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ELLAS DOS Y MICHAEL

Vivíamos en el mismo pueblo, en la misma calle, en la misma cuadra, nos conocíamos desde pequeños. Carol, Ligia, y yo; con el tiempo formamos un trió inseparable, juntos en los juegos, en la escuela, en las fiestas, la gente en nuestro rededor se acostumbró a mirarnos siempre juntos, por cierto era objeto de la más cochina envidia por parte de mis amigos, reconocían que tenía una suerte enorme por andar con las muchachas más bonitas de nuestro pequeño pueblo. Las dos eran a su modo preciosas; Carol a los quince años tenía una belleza explosiva, con redondeces en su sitio, bien puestos, pechos grandes, cintura estrecha, caderas voluptuosas, piernas como columnas bellamente torneadas, una mata de pelo negro que le llegaba por debajo de los hombros, ojos extrañamente azules, tal vez herencia de su padre que los tenía del mismo color, su boca, todo en ella era hermoso. Ligia por el contrario era más bien rubia, de pelo castaño claro, alta, derecha y, flexible como un junco, bonita, delgada sin extremo, diría que más bien es una falsa flaca, blanquísima, ojos pardos, un rostro bien proporcionado, apariencia juvenil, siempre alegre, con unos sentimientos bellos, yo; siempre le digo que está hecha de amor. Por mi parte, soy un hombre común y corriente, lo resaltante tal vez es que tengo un cuerpo bien construido, forjado con la práctica de ejercicios de los diferentes deportes que hago, destacando en algunos de ellos

Fuimos creciendo con el paso del tiempo, se fueron definiendo nuestras preferencias, los deseos, gustos, lo que antes era limpio e inocente se convirtieron en apetencias naturales cuando se involucran macho y hembra, femenino y masculino, se delimitan los sentimientos y los afectos. Pasando los años, Ligia que ya no se despegaba de mí, convirtiéndose prácticamente en una extensión mía, tanto que todo el mundo nos declaró novios antes de serlo realmente. Siempre estábamos amorochados uno encima del otro: ya no éramos los compañeros inocentes sino machos y hembras, hombres y mujeres con todo lo que esto significa. Paralelamente nuestra relación con Carol con algunas variantes, era una relación de cómplices, apoyándonos en lo que fuera, sin preguntar, fielmente. Mi relación con Ligia la llevaba con sinceridad, limpia, considerada.

Luego nos tocó definir nuestras vidas, la realización de ellas, enfocarnos en la realidad de cada uno de nosotros, prepararnos para el devenir futuro, yo; me decanté por estudiar una carrera técnica, Carol tenía vocación por las carreras humanísticas, pero para el momento no se ha definido por ninguna, Ligia no tenía preferencia por nada. Pasaron cinco largos años. Carol se definió por ser socióloga, Ligia al final escogió una carrera corta en algo relacionado con la educación. Regreso a mi pueblo querido, casi con ansiedad, a lo largo de estos cinco años pasados, apenas si visité a mi familia, creo que cuatro veces y, en ellas con la única que coincidí fue con Ligia. A Carol no la había visto más, pregunté a varias personas amigas por ella y, solo decían que estaba en la capital. Mi decepción no tenía límites, después de lo ocurrido entre nosotros antes de irme del pueblo.

En una ocasión la madre de Ligia se la llevó en unas vacaciones; por una semana a visitar a unos familiares a una región apartada del pueblo nuestro. Por lo tanto de pronto me encontré solo, como huérfano, así es que por estos días no me separaba de Carol, ella estaba espléndida, por la cercanía empecé a descubrir en ella cualidades que ni siquiera sospechaba y, he aquí que sentí como si se abriera un nuevo mundo y al cual apenas me asomaba. Cuando andábamos los tres juntos, andábamos abrazados, tomados de las manos con confianza, es ahora cuando descubro que repentinamente nos invade un sentimiento de timidez, cuando la toco se sobresalta y se azora, igual yo; me daba miedo tocarla, Carol es tan bella, tan llena de vitalidad, toda ella exuda sensualidad, enerva mis sentidos y perturba mi conciencia, cuando me asalta la imagen de Ligia, me atormento. Todos los días estábamos juntos, en las noches salíamos a pasear al parque cercano y, hablábamos horas enteras a la tenue luz de los faroles, algunos estaban quemados, quedando varias zonas sumidas en sombra. Hoy como en los últimos cuatro días, nos fuimos al parque, desde el primer momento la noté rara, con los ojos brillantes, como si hubiera llorado; no hice ningún comentario, caminábamos muy juntos, rozándonos, en silencio; ella me tomó de la mano fuertemente, sin darnos cuenta llegamos a una de las partes más oscuras del parque, lejos de la vista del resto de los visitantes, me haló y nos sentamos en la hierba, recogió ambas piernas y se tomó las rodillas con los brazos.

