El más antiguo sistema de protección de la madera respetando el aspecto natural de la misma es el encerado; consistente en aplicar a la superficie una capa de cera de abejas o cera virgen, frotándola fuertemente para que se fluidifique e impregne la madera.

Con el tiempo el encerado fue perfeccionándose, dando lugar a los barnices do cera llamados encáusticos, en los que la cera se mezcla o se disuelve en aceite de linaza, o bien en aguarrás o esencia de trementina, formando una preparación fluida en caliente que se aplica en tal estado con brocha, frotándola fuertemente después de seca. Este sistema facilita el encerado y mejora la calidad y aspecto del mismo.

El encerado se aplica especialmente a las maderas que se acaban en su color natural, sin teñido, en muebles de aspecto rústico y en muebles de estilos antiguos, de épocas en que no se conocían o aplicaban los barnices de laca.

La ejecución de un buen barnizado a la cera no deja de tener sus dificultades, pues debe lograrse una perfecta penetración y protección de la madera sin que quede exceso de cera que produzca sensación de pegajosidad al tacto. Con este tipo de acabado se obtienen superficies de un tacto suave y un moderado brillo mate muy agradable.

 

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