Milena, era una niña de 6 años de edad. Vivía en una mansión a la que todos llamaban “La Vieja Ruina”, esto se debe a que ésta mansión tenía muchos años. En realidad éste no era el verdadero hogar de Milena. Ella vivía con sus padres en un pequeño pueblo en Canadá, pero el país entró en guerra y para proteger a la pequeña niña la llevaron a vivir a ésta mansión que pertenecía a su abuela. Milena, al llegar a ésta casa, se puso muy curiosa, la mansión era de varios pisos. Quería conocer cada rincón de ella, ya que para Milena era demasiado grande. Tenía muebles antiguos pertenecientes a los tíos lejanos, sillones de cuero y de piel, portarretratos con pinturas de grandes artistas, ella espió pasillo por pasillo, todas las habitaciones, la cocina, el living, los altillos, y muchas otras cosas más. Al llegar al último rincón de la casa, ella encontró una piedra. Pero no era cualquier piedra, era negra, muy brillante, tenía puntos de colores por todas partes y estaba partida por la mitad. Milena, con tanta curiosidad, tomó la tan preciosa piedra y la guardó en una cómoda que encontró en uno de los pasillos.
Al día siguiente, una avecilla la despertó tras la ventana y ella se asomó hacia ella. Era una hermosa golondrina. Corrió cuidadosamente las cortinas y observó que la pequeña ave tenía algo brillante en el pico. Se asomó más y se dio cuenta que era la otra mitad de la piedra que ella había encontrado. Tomó con su mano la piedra y la golondrina se fue volando. Milena, corrió a buscar la cómoda donde ella había puesto la otra mitad. Las tenía a las dos mitades en sus manos. La niña las acomodó. En ese momento los puntos de distintos colores se empezaron a juntar, formando un hueco amplio donde había un trozo de papel. Milena lo tomó entre sus manos y trató de leer lo que había en éste. Se sentó en uno de los sillones de piel y empezó a leer:

” El que esté leyendo éste papel preste mucha atención. Este secreto que les voy a mencionar es sobre la Vieja Ruina, esa mansión, la más grande del pueblo. En uno de los desvanes, hay un cofre, lleno de polvo, ahí se encuentra el mayor tesoro que tiene la mansión, averígualo.”

La niña, rápidamente, corrió hacia el desván mas cercano. Allí, estaba ese cofre que mencionaba el hombre en la carta. Milena, se acercó y levantó cuidadosamente la tapa de éste. Sopló un poco el polvo, y ahí estaba una caja de madera color rosa viejo. Abrió la tapa con un cuchillo filoso y encontró una brújula. Era de color plateado, colgaba de una cadena de oro y por todos lados tenía adornos azules y violetas. Milena la tomo con sus manos. Parecía una brújula normal, pero la niña al asomarse bien, se dio cuenta que la brújula apuntaba a un punto fijo.
Esa noche la niña pensó en lo que decía el hombre en su carta, se puso a empacar, se colocó ropa abrigada, una campera de cuero de su abuela y empezó a partir. Tenía la brújula al frente de ella para guiarse. Al rato, en el camino, encontró un potrillo. Era de color marrón oscuro y tenía un par de rayas blancas. Milena, estaba tan cansada que se montó en él y siguió su camino. Tras un largo camino recorrido, llegaron a un pueblo.
Milena se bajó del pequeño potrillo, lo tomó del cuello y empezó a buscar alguna canilla o manguera para poder beber agua. Estaban muy cansados por el viaje, el potrillo estaba exhausto y la niña tenía mucho sueño. Una anciana viuda, la vio a la pequeña niña con los ojos caídos del sueño y se la llevo a su pequeño hogar donde el potrillo pudo descansar bien y la niña tomo algo de leche y se acostó a dormir en un colchón angosto y se durmió más o menos 5 horas.
Al otro día, Milena le agradeció a la anciana todo lo que había echo por ellos y siguieron su camino hacia el punto fijo que apuntaba la extraña brújula. Tomó el camino de un enorme bosque. Al cruzar el largo camino de éste, Milena y el potrillo se sentaron en la sombra de un árbol a descansar un poco del largo viaje. Al despertar, siguieron caminando y se encontraron con un pequeño lago. La brújula despegó un eclipse. La niña, un poco asustada, se arrodillo, la abrió y la colocó en frente de ella para observar que había ocurrido. La aguja de ésta empezó a girar y girar sin parar. Hasta que se detuvo en un punto fijo. Como anteriormente había sucedido. La brújula indicaba una margarita blanca, tenía un hermoso aroma. La niña se asomó para ver un poco más y la saco de raíz para verla mejor. Tenía una forma extraña, era como una llave. La guardo por si acaso le servía mas adelante.
Tomó el potrillo, y empezó a seguir la brújula que daba cada vez mas eclipses y más grandes y brillantes. De pronto, la brújula se cerró de golpe. Al frente de Milena, estaba un enorme portón negro, con bordes plateados y dorados, tenía un candado antiguo y parecía que para abrirlo se necesitaba una enorme llave. Milena, miró cada extremo del candado y se acordó de la preciosa margarita en forma de llave que había encontrado en el bosque. La tomó entre sus manos y empezó a jalar con fuerza para abrirlo. Le tomó varios minutos pero al fin lo logro. Desplazó cuidadosamente las puertas del portón y agarrada de su potrillo, entró. Era una pequeña casa de color blanco y gris, tenía un hermoso camino de piedras rústicas para llegar a la puerta del hogar. La niña se subió en su potrillo y toco suavemente la puerta. Después de varios intentos, un hombre joven de pelo largo y rizado, abrió de un extremo de la puerta. Milena le dijo su nombre y le explicó la causa por la que ella estaba ahí. El joven, interesado por lo que le contaba la niña, se acercó a ella y le dijo que era imposible descifrar el misterio de la mansión, que más de 500 personas habían viajado desde países muy lejanos y que nadie logró marcharse con el misterio resuelto.
Milena le dio las gracias al muchacho y muy decepcionada tomó el camino de regreso a la mansión.
Al llegar, se acostó en la cama y sacó la brújula. Milena observó que la brújula se abría y se cerraba sola. En ese momento ocurrió otro eclipse. La brújula se dirigía hacia otro punto fijo. Pero esta vez se trataba del armario de Milena. Se acercó poco a poco y lo abrió. La niña no veía nada. Tan solo el fondo de su armario desordenado. Empezó a golpear cada rincón para ver si sucedía algo. En la parte de un lado, lo sintió suave. Empezó a golpear con un libro viejo hasta que por fin lo partió por la mitad. Allí se encontraba con cofre grande, parecido al que había en el desván donde estaba la brújula. Lo sujetó fuerte y lo colocó encima de su cama. Sacudió con un trapo el polvo y lentamente fue levantando la tapa. Tenía un pañuelo blanco que tenía el nombre del fallecido abuelo de Milena, Omar Colemno Suárez. La niña, quitó el pañuelo con demasiado cuidado y debajo de él, se encontraba un millón de oro y plata, muchísimos objetos brillantes, esmeraldas y cristales. Y al fondo de éste, se encontraba un pequeño cartel que decía: éste es el misterio y tesoro de “La Vieja Ruina”.

 

Emiliana (lo escribi a los 11 años).

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