amores

Se quedó en silencio, sus hombros se convulsionaban con el llanto, la recosté en la hierba y, la besé tiernamente primero, luego su cercanía me empujó a darle rienda suelta a todo lo que había sentido por ella en todos estos años, amor, pasión, frustración, deseo todo en uno, en una mezcla explosiva, avasallante; mi mano subió debajo de su falda tocando sus muslos suaves, tersos, su entrepierna, su intimidad húmeda por el amor y el deseo, su vientre plano y, entre lágrimas y gemidos la hice mía largamente, sentí plenamente su amor, su entrega, sin dejar nada guardado. Dios mío; junto a la dicha que sentía, contradictoriamente me asaltaba un sentimiento de culpa por Ligia, mi eterna enamorada. Nos quedamos laxos tendido uno al lado del otro – Carol se incorporó arreglándose la ropa – dijo – vámonos – me puse de pié – Carol escúchame – ella puso su mano sobre mi boca – no digas nada por favor – caminábamos lentamente y en silencio, al llegar a la puerta de su casa, le tomé una mano y dije – Carol lo de hoy fue una respuesta a todo lo que he guardado dentro de mí a lo largo de todos estos años –

Ella me miraba fijamente, en su mirada no había reproche, solo vi una mirada llena de ternura y una delicada sonrisa – Michael solo quiero decirte que todo lo que acaba de suceder entre nosotros, lo he ansiado desde que tuve conciencia de que te amaba, si algún remordimiento tengo es, solo por Ligia; que deseo fervientemente que la hagas muy feliz, lo pasado entre nosotros es mi tesoro, solo mío, en mi corazón hay un lugar muy especial para ti – suspiró – y, sin importarle nada, tomó mi rostro entre sus manos, me dio un largo beso en la boca y me dijo – adiós nunca me olvides mi amor y entró en su casa – Pasé una noche inquieta, febril, en mi cama recordaba en detalle todo lo que pasó entre nosotros, su cuerpo adorado, sus lagrimas, gemidos, todo. – Al fin amaneciendo, alcance el sueño. Al día siguiente, mi madre me informó de la partida de Carol – me preguntó – tu lo sabías – si, secamente – mi madre volteó asía mi, con una mirada especulativa.

Los días transcurrían en una llana rutina, a los seis meses me casé con Ligia, en una boda sencilla, tal cual fue nuestro matrimonio. Ligia es una de esas mujeres cándidas, suave, delicada para todo hasta para hacer el amor, el sexo para ella es como un ritual, al ir a la cama, la forma de hacerlo, disfrutarlo, sus besos, su cuerpo tan bello y, luego del acto se quedaba dormida, con un sueño tranquilo, relajado. Algunas veces hablábamos del pasado, recordábamos a Carol, sus cartas, los episodios de nuestra juventud – Ligia un buen día me sorprendió – Michael a ti te gustaba Carol – pegué un respingo – respondo – estás loca – hummm – tu si le gustabas a ella, me lo pareció alguna vez – figuraciones tuyas amor, contesté – Dos años después moría la madre de Ligia y al año siguiente su padre – Ligia estaba destruida, ella estaba apegada a sus padres, como todo hijo único, Carol por coincidencia también era hija única. De ahí en adelante su alegría menguó, además Dios o la vida no nos permitió ser padres, solo tenía mi amor. En el día estaba sola en la casa, hasta que yo llegaba en horas de la tarde.

rubia y morena

La vi tan disminuida por la soledad, que por no tener problemas económicos dejé de trabajar para estar siempre con ella, me le entregue en cuerpo y alma, complaciéndola en el mínimo detalle, creo que logré hacerla feliz hasta donde Dios me lo permitió. Un año más tarde me dejó se fue como vivió, tranquilamente. Dos días antes de morir me dijo – Michael, busca a Carol, por favor no quiero dejarte solo, prométeme que la buscarás – Ligia mi amor por favor escucha, - Michael óyeme tu – Carol tiene una hija tuya, ella me contó todo lo que paso entre ustedes, pidiéndome perdón, me confesó su amor por ti desde siempre, yo la perdoné – mis ojos estaban arrasados por las lágrimas, me postré de rodillas a la orilla de la cama, tomando sus manos entre las mías – Ligia mi amor perdóname – no tengo nada que perdonarte, se feliz con ella, los dos se lo merecen, quiero que me lo prometas – te lo juro mi amor – Dos días después me dejaba, yéndose en paz.

Pasaron nueve largos meses hasta reunirme con Carol otra vez, que les puedo decir, pasamos horas, días, meses antes de comprometernos, dominando nuestra atracción del uno por el otro, la espera valió la pena, nuestra hija era preciosa, muy parecida a su madre. Ligia con su amor por nosotros, nos unió más. De seguro Dios la tiene en un lugar especial, tal la guardamos en nuestros corazones, Carol, nuestra hija y yo.

 

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