No entrar al trapo

El ser humano salta como un resorte cuando escucha o ve algo que le resulta ofensivo

La primera reacción que se produce cuando alguien dice o hace algo que provoca, es la de devolver el ataque con una andanada aún mayor. 

En este tipo de situaciones lo mejor es aplicar aquello de: "No hay mayor desprecio que no hacer aprecio", aunque es una frase que no a todo el mundo le gusta. Al fin y al cabo lo que quieren algunas personas es que las dejen vivir en paz. 

A diario hay cientos de provocaciones

Algunas personas, viven para provocar, disfrutan viendo las reacciones que se producen en los demás sus contínuos ataques. 

Suelen realizarlos aquellos que se consideran así mismos, íntegros y defensores de la moral, o simplemente tienen un ego demasiado grande. 

Son personas que se preocupan más de la vida y forma de actúar de los demás, que de la suya, algo que no deja de provocar tristeza, es complicado de entender, como existe este tipo de gente, que prefiere dejar de vivir su vida para vivir la de los demás. En realidad, son personas vacías que no tienen ningún respeto por ellos mismos y por los demás. 

No entrar al trapo

Quedarse callado y no responder a los constantes ataques no siempre es sencillo, porque cuando se entra al trapo la armonía que cada uno tiene, se pierde, y cuando se responde al ataque la sarisfacción de devolver el golpe se desvanece rápidamente. Pero por lo menos se ha conseguido el objetivo de callar la boca al provocador. 

Al fin y al cabo, el que ataca a los demás lo único que está haciendo es atacarse a él mismo y eso sí que produce mayor satisfacción. 

La decisión la debe tomar cada uno y entrar al trapo o no hacerlo es algo muy personal, en definitiva cada uno debe hacer lo que le apetezca en ese momento. 

 

 

 

 

No entrar al trapo

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