Medianoche y tú rumbo al quirófano.

Acompañándote voy junto al camillero.

En ese trayecto, tantas imágenes del pasado

llueven sobre mi mente y estoy agobiado.

Te amo, te amo, pienso y no te lo digo,

sólo a tus ojos miro,

la noche está más negra que un mirlo.

Cerrarán tus ojos la anestesia,

quizás para no abrirlos en este mundo.

Tengo susto amor, y no te lo digo,

sólo miro a tus ojos y te sonrío.

Tú puedes amor, piensa en nuestro hijo,

en cuánto te necesitamos…,

un beso y rumbo al quirófano,

soltando nuestras manos.

Me quedé solo en esa blanca sala de espera,

silencio penetrante en el hospital,

cantos de aire acondicionado,

ecos de pasos lejanos.

Puertas que se abren,

puertas que se cierran,

el todo y la nada en este instante

se agolpan en mi alma.

Rezo, pido a Dios que la muerte no te lleve…

quiero que te quedes conmigo.

Invadieron los médicos tu cuerpo

en busca del enemigo, la muerte.

Disfrazada de cálculos y carcinomas

estaba la hipócrita bestia.

Gran batalla dio tu alma

dando besos de amor a la muerte.

Pensé y reflexioné hondamente

Es cierto… ¡el amor es más fuerte!

Se asomó el doctor…

¿Y doctor?-dije-.

¡Todo bien!- respondió-.

Brotaron lágrimas de mis ojos

con mirada agradecida.

Todo se torna claro,

las tormentas de mi paisaje interno

emprenden la retirada,

pues hoy vencida está la muerte.

Cogí tu plácida mano,

retornaste victoriosa,

sentí tu calor humano

¡Hoy la vida es hermosa!

 

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