Sorprende la cantidad de cosas que “necesitamos” para sentirnos bien y crear el hogar donde vivimos. Si hacemos un balance, los costos pasivos superan los activos que, otras veces, ciertamente os hacen falta; pero nos educaron para tener cosas innecesarias y el mercado hace todo lo posible para hacernos creer que éste o tal producto lo necesitamos de por vida.

La primera vez que estuve entre una comunidad Pemona, en el estado Bolívar (Venezuela) me sentí extraño cuando noté cómo esas personas vivían en la oscuridad, libertos de mi dependencia eléctrica y de estas comodidades propias de familias citadinas. Una cosa es irse de excursión, cargar una mochila y “abandonar” una cantidad de cosas, pero la tecnología y sus mercados han sabido evolucionar y brindarnos una cama de agua “portátil”. Nos ha hecho superar las barreras comunicacionales y, hasta los que están en el polo norte, por así decirlo, pueden tener asoleados baños de sol, siempre y cuando dispongan de una batería confiable o un modo para acumular la energía y concentrarla en la meta que nuestra mente se proponga.

Dos décadas atrás era raro ver un televisor funcionando con válvulas termoiónicas. Con la excepción del tubo de rayos catódicos de la pantalla (CRT), muchos eran transistorizados y pasaban a la tecnología de los circuitos integrados (IC). El peso y el consumo de los aparatos de radio y TV termoiónicos los harían prohibitivos en una comunidad mundial de millones que ya consumimos teravatios.

Sonrío al recordar que ciertas amistades se morían por un radiotransmisor DRAKE. Era fácil detectar ciertas fallas porque, algunos de sus filamentos, simplemente no encendían o no calentaban. Hoy, con la nano-integración, sale más barato botar un producto que intentar repararlo: No tanto x el costo de la mano de obra, sino que no se hallan algunos repuestos.

El ejercicio de pensar un mundo con esa válvulas “penta-todos” no permitiría encender las luces de La Esperanza (un pueblito dejado lejos). Se cargarían tanto las líneas, que los fusibles se dañarían a cada rato y no bastaría una planta nuclear para iluminar a toda Colombia o Venezuela.

Es cierto que hemos hecho muchos progresos. La luz de estos bombillos de neón es buena, no tanto por la calidad de su luz, sino por el bajo consumo eléctrico y la reducción de calor ¡Es irónico! Los bombillos incandescentes tradicionales producen más calor que iluminación y ¡todos crecimos con ese invento!

La buena iluminación de neón siempre fue costosa. Hoy, incluso si insisto en usar el balasto electrostático (ballast), ese que carga la línea y activa el “starter”, sigue siendo más caro que reemplazar el tubo grande y su inducido LASTRE. La modalidad de haber disminuido el tamaño y esa carga inductiva en las líneas con las nuevas tecnologías, produce más bienestar, mejor iluminación a menor costo, y se desperdicia menos cobre, menos electricidad para fabricar vidrio y el material que se usa para reaccionar de forma fosforada sirve para crear más unidades para nuestras casas.

En cuanto a la iluminación por diodos, esos que hacen que los nuevos autos parezcan una discoteca circulante, son la innovación más interesante. Tan pronto como lea sobre ese avance me quedaré boquiabierto, pues, ilumina tanto como un flash y tal destello es de bajo consumo y se mantiene estable ¿Tecnología de luz de luciérnagas o del rayo?

 

Cuando uno viaja por estos pueblitos, más que sorpresa o cierta nostalgia, siento admiración. Les he visto iluminarse desde velas, Keroseno, ACPM (Diesel Gasoil), aceite reciclado, gas metano / propano, gasolina y ¡electricidad! (déjeme acariciar esta palabra)  ¡Ah!

Estuve 4 años privándome de este servicio. Por ratos encendía mi planta eléctrica y, para cuidarla, volvía a la luz de velas, pero nada mejor que la electricidad. Todas las TVs, todas las PCs, funcionan –indefectiblemente- con electricidad. De no ser por esta energía, mi vida, sería aburrida y conste que, cuando volvía de alguna excursión, valoraba esas pocas cosas que otros, para nada, atesoraban ni defendían.

Hoy, 5 décadas andadas, comprendo la bendición de pagar por este bien común que debemos cuidar como patrimonio de nuestras familias ¿Ha vivido Ud una década sin ese recurso? Haga un ejercicio espiritual… ¡Ilumínese con velas! Cuando intente hacerse un juguito, cuando quiera beber leche en polvo ¡No use la licuadora! Cómprese una batidora (de manos) y haga el trabajo como lo hacían los ancestros (ni tanto; en Vzla volvió esta moda). Báñese con agua fría cuando tenga que ir temprano  a la escuela. No suba por el ascensor los 15 pisos de su apartamento o trabajo ¡Hágalo trotando! (¿se pierde tanto tiempo?).

Una ciudad es ineficiente sin electricidad. Uno puede privarse de un abuso continuo y, similarmente, el mismo ahorro aplica para tantos recursos y, aunque vea que otros no presten igualmente esa clase de atenciones ¡sea fuerte! Ahorre costos de sus facturas. Disminuya el daño que se hace en los recursos. No se irrite que otros derrochen ¡haga su parte! E invite (no obligue) a que su entorno concientice: Los próximos 10 años que vendrán a su vida se lo retribuirán con creces… ¡Además! A la vida que vamos, a este ritmo loco, es posible que esa forma de dependencia le lleve a la independencia.

Haga una lista. Evalúe sus recursos y contabilice beneficios. Si vive en una nación como Canadá, si tiene un río frente a su casa o tiene paneles solares que le produce electricidad para hacer su trabajo o su vida más cómoda ¡lo felicito! Una PC trabaja con electricidad. El agua que ingresa a un edificio, normalmente, no sube “por gravedad” sino por una motobomba y las cuentas comunes del condominio termina pagándola mucha gente, incluso los que obstinadamente todo lo derrochan.

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