Cuando mi tío, por falta de uso, me regaló su Spectrum, marcó un antes y un después en mi infancia. Tenía siete-ocho años. Para aquellos que no tuvisteis la suerte de vivir, en plenos ochenta, la época de los ordenadores de 8-bits, os diré que fueron tremendamente populares (Spectrum, Amstrad, Commodore, Msx…casi por ese orden). El Spectrum no era el más potente de ellos, pero adquirió un carisma difícil de igualar. Tenía 48K de memoria (sí, increíble pero cierto, y más increíble aún resulta –todavía hoy– recordar las maravillas que los programadores consiguieron realizar con estas limitaciones), lenguaje BASIC y ocho colores. Los juegos cargaban en cinta-casette (da vértigo pensar que, los más jóvenes de entre vosotros, ni siguiera habréis llegado a verlas…)

Los juegos tardaban una media de cinco minutos en cargar (¡los había que llegaban a los quince!) y era todo un –emocionante– ritual: escribir el comando LOAD “” y darle al Play: en la pantalla (ver más abajo) comenzaba una rítmica y característica sucesión de bandas de colores y sonidos crujientes y chirriantes, que iban formando la carátula del juego línea a línea. Después cargaba el resto del programa.

Por diversos motivos (suciedad en los cabezales del casette, mal estado de la cinta…etc), los errores de carga eran muy frecuentes, con la consecuencia del chasco de ver culminada tu espera con un mensaje de error (Tape loading error –si te suena, es que conoces la frustración a que me refiero…xD); y vuelta a empezar –echando pestes por la boca, normalmente xD–. A los chavales de hoy, acostumbrados al “lo quiero TODO y lo quiero YA…para aburrirme a los dos minutos”, esto les vendría de perlas, porque conseguir jugar era ya una pequeña aventura, y uno se alegraba de corazón y lanzaba un “¡Gracias!” al cielo cuando veía aparecer el menú del juego. Además, este ritual ludo-religioso hacía que valorases más cada juego que tenías, y le dedicaras su buen tiempo (porque pocas cosas deben ser peores que tenerlo todo para valorar lo concreto como se merece).

Éste es “Fumigator” (un clon piratesco de “Pssst”, de la divertidísima compañía Ultimate). El primero que ví: (podéis quitar el sonido, y ahorraros el innecesario comentario del "speaker")

Para mí fue como una verdadera puerta abierta a la posibilidad de vivir mil aventuras en mundos de fantasía e imaginación desbordantes. La creatividad y originalidad en cuanto a conceptos de juego diferentes sigue imbatible (hoy día, la mayor parte de las “novedades” son clones y subclones de clones…mal maquillados con efectos gráficos abrumadores). Los gráficos artesanales, entrañables, el diseño de fases, los sonidos y melodías…conformaban un todo con una capacidad de encanto única, casi MÁGICA (los que tengáis por ahí un Spectrum durmiendo en algún armario sabréis lo que quiero decir). Además, para mí no era sólo diversión, yo admiraba realmente la estética conseguida, el mundo particular de juego…el ARTE (porque lo es, al más alto nivel) que desplegaban y, por extensión, a los desconocidos creadores que estaban detrás. Aprendí a valorar profundamente el concepto “creador”, algo que hoy muchos confunden con “servidor y/o esclavo”. La conjunción de mi tierna edad con la posibilidad de “ver y vivir” esos mundos imposibles me transformó, estoy seguro, y sé que hoy leo y escribo en parte gracias al Spectrum. Y también sigo echándome mis partiditas ;D

Os iré trayendo por aquí algunos de los mejores juegos de aquella época.

 

Más información: http://www.worldofspectrum.org/

http://www.speccy.org/trastero/

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