En un pueblo de montaña existía, no hace mucho, un viejo minero, que gustaba de contar una historia muy curiosa. Esta tenia relación con un tal Mario R. , minero también y de un pésimo humor, que bajaba al pueblo cada cierto tiempo, para emborracharse y gastar todo el dinero que hacia de la venta de su escaso oro. En una de esas borracheras, Mario le contó la historia al viejo.

Mario R. trataba de revivir una mina de oro que estaba abandonada, como a dos días de camino del pueblo. Cuando sacaba las rocas las cargaba en unos sacos que se los echaba al hombro, y así bajarlos del cerro a la pequeña casa que habitaba. Cierto día que tuvo que salir de su casa para poder cazar algo para la cena, le disparo a una osa. Después se dio cuenta que la osa muerta era madre de un osezno. Como el pequeño animal estaba tan asustado e indefenso, Mario decidió recogerlo para poder criarlo. Lo alimentaba básicamente con unas batatas que este guardaba en una cueva cercana.

Cierta vez, en que Mario sentía un gran dolor de huesos, producto de su penoso trabajo de cargar tantos sacos al hombro, tuvo la idea de hacer trabajar a su musculoso huésped. Fabrico una especie de trineo para que este, con su trabajo, se pudiera ganar toda la cantidad de comida que consumía. Claro que al amigo oso no le hizo mucha gracia el nuevo trato. Emitió gruñidos, protestas e intento mascar las correas de los arneses, pero finalmente, Mario consiguió que arrastrara el trineo. Y como recompensa, en la noche, el joven oso recibió una abundante cantidad de batatas por su trabajo.

Un día, cuando el desarrollo del oso estaba prácticamente completo, Mario comenzó a llamarlo para salir a trabajar, pero el gran animal no aparecía por ninguna parte, finalmente lo encontró haciendo una placentera siesta en un bosque cercano.

Mario, algo molesto le llamo la atención diciéndole que era un remolón, y lo despertó dándole una patada en sus peludas nalgas. El oso sobresaltado protesto con un fuerte gruñido, se levanto y furioso se paro enfrente de Mario mostrándole todos los dientes.

Mario más furioso que el oso le grito que como se le ocurría semejante estupidez, con una gran impaciencia. El molesto oso se le fue encima dando manotazos de manera amenazadora, y fue en ese instante en que Mario perdió por completo la paciencia, busco por el suelo una rama y la encontró. Con la vara que había recogido se fue encima del oso diciéndole que era un malagradecido, comelón y perezoso, y que lo que menos podía hacer era ir a trabajar para ganarse la comida que tenia por montones en su casa, así es que se preparo para darle una buena lección.

Después de varios varillazos, que lo obligaron a bajar hasta la casa, Mario le puso su arnés para salir a trabajar, y durante todo el camino, el oso rezongo y protesto como nunca. Mario, para que supiera su amigo oso quien era quien mandaba le puso una doble carga al trineo. El oso traslado todo ese peso entre protestas y gruñidos de verdadera molestia, y al final, severamente castigado por la gruesa varilla de Mario se puso a llorar como un niño. De esa manera llegaron los dos a casa, de la forma en que Mario quería.

Y fue en ese momento en que el verdadero oso de Mario salio de la cueva, en donde este guardaba las batatas, contento y feliz. Levanto sus patas en señal de alegría al volver a ver a su generoso y comprensivo amo.

Eldoctorjones                                                Te invito a mi blog.

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