Empatía una buena virtud, sus riesgos

Según el sociólogo estadounidense Jeremy Rifki, la empatía es un concepto único y relativamente nuevo en la forma de expresión de cualquier lengua humana, que se habla hasta ahora, y se empieza a emplear apenas en el año 1909. Aunque existen conceptos similares a la empatía cómo; compasión o altruismo, ninguno de estos ofrecen la significación precisa de lo que se quiere expresar, cuándo en la actualidad se utiliza el término ‘empatía’.

Cuando hablamos de empatía se hace referencia a una habilidad tanto cognitiva como emocional del individuo, en la cual este es capaz de ponerse en la situación emocional de otro. Esto es muy diferente a ideas previamente empleadas, como la misma predecesora del término, la ‘simpatía’, la cual se entiende como una sensación de lástima propia ante la situación desagradable de otra persona.

El surgimiento del concepto de empatía al parecer está ligado al desarrollo de áreas de la ciencia, de aparición resiente igualmente cómo, la psicología o la etología (Estudio científico del carácter y modos de comportamiento del hombre). Según algunas hipótesis de estos propios campos de estudio, esto podría deberse a que la capacidad de empatía depende en gran medida de un desarrollo de la conciencia del yo (Psicología: Parte consciente del individuo, mediante la cual cada persona se hace cargo de su propia identidad y de sus relaciones con el medio).

La empatía, no es un proceso automático que informa sobre los estados emocionales de otro individuo. Es una habilidad que se desarrolla paulatinamente a lo largo de la vida y, que mejora cuanto es mayor el contacto que se tiene con la persona que uno ‘empatiza’.

empatía

La empatía y sus riesgos

A la mayoría de las personas –exceptuando a los psicópatas por ejemplo- les afecta el dolor ajeno. Como ya sabemos el término empatía es de resiente introducción en la psicología, hace apenas un siglo y, ha ido ganando puntos. Hoy cabalgando a lomos de la inteligencia emocional, es la virtud de moda. Las razones científicas que, avalan su importancia tienen que ver con su contribución al vínculo social. Para muchos investigadores, la falta de identificación con los demás, es la culpable de nuestros males.

Ponerse en lugar del otro, resulta imprescindible para vivir en sociedad y hasta puede mejorar nuestra salud, pero pasarte de ‘empático’ puede perjudicarte. La clave está en el equilibrar la empatía racional con la emocional. Un caso desgraciado ilustra este planteamiento. En noviembre de 1923, los Ballin, una familia judía alemana, tuvieron una buena oportunidad para demostrar su nivel de empatía. Un individuo llegó malherido a su casa, una bala le había atravesado la pelvis. Lo acogieron y escondieron mientras se curaban sus heridas –de no haberlo hecho habrían sido mortales- y, al saber que era buscado por la policía lo ayudaron a huir del país.

sentimiento

Protegieron al extraño por pura humanidad, no hubo motivaciones económicas, ni ideológicas de por medio. Probablemente, en los siguientes años, los Ballin se cuestionaron a menudo la oportunidad de aquella acción altruista.

El herido al que habían salvado era Hermann Göring, que luego se convertiría en uno de los jerarcas del régimen nazi. El futuro lugarteniente de Hitler había recibido un disparo de las fuerzas del orden durante el intento de golpe de Estado del Partido Nacional Socialista, el llamado Putsch de Múnich, desarrollado entre el 8 y el 9 de noviembre. La solidaridad de los Ballin sirvió para que pudiera recuperarse y huir el que iba a ser uno de los máximos responsables del Holocausto.

Fuente Historia: Wikipedia-Muyinteresante.es

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