirá hacia Dios, el Padre de todos aquellos que creen.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: