Imagina que por un momento mides 1,84 y pesas 76 kilos. Te sientes pleno de ilusión y efectivamente en este momento no te duele nada. El viejo sueño se cumple. Un nuevo escenario se presenta ante ti: Sudáfrica, no sé si junio o tal vez julio del año 2010. Casillas, Ramos, Xavi, Iniesta, Villa, Torres… están todos. Han jugado y ganado mil batallas y ahora están aquí. El mundo vive su celebración a través de una afición. Los hinchas contemplan los demás encuentros esperando ansiosos el turno de sus soldados. Llega el momento, enseñamos nuestra forma de jugar al mundo, presentamos nuestra candidatura. Y ahí está, brillando metalizada sobre un banco de baldas, el rojo y el gualda se funden como fuego en tus ojos, sientes el poder al desdoblarla… la agarras del cuello y la deslizas suavemente por tu pecho. Desde este momento una coraza formada por millones de alma protege tu cuerpo al grito de una sola voz. Y el momento llega. ¡Qué ganas! Unas últimas instrucciones y un aliento más de animo. ¿Cuándo llegará? No puedes jugar aquí como otro partido cualquiera, un Mundial es más, otro nivel… el mejor escaparate. Y más ganas. Golpe en la puerta. Primero andando firme y después al galope, rompes la formación bruscamente y buscas el balón, le intimidas, deseas golpearle, estrellarle… Una fila con la mirada perdida buscando la inspiración en el azul. Expectación, bullicio, bufandas en el cielo. Silencio, el himno nos eriza el vello. ¿Se pueden tener más ganas? Yo también quisiera estar ahí y dejarme la sangre por esta gente. Las ganas y el hambre sólo se paliaran comiéndose el césped. Pensad en nuestra ansia y en lo que daríamos por estar en vuestro lugar. Pensad en los que sueñan y en los que tenemos tatuado a fuego los colores de un país de forma imperecedera.

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