El bajista de los Sex Pistols

A mediados de la década de los setenta hizo su aparición el punk (en español “basura”), un nuevo estilo que iría más allá de ser un simple género musical, convirtiéndose en un estilo de vida. Hay que tener en cuenta que en la década de los setenta se producen una serie de transformaciones sociales que influirán en todos los aspectos de la vida, como la aparición del paro –que había sido casi inexistente en la década anterior- o el menor interés por parte del gobierno en el mantenimiento y la calidad de los servicios sociales en países en el caso de Inglaterra. Los músicos punk se caracterizaban por su inconformismo y su irreverencia. Durante la década de los setenta no era infrecuente que los miembros de Sex Piltols o The Clash visitaran las comisarías de policía.

Uno de los aspectos en los que el punk supuso una ruptura con todo lo anterior sería el de la nueva forma de vivir los conciertos en directo. Si observamos la portada del LP de Deep Purple “Made in Europe” de 1975, podemos observar que el público está sentado en las butacas como si estuvieran asistiendo a una función teatral. Cuando llegó el punk esto cambiaría. Durante los años setenta el público destrozaba las butacas en prácticamente todos los conciertos punkies que se celebraban. En ocasiones alguno de estos grupos, como The Clash, se vieron obligados a contratar seguros para cubrir los desperfectos que ocasionaban sus fans.

También en esta época se pondría de moda en los conciertos punk la costumbre de lanzar escupitajos a los artistas como forma de disfrutar del espectáculo. Dicha costumbre la iniciaron The Stranglers, que comenzaron escupiendo al público. Poco a poco se fue convirtiendo en algo común. Los miembros de The Clash han descrito en alguna ocasión como sus camisetas, llenas de escupitajos, se quedaban llenas de pequeñas costras que formaban los gargajos ya secos. El propio Joe Strummer aseguró haber caído enfermo después de tragarse un escupitajo lanzado por alguien del público. En los años ochenta aparecerían otros punkies, como G. G. Allin que hicieron sus conciertos aún más vomitivos, incluyendo excrementos y orina.

Otro elemento que hizo característico a los conciertos punk de los años setenta fue el de la violencia. Frecuentemente surgían broncas entre los fans y los miembros de seguridad de las salas. También fueron características las peleas entre punkies y policías. En los años ochenta en California la violencia punk llegó a sembrar el caos en las calles en numerosas ocasiones, incluso llegó a haber asesinatos con motivo de la celebración de algún concierto.

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