La Biblia nos dice que el verdadero problema del hombre es de orden moral; es el de una criatura que rompió la relación con su Creador… ¡Y sin embargo, no puede prescindir de él! Pero la Biblia también nos habla de Jesucristo, el único que puede solucionar este grave problema:

–Él revela a un Dios santo, quien tiene derechos sobre el hombre, aun cuando éste le dio la espalda con su desobediencia.

–A aquel que reconoce honestamente su estado de rebelión le propone un medio definitivo y gratuito de reconciliación. No se puede, pues, ser fatalista ni acusar a Dios o a los demás.

–Jesús es la Verdad. No se puede creer lo que uno quiere; no todo es relativo y no todas las opiniones valen. Sólo la salvación que él ofrece al hombre tiene la garantía del sello de Dios mismo. Jesucristo es la respuesta que satisface el corazón, la conciencia y el sentido común.

Entonces escuchemos las condiciones fijadas por Dios y hagamos callar nuestros propios razonamientos. Reconozcamos que él es todopoderoso, grande y admirable; y que yo soy muy pequeño, débil y miserable. Acordémonos de esto: el Evangelio no tiene la misión de curar al mundo que permanece en rebelión contra Dios, pero produce un cambio total en el que cree. Jesucristo vino a buscar y a salvar a los hombres, todos perdidos y separados de Dios a causa de sus pecados. En la cruz él cargó con nuestros pecados y recibió el castigo. Él perdona y da la vida eterna a los que aceptan la salvación que ofrece a todos los hombres.

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