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Desde siempre hemos escuchado que España es un país de envidiosos, pero lo cierto es que en todas partes existen personas que por una razón u otra, o por un sentimiento de inferioridad, experimentan cierta tristeza por la felicidad de otro. La envidia no le produce ninguna satisfacción al envidioso, sino por el contrario lo llena de amargura y suele contar con frecuencia mentiras de la persona víctima de su resentimiento. Se siente infeliz y con impotencia al no poder alcanzar ciertos bienes o cualidades de la otra persona y en esta especie de guerra el envidioso es el que lo pasa peor.

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Este sentimiento del ser humano, desde Caín y Abel, ha inspirado muchas obras literarias donde la envidia aparece. Dante, en el poema de El Purgatorio define la envidia como "Amor por los propios bienes pervertido el deseo de privar a otros de los suyos". En todos los casos, si la víctima de un envidioso se encuentra con contratiempos y embestidas del envidioso, este lo pasa aún peor ya que no vive para si, sino constantemente está pendiente del otro. Y no duerme tranquilo, llegando a soñar pesadillas donde aparece el envidiado como triunfador en todas sus acciones.

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La envidia es madre de otras muchas maldades que pueden arrastrar a cometer al ser humano ya que el envidioso, como se siente desgraciado solo desea el mal hacia el otro, y en ocasiones pueden derivar en agresiones físicas y en personas de poca inteligencia o bajo nivel cultural pueden llegar hasta a causar la muerte a la persona envidiada. En realidad, la envidia es un fenómeno psicológico que descontrola y hace sufrir al que la padece y por consiguiente a la víctima.

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Se puede dar entre hermanos, entre amigos y hasta entre vecinos si estos poseen un nivel de vida más alto que hace que sean envidiados. Se dan casos hasta entre el matrimonio si uno de ellos se ve eclipsado por el éxito o la fama del otro. El individuo envidioso  es siempre un insatisfecho que ni se da cuenta de su situación y alimenta el rencor hacia otra persona y la intenta destruir como sea. Por todo ello, cuando un triunfador en el campo que sea, se vea cerca del éxito, tiene que estar prevenido y preparado para el enfrentamiento pues los dardos invisibles del envidioso llegarán desde donde menos se lo espere.

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