Como si fuera un feliz parto del desierto, esa sábana de arena y piedras se convirtió en el escenario para que en un apoteósico esfuerzo de planeación e ingeniería, el gobierno Chileno con sus técnicos, dirigentes, médicos y familias le arrebatara a la tierra 33 vidas que intentaba retener.

Mas que el despliegue mediático, mas que el deseo de empresas que quisieron oportunistamente uniformar a los familiares con logotipos como si fueran vallas publicitarias, mas que el mismo hecho de que en el lugar se hubieran reunido mas antenas de medios de comunicación que en el mundial de fútbol, lo que celebra el mundo y los Chilenos, es el triunfo de la vida sobre la incertidumbre, de la voluntad y decisión de rescatarlos sobre el abandono y la desidia empresarial, el hecho además de haber tomado esta decisión de sacarlos con vida como una cuestión de honor para un pueblo que los esperaba ansiosos.

“Dios y el diablo me pelearon y ganó Dios”, dijo Mario Sepúlveda segundo minero rescatado, según lo informó el periódico El Tiempo de Colombia en su edición digital; y fue precisamente él, Mario, el personaje que se convirtió en esa muestra irrefutable de dignidad, de optimismo, de alegría, de ejemplo vivo para sus cercanos y para el mundo. Solo un corazón y un espíritu muy grande puede en un momento tan difícil hacer gala de tan buen humor, salir dando gritos y alaridos para alegrar a quienes lo esperaban, tener la energía de pararse frente a los presentes a encorar arengas de “Viva Chile” y como si fuera poco, llegar con regalos para quienes lo recibieron en la boca del túnel. No es preciso estar en un centro comercial para entregar en un obsequio el corazón y estoy seguro que esas piedras que recibieron unos pocos privilegiados como un presente de las entrañas de la tierra, tienen más valor (aunque no precio) que un Rolex ó un BMW.

Las enseñanzas son múltiples y habrá rato para digerirlas. En mi condición de simple ciudadano del mundo, alcanzo a resaltar por un lado la evidencia de lo justo de los reclamos por mejores condiciones de trabajo que demandan no solo mineros sino muchos trabajadores en todo el mundo, donde lo más importante sea la dignidad del ser humano y el respeto a la vida. La tacañería y la obsesión de tantas empresas por minimizar costos sacrificando la integridad de sus colaboradores es refutada contundentemente después de evaluar los costos que tiene una operación de rescate como la que en este caso se ha realizado.

De otra parte, considero que merece un aplauso todo el equipo humano que realizó esta hazaña, desde el Presidente Piñera independientemente de lo que políticamente pueda pensar alguien de él, hasta los ingenieros, operarios, planeadores, y rescatistas de la operación. El mundo entero lo único que percibió fue un gran ejemplo de mesura, sobriedad, análisis, sin dejar escapar el mas mínimo detalle, en la preparación de este parto de la montaña. Como si fuera para cada uno de ellos y para un país entero un nacimiento feliz para recobrar el optimismo, la confianza en lo que con decisión, se puede llegar a hacer.

Y esperemos que este ejemplo de Chile para el mundo, se convierta en el detonante para que como en la mina, explote la energía y tengamos muchos Marios Sepúlvedas gritándole a la vida, llamando al optimismo, resistiéndose a aceptar aún en las peores circunstancias, la resignación como último recurso.

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