Erase un pequeño, inclinado y desgarbado ser vivo, que vagaba por las calles de una pequeña ciudad del planeta tierra, con la pesada carga a cuestas de la arrogancia que no le permitía amar.

Cansado regresaba a su castillo en las horas de la noche, no pudiendo degustar los sabrosos manjares que sus seres queridos le tenían preparado, tampoco podía conciliar el sueño y una eterna noche velaba.

Cada mañana, a temprana hora desayuna una gran porción de odio y cancinamente salía a su labor de vagar con su inseparable compañera la soledad, teniendo que soportar los detestables seres terrenales que lo rodeaban.

El facultativo que a lo lejos lo veía vagar, por el impedimento de podérsele acercar con su aceptación, diagnosticaba sobre la marcha para este pobre ser pequeño, que su mal era el peor de todos, un orgullo intenso que le carcomía las entrañas.

Orgullo de creerse un descendiente directo de dios, al que no se le podía fallar, la falacia de su locura que lo alimentaba con la idea de ser perfecto, no lo dejaba entender y comprender la retroalimentación de los procesos del amor.

Condenado en vida por los dioses de su olimpo imaginario, cada día a cargar un mayor peso, con el castigo de estar igualmente más cerca de los pies de los despreciables seres terrenales que lo rodeaban.

El facultativo que lo observaba a diario vagar, tenía el antídoto perfecto para su mal, una pequeña dosis del amor de dios, pero éste siempre se negaba a recibirla, por la falacia que le alimentaba la idea de su composición de un ser celestial.

Cada día su transformación en un monstruo que asustaba a niños y ancianos, era muy evidente, su cara alargada por su consuelo consuetudinario con sus manos, desproporcionaba su simetría con su cuerpo.

Muerto en vida, evitaba todo contacto con los despreciables seres terrenales que lo habían ofendido, perdiendo aceleradamente su capacidad de hablar, el calor de su cuerpo y la energía del movimiento.

Ante sus súbditos universales, las estrellas, los arboles, las piedras y algunas aves, trataba de encontrar la respuesta a su tristeza, elocuentes discursos filtraba por sus pesados labios, con un profundo silencio de aparente aceptación de sus interlocutores.

Al parecer el infortunio lo acompañó desde sus orígenes, pues su presencia en la tierra se debió a un resbalón de la cuna del olimpo, en el lugar equivocado el pobre, rodeado de los despreciables seres terrenales.

Al crecer, en un día de verano, creyó encontrar el amor perfecto y eterno, que le permitiera cometer todos los improperios por su gran linaje, pero jamás recibir alguno, olvidando que estaba rodeado de los despreciables seres terrenales.

Creyéndose dotado de una gran “formación académica”, sobre todo en temas espirituales, que lo protegerían contra todo intento de agresión, no soportó los procesos de retroalimentación del amor.

Desde entonces hace largos años hasta ahora, vaga por las calles de una pequeña ciudad del planeta tierra, con su única compañera la soledad, por temor a los despreciables seres terrenales.

Nadie sabe hasta el momento si algún día podrá ser el mismo de antes, lo cierto del caso es que se dice que el facultativo que lo observaba a diario, por no poder acércasela para diagnosticarlo, está cerca del sueño eterno.

Hoy informamos el deceso del facultativo y en su testamento en un rinconcito secreto, lejos de los ojos curiosos, se lee: “El pequeño, desgarbado e inclinado ser vivo está a punto de enloquecer al descubrir que es el ser terrenal más miserable del hermoso planeta azul”.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: