Aunque antes de los años setenta la información en torno al Triángulo de las Bermudas fuese exasperantemente nebulosa, había personas que lo sabían desde hacia mucho tiempo. Se trataba de pilotos y tripulantes de embarcaciones civiles y militares, pescadores, periodistas, investigadores y ciertos sectores del público de la zona limitada al norte por las Bermudas, al oeste por Florida, y al este por un punto del océano próximo a los 400 de longitud oeste. Muchas de esas personas, especialmente las relacionadas con la navegación marítima o aérea por dicha región, mantuvieron un silencio total o parcial respecto a sus propias experiencias en el Triángulo.

Las razones de su reserva eran el temor al ridículo, a la pérdida de credibilidad, o bien cierta inclinación a creer que traía mala suerte hablar del asunto. Las noticias sobre la extraña zona, donde durante varios años (y también en la actualidad) han venido desapareciendo sin dejar rastro aviones y embarcaciones, con todos sus pasajeros y tripulantes, por lo general en buenas condiciones atmosféricas para la navegación y el vuelo, han aparecido casi siempre en la sección de sucesos de la prensa, o en forma de breves alusiones en libros que hacían poco más que provocar la curiosidad del lector.

Los elementos de información en torno al Triángulo de las Bermudas son a la vez intrigantes y algo siniestros: en una zona del Atlántico occidental, de forma más o menos triangular, comprendida entre las Bermudas, Florida y el meridiano 40, han venido desapareciendo durante los últimos treinta años numerosos buques y aviones sin dejar indicio de lo que pudo ser de ellos, ya que no se han hallado restos ni supervivientes. Desde otros buques o aviones se les vio entrar en una niebla o nube localizada a veces luminosa, para no volver a salir más. Buques grandes y pequeños, muchos con tripulaciones de hasta trescientos hombres, se han esfumado sin ninguna explicación. Aviones militares y comerciales desaparecieron del cielo cuando se disponían a aterrizar.

La British South American Airlines perdió tres de sus aparatos, con todo el pasaje: dos de ellos en el Triángulo, tras haber emitido por radio informes normales, otro después de haberlo cruzado, dando una última y confusa voz de alarma. Aviones de las Fuerzas Aéreas y de la Marina, tripulados por pilotos expertos, han desaparecido con buen tiempo sin ningún mensaje de SOS ni Mayday. En una notable ocasión, en diciembre de 1945, desapareció toda una escuadrilla de bombarderos navales durante un vuelo de prácticas; su base, en Fort Lauderdale, Florida, oía las conversaciones entre los pilotos, aunque ellos no podían oír a la base.

Sus mensajes se referían a brújulas enloquecidas, giróscopos y localizadores que no funcionaban, y a la confusión general respecto a dónde se encontraban, con curiosos comentarios sobre agua blanca y respecto a que el mar no tenía el aspecto que debiera tener. Un avión de socorro enviado para ayudarles desapareció aproximadamente a la misma hora en que en traba en la zona de búsqueda. Si esto no es un misterio, ciertamente se le acerca bastante.El misterio se complica por el hecho de que muchas de esas desapariciones parecen no tener nada que ver con tormentas ni huracanes, ya que la mayoría se han producido con buen tiempo.

Por añadidura, casi todos los naufragios dejan algo: restos flotantes o arrojados a las costas, botes salvavidas, balsas o, al menos, una mancha de aceite en agua; sin embargo, en el caso de los buques y aparatos desaparecidos, ha sido imposible hallar nada de ello, pese a las operaciones intensivas de búsqueda y salvamento. Los mensajes de algunos aviones, previos a su desaparición, no daban indicación alguna de anormalidad; en efecto, en un momento dado todo seguía su curso normal y, en el minuto siguiente, el aparato se había esfumado sin la menor advertencia, casi como si algo lo hubiese barrido del cielo, gigantescos e inesperados remolinos le hubieran arrastrado bajo la superficie del mar, o como si alguna fuerza no identificada hubiese causado su desintegración. Fuese cual fuere la razón de las desapariciones, su número era realmente impresionante.

En cuanto se levantó el telón del silencio y empezaron a llegar informes nuevos o no dados anteriormente a la publicidad, se hizo evidente que la cifra de cien aviones y barcos y un millar de personas perdidas en el Triángulo sin dejar rastro era una estimación más bien baja, y que sería más aproximado hablar de alrededor del doble. En general, los oceanógrafos y los meteorólogos atri buyen las supuestas desapariciones a súbitos cambios atmosféricos, y explican la ausencia de restos y de manchas de aceite por la corriente del Golfo de México, que fluye ha cia el Norte, entre Florida y las Bahamas, a una velocidad de 1,5 a 4 nudos. Según tal teoría, los restos de un buque o avión derivarían hacia el norte de su punto de desaparición inicial, y por lo tanto no podrían ser localizados en las proximidades de la última posición comunicada.

Pero ya que la velocidad de la corriente del Golfo no es ningún misterio, parecería lógico que las unidades de búsqueda y salvamento de Guardacostas explorasen a la vez la zona de deriva calculada y la última posición registrada, y tal suele ser, por lo general, el procedimiento de trámite. Todavía es más interesante señalar que los meteorólogos suelen inscribir los puntos de desarrollo de tormentas en una zona en forma de abanico denominada el Triángulo del Diablo, que, al menos para ellos, existe ciertamente como lugar, si no como fenómeno.

Satélites afectados en órbita.

Una nueva contribución al creciente misterio del Triángulo de las Bermudas es la que ha llegado de una fuente inesperada: los satélites meteorológicos. El profesor Wayne Meshejian, físico del Longwood College, Virginia, que lleva más de tres años analizando fotografías de satélites con sus ayudantes, ha observado que, en los últimos años, el funcionamiento de los satélites de órbita polar de la NOAA (National Oceanographic and Atmosphere Administration), a una altitud de mil doscientos kilómetros, ha sufrido frecuentes alteraciones, pero solamente cuando se encontraban sobre el Triángulo de las Bermudas. De las dos fotografías que toman los satélites, claramente registradas en la cinta, la transmisión de la señal de grabación suele cesar en cuanto el satélite entra en la zona, y también desaparecen los impulsos telemétricos y electrónicos.

El profesor atribuye esta circunstancia a algún tipo de fuente exterior de energía bajo las aguas o a un enorme campo magnético presente en la zona que borra la cinta magnética donde se almacenan las imágenes visibles, pero es interesante señalar que, si bien ese campo es lo bastante potente como para borrar una cinta a mil doscientos kilómetros por encima de la Tierra, en cambio no interfiere en la trayectoria orbital del satélite. Ahora bien, en palabras del propio Meshejian, un campo magnético de potencia suficiente para borrar la cinta, afectaría definitivamente el curso del satélite por el espacio… un campo tan fuerte tendría que hacerle salir de su órbita, pero no ocurre tal cosa; así pues, estamos ha blando de una fuerza de la que nada sabemos. Meshejian no rechaza las acusaciones de sensacionalismo por parte de las entidades científico-gubernamentales, pero éstas, en cambio, no han hallado todavía respuesta a la pregunta que él a su vez les plantea: ¿Por qué sólo en esta parte de la Tierra?

Se han observado aberraciones en instrumentos y brújulas en embarcaciones de superficie, y en aviones de vuelo bajo y de gran altitud, pero la posibilidad de que también se vean afectados los satélites que giran a mil doscientos kilómetros de altura nos obliga a preguntarnos hasta qué altura o distancia se puede extender el campo de alteración. Algún tiempo más tarde, el organismo gubernamental competente se puso en contacto con el profesor Meshejian, sugiriéndole la conveniencia de desmentir su informe, ya que había dado origen a numerosas consultas, así como a insinuaciones de que se estaba ocultando información. La explicación oficial finalmente propuesta al profesor sostenía que el oscurecimiento se debía al rebobinado, aunque, de ser así, tal operación automática sería asombrosamente defectuosa, pues su duración oscilaría entre medio minuto y varias horas.

También merece la pena señalar que esta explicación se ofreció seis largos meses después de haber sido publicados los hallazgos de Meshejian. El profesor, por su parte, sigue opinando que es posible que el causante sea un campo magnético. Como era de esperar, sus audaces observaciones tropezaron con una notable falta de entusiasmo por parte de los funcionarios del Gobierno. Un portavoz del Servicio Nacional de Satélites para el Estudio del Entorno, que pretendía tranquilizar a la opinión, adoptó la técnica consistente en comparar la teoría considerada con otra todavía más fantástica, a fin de invalidarla mejor: Yo garantizo que no hay nada en el Triángulo de las Bermudas, como tampoco hay un agujero en el Polo Norte, añadió irónicamente aunque algunas personas lo crean.

Cada vez que se plantea al público la cuestión de los incidentes y las desapariciones dentro del Triángulo, una reacción, al parecer refleja, en los portavoces oficiales les incita a negar enérgicamente que exista algo insólito en el Triángulo de las Bermudas, ni por encima ni por debajo de sus aguas. Ahora bien, pese a las constantes negativas de diversos organismos y de los expertos en oceanografía, aeronáutica, meteorología y otros campos, barcos, aviones y personas siguen desapareciendo. Por añadidura, ahora están llegando en mayor cantidad informes de pilotos, apitanes, tripulantes, armadores y pasajeros, que proporcionan una base para la correlación y la comparación.

Pero aunque todas las desapariciones se debieran a una pura coincidencia, sigue siendo evidente, basándonos en el número creciente de incidentes comunicados, que dentro del Triángulo existen anomalías magnéticas, atmosféricas y tal vez gravitacionales poco corrientes, que han afectado y siguen afectando a buques, aviones y a sus ocupantes. El hecho de que la mayoría de esos incidentes hayan tenido lugar en el interior de una zona determinada podría sugerir que en el fondo del mar hay algo, tal vez creado por el hombre y abandonado en otro tiempo, que es causa de las extrañas fuerzas magnéticas. Pero el alcance de las aberraciones y desapariciones, y su intensidad variable en diferentes tiempos y lugares, indican alguna especie de fenómeno móvil, ya sea natural o controlado.

Desapariciones en la historia.

El Triángulo de las Bermudas ha sido una zona de peligro, de misterio, y a menudo incluso de fatalidad, ya desde los primeros descubrimientos europeos en las Indias Occidentales. A juzgar por los diarios de navegación de los primeros capitanes españoles, empezando por Colón, se evidencia la presencia en él de fuerzas insólitas, electromagnéticas o de otra especie, sobre todo en su parte oeste. Antes de tocar tierra en su primer viaje, Colón experimentó ya una primicia de lo insólito: primero, la visión de las aguas resplandecientes de las Bahamas, y luego, de lo que parecía ser una bola de fuego que dio la vuelta a la nave capitana para hundirse finalmente bajo el mar.

Al propio tiempo, la tripulación, que estaba ya al borde del motín, sintió crecer sus dudas respecto a la necesidad de tal viaje al comprobar el extraño comportamiento de las brújulas que, para consternación de los pilotos, se habían puesto a describir círculos completos. Cabría decir que algunas de las experiencias posteriores de Colón en lo que por entonces no se llamaba todavía el Triángulo de las Bermudas prefiguraban los ejemplos más notorios de los fenómenos que han dado a la zona su siniestra fama.

En septiembre de 1494 observó un monstruo marino ante La Española (Haití-Santo Domingo) que, según la costumbre de su tiempo, interpretó como aviso de tormenta, por lo cual hizo asegurar las naves.

En junio de 1494, un extraño tornado hundió tres de sus barcos haciéndoles girar sobre sí mismos tres o cuatro veces.., sin tempestad alguna ni borrasca en la mar.

En mayo de 1502, durante otra expedición, y en previsión de una tormenta (no hay constancia de que otro monstruo marino le hubiese avisado), Colón pidió permiso al gobernador de La Española para anclar sus cuatro embarcaciones en el puerto de Santo Domingo y, al mismo tiempo, advirtió al gobernador Bobadilla que no debía dar la orden de partida a una flota de treinta galeones que se dirigía a España cargada de oro.

El gobernador hizo caso omiso del consejo y perdió veintiséis de las naves en una súbita y violenta tempestad que, según los testigos, mostraba todas las características de una batalla naval: Un bombardeo continuado que dejó olor a pólvora quemada en el aire. Por fortuna (o por desgracia) para Colón, la única nave que logró llegar a España transportaba el tesoro personal del almirante, coincidencia que, ciertamente, no favoreció mucho su situación en la corte. Seis meses más tarde, otra flota de diecisiete naves cargadas de oro desapareció también en una repentina tormenta, caracterizada asimismo por lo que hoy reconoceríamos como extraordinarias manifestaciones electromagnéticas. Indudablemente, Colón se libró de convertirse en víctima de las extrañas tormentas de la zona gracia a su insuperable pericia como marino.

En cierta ocasión, en diciembre de 1502, cuando se formó una gigantesca tromba de agua entre dos de sus naves, ordenó a sus marineros recitar el Evangelio según San Juan y seguir adelante, hasta que la tromba se disolvió. Pero a pesar de su buena fortuna en la navegación, estaba destinado a embarrancar en los escollos del desagrado de un monarca celoso y envidioso, que le sospechaba culpable de mala administración, orgullo, exceso de ambición y tal vez demasiada sabiduría. Podríamos incluso considerar el desgraciado fin del gran descubridor (su muerte en prisión) como una de las primeras tragedias históricas que tienen relación con el Triángulo de las Bermudas.

Los barcos españoles cargados de tesoros que fueron hundidos por súbitas tormentas, y las subsiguientes incursiones de corsarios y piratas contra los galeones del oro a lo largo de los siglos, dejaron numerosos restos en las playas insulares y las costas de las tierras coloniales españolas, entre ellas Florida, y también más al norte, en Georgia y las Carolinas. Dada la falta de comunicaciones eficaces en aquellos tiempos, no es posible juzgar si desaparecían en el Triángulo por razones distintas de la piratería o las tormentas repentinas. Sin embargo, pronto nacerían leyendas marinas relativas a las primeras desapariciones de galeones y buques de guerra por otras causas, más misteriosas, emparejadas con noticias de la aparición ocasional de los mismos barcos perdidos navegando a la deriva, por lo general en el mar de los Sargazos, que forma la porción oriental del Triángulo.

El extremo norte del supuesto Triángulo, las propias Bermudas, descubiertas en 1515, adquirió pronto una fama bastante siniestra por la inexplicable desaparición de ciertos navíos. Una de las primeras referencias alude a una chalupa expedida por los supervivientes del naufragio del Sea Venture, que se fue a pique frente a las Bermudas en 1609, en ruta hacia las nuevas colonias americanas. La chalupa y sus siete tripulantes se esfumaron en el mar y jamás volvieron a ser vistos por los anhelantes supervivientes, que terminaron construyendo otra embarcación para escapar de las islas, descritas por ellos como terribles para todo lo que en ellas toca, opinión notablemente contradictoria con nuestro concepto actual de tan bello lugar.

Según los relatos de los días de la navegación a vela, las Bermudas y zonas más al sur fueron ciertamente denigradas durante cientos de años por la desaparición de navíos cuya suerte pasó a engrosar la larga lista de barcos perdidos en el océano, desapariciones habitualmente atribuidas a tempestades, piratería o motines. Sólo en el siglo XIX, y especialmente en el XX, con la mejora de las comunicaciones y de los registros de los barcos, se empezó a pensar que habla algo particularmente inquietante en tan elevado número de pérdidas, en especial la ausencia de supervivientes, de restos o, cuando la comunicación por radio se generalizó, de indicaciones respecto a lo que estaba sucediendo o había sucedido con los buques desaparecidos.

Por añadidura, buen número de tan misteriosas desapariciones afectaban solamente a los pasajeros y tripulantes: por lo demás, los navíos abandonados parecían estar perfectamente en orden, con sus diarios de a bordo, botes salvavidas, cargamentos, e incluso efectos personales en su sitio.

 

LISTA DE BARCOS DESAPARECIDOS EN EL MISTERIOSO TRIANGULO

El Rosalie: desapareció en 1840, era un barco francés y fue encontrado con su carga intacta.                                                   El Mary Celeste: desapareció en septiembre de 1872, después de zarpar de New York, llevaba 10 tripulantes.                                    El Atlanta: desapareció en enero de 1980, era una fragata británica y llevaba 280 personas a bordo.                                      El Freya: desapareció el 4 de octubre de 1902. Era un buque alemán desapareciendo con el toda su tripulación.                          El Ciclops: desapareció el 4 de marzo de 1918. Desapareció con 309 tripulantes, era un barco que pertenecía a la marina norteamericana de 150 metros de eslora.                                     El Raifiku Maru: desapareció en 1924. Era un carguero japonés.   El Cotopaxi: desapareció en 1925 cerca de Cuba.                         El Stavenger: desapareció 1931 con 48 tripulantes.                     El Jhon and Mary: desapareció en abril 1932. Fue encontrado a la deriva cerca de las Bahamas sin nadie a bordo.                              El Anglo Australian: desapareció en marzo de 1938. Era un carguero que desapareció con 39 hombres a bordo.                      El Gloria Colite: desapareció en 1940. Era un Yate de Saint Vicent, en las Antillas Británicas. Apareció sin nadie a bordo, pero con todo su cargamento en orden.                                                              El Rubicon: desapareció el 22 de octubre de 1944. Era un carguero cubano que fue encontrado por la Guardia Costera cerca de La Florida. Sin nadie a bordo que fue testigo de la tragedia.                 El Sandra: desapareció en junio de 1950. Era un carguero de 106 metros de eslora, iba cargado con más de 300 toneladas de insecticidas. Desapareció con todo su cargamento y tripulación.     El Connemara IV: desapareció en diciembre de 1955. Era un yate privado, fue encontrado a 600 kilómetros de las Bahamas, sin nadie a bordo.                                                                                       El Marine Sulphur Queen: desapareció el 4 de febrero de 1963. Era un carguero de 130 metros de eslora. Desapareció sin emitir ningún mensaje de auxilio con toda su tripulación.                          El Son’ Boy: desapareció el 1 de julio de 1963. Era un carguero de 20 metros de eslora, desapareció en la ruta de Jamaica Cayo de Nordeste, desapareció con 40 pescadores a bordo.                       El Wichtcraft: desapareció el 4 de diciembre de 1967. Era una embarcación que efectuaba cruceros. Su historia es prácticamente increíble: desapareció con su dueño y un tripulante a bordo, mientras estaba atado a una boya de amarre frente al puerto y a tan solo 1600 metros de la costa de Miami.                                   El Anita: desapareció en marzo de 1973. Era un carguero de 20.000 toneladas que estaba en la ruta hacia Alemania. Desapareció en el Triangulo con 32 tripulantes a bordo.                  El Milton Latrides: desapareció en abril de 1973. Era un carguero que viajaba desde New Orleans a Ciudad de El Cabo cuando desapareció en aguas del Triangulo.

 LISTA DE AVIONES DESAPARECIDOS

El avión Super Contelation: desapareció el 30 de octubre de 1945. era un avión de la marina norteamericana. Desapareció con 42 personas a bordo al norte del Triángulo.                                    El hidroavión Martin Mariner: Desapareció el 5 de diciembre de 1945. Era un hidroavión bombardero de la armada norteamericana con 13 tripulantes a bordo. Desaparecieron todos a los 20 minutos de vuelo.                                                                                     Un avión C-54: desapareció en 1947. Era un avión militar del ejército de los Estados Unidos. Desapareció con sus tripulantes a 180 kilómetros de las islas Bermudas.                                           El avión Tudor IV: desapareció el 29 de enero de 1948. Era un avión comercial, desapareció con 31 pasajeros y tres tripulantes a 600 kilómetros al nordeste de las islas Bermudas.                          El avión DC-3: desapareció el 28 de diciembre de 1948. Era un avión privado en vuelo comercial. Desapareció con 32 pasajeros y su tripulación en un punto indeterminado entre San Juan de Puerto Rico y Miami.                                                                                El avión Star Tiger: desapareció entre las islas Bermudas y Jamaica a 600 kilómetros de las Bermudas.                                 Un avión Globemaster: desapareció en marzo de 1950. Era un avión comercial norteamericano que en ruta hacia Irlanda desapareció en el mismo borde del misterioso Triángulo.                El avión de transporte York: desapareció el 2 de febrero de 1952. Era un avión comercial británico. Desapareció con 33 pasajeros a bordo más tripulantes al norte del Triángulo.                El hidroavión Martin P-5M: desapareció el 9 de noviembre de 1956. Era un avión anfibio patrullero de la marina norteamericana. Desapareció con 10 tripulantes a bordo cerca de las islas Bermudas. El Chase YC-122: desapareció el 11 de enero de 1957. Era un avión carguero con 4 pasajeros a bordo. Desapareció entre Palm Beach y la Gran Bahama.                                                             Un avión KB-50: desapareció el 8 de enero de 1962. Era un avión-tanque de las Fuerzas Aéreas norteamericanas.                          Los Stratotankers KC-135: desaparecidos el 28 de agosto de 1963. Eran 2 aviones Stratotankers nuevos de las Fuerzas Aéreas norteamericanas. Iban en misión secreta de la base aérea de Homestead, en Florida, a una base secreta de reabastecimiento del ejército situada en el Atlántico, pero nunca llegaron, desaparecieron a 480 kilómetros al sudoeste de las islas Bermudas.                      El Cargomaster C-132: desapareció el 22 de septiembre de 1963 en ruta hacia las islas Azores.                                                        El Flying Boxcar C-119: desapareció el 5 de junio de 1965. Era un avión comercial con 10 pasajeros a bordo. Desapareció al sudoeste del las isla Bahamas.

 

 

 

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