Este 20D una vez más tocaba hacer un ejercicio responsable de democracia y acudir a las urnas. Años atrás acudir a votar daba una tremenda tristeza, hasta las bolas del desierto deambulaban por los colegios electorales. Sin embargo, ayer fue francamente emocionante acudir a votar y ver largas colas llenas de ciudadanos/as comprometidos/as: padres y madres con sus peques, personas mayores, jóvenes...¿Qué ha cambiado? ¿Qué nos ha hecho concienciarnos? Es indudable que la terrible crisis que hemos soportado y cuyos coletazos seguimos sufriendo nos ha hecho reflexionar mucho y, además, ver cómo muchos/as de nuestros representantes políticos se burlaban de nostros/as embolsándose nuestro dinero nos ha hecho despertar y reaccionar.

Dejando a un lado la ideología política de cada uno/a, es importante que seamos conscientes de que nuestro día a día está influenciado por la política: lo que comemos, lo que compramos, la educación que se recibe, los impuestos que pagamos... De manera que, recordando unas sabias palabras de uno de mis profesores/as de la universidad: "Puedes pasar de la política, pero la política no pasa de ti". Así, es fundamental que analicemos bien lo que oímos en los medios, lo que nos cuentan, lo que venden los políticos, de manera que podamos forjarnos nuestra propia opinión y actuar en consecuencia. Este acto de reflexión no es sencillo, todos/as estamos algo cansados/as de todo lo que tenga que ver con la política y cuando se nombra la palabra "político" nos entra un repelús por todo el cuerpo indescriptible pero muy comprensible. Sin embargo, si nos dejamos llevar por ese asqueamiento les dejamos que decidan y actúen a sus anchas lo que auguraría un futuro muy nefasto.

De este modo, dar nuestro voto es fundamental pero no se trata únicamente de eso, sino también de exigir. Es de sobra conocido que habitualmente los políticos/as se llenan la boca de promesas que después se quedan deambulando en el almacén del olvido especialmente cuando llegan las elecciones, sin embargo, siguen enquistados/as en sus cargos como si nada ocurriera. Pero cualquier otro/a trabajador/a cuando incumple con su trabajo o no lo hace adecuadamente es despedido/a. Por ello, no nos limitemos a votar, exijamos que los que nos gobiernan cumplan con su programa y sus promesas, o al menos que se esfuercen en ello. 

Seamos conscientes de que el poder es nuestro y eso supone un ejercicio de responsabilidad que no debemos eludir.

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