Este año 2010 será un año  de elecciones parlamentarias y de otros cuerpos colegiados en Colombia.

Cada cuatro años asistimos al espectáculo de la democracia electoral. Desafortunadamente las maquinarias políticas nos tienen acostumbrados a ver empotrados en el poder a una serie de personajes para los cuales no pasa el tiempo.

Para ellos un período de cuatro años, definido por la Constitución Nacional, queda corto  para cumplir  las incontables promesas electoreras, las cuales no pasan de ahí. Y cada cuatro años se repite el mismo disco rayado. El pueblo olvida el discurso y sigue colgado en su esperanza. La  araña teje la red  y el elector cae en ella nuevamente.

El resultado sigue siendo  igual cada  período: el elegido olvida sus promesas y se dedica a armar la maquinaria  que lo convertirá en el seguro ganador en la segunda contienda electoral, y en la tercera y en la cuarta, y así sucesivamente hasta lograr su pensión como congresista. No hay otro motivo que justifique su pretensión política. A veces olvidan su derecho al retiro y continúan pegados a su curul. Su egoísmo y codicia es mayor a la equidad y la justicia.

Los ideales  humanistas y las aspiraciones de cambio se quedan en la semántica retórica y en el ardid del engaño. Igual las promesas de  desarrollo social y progreso de la región. Las obras que requiere la comunidad tienen que esperar. Harán parte de la temática literaria de futuras peroratas proselitistas.

No más de lo mismo, por favor, abramos la puerta de la esperanza y la renovación. La inteligencia colombiana ofrece  muchas opciones. Frescas y aún  no contaminadas con la corruptela del poder que ha  llenado de tanta vergüenza a la nación.

Es la oportunidad de renovar, no de refrendar una actitud delincuente, facilista e inmoral, reflejada en la cantidad de congresistas bajo las rejas por su complicidad con delincuentes o investigados por actos criminales y corruptos.

Los electores tenemos la mayor responsabilidad con la conciencia al momento de votar. Y los encargados de  elaborar las listas de los aspirantes a ser elegidos no deben darle al votante el mismo veneno donde no hay nada bueno que escoger.

Ojalá sea la ocasión de elegir de verdad, verdad, un nuevo Congreso.

